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4.10.11

Papel Soldado

- ¿Y por qué no “Papel Mojado”? – me pregunta la reportera apuntándome con el micrófono a la cara con decisión. Él cámara nos apunta con un precario primer plano que va desde nuestra cintura hacía arriba. Estamos enfrente de uno de mis últimos trabajos.

- “¿Y por qué no “Papel Mojado”?” – repito con mofa.

- ¿Cómo dice? – me pregunta incrédula. Venga sanguijuela no me vengas de Santa ahora, esto te va a venir de perlas para tú revistilla sin importancia. ¿No me digas que no me has preguntado esto para hacerme explotar?. Una pregunta como esa merece una contestación igual o superior. Ya me imagino el titular “Demente pintora agrede verbalmente a una reportera de la prensa local”. Como apesta esto.

- ¿Y por qué no Papel húmedo, calado, empapado, chorreante, inundado, rociado, acuoso, bañado, chapoteado, regado, aguado, duchado, salpicado, embebido, impregnado, viscoso, gelatinoso e incluso, sudado?- le contesto ya cabreada con un sin fin de sinónimos que han aparecido en mi mente desordenados – Es Papel Soldado, solamente se llama así la obra y punto. ¿Acaso yo le digo como hacer su trabajo?, ¿qué titular ha de poner en sus artículos?, ¿a quién debe de entrevistar?. ¡Pues no!. En lugar de hacerme preguntas banales y estúpidas por que no me pregunta lo verdaderamente importante, ¿qué es lo que me inspiró para hacer esta obra?, ¿cuánto tiempo dediqué a ella?, ¿cuál va ser mi próximo trabajo?, ¿seguirá la misma línea en sus futuras obras?. ¿Tan difícil es hacer las preguntas correctas y obtener las respuestas que tus editores deben de estar esperando?. Una pregunta que a lo mejor es un poco inoportuna y difícil para ti, ¿te pagan por ser tan sumamente imbécil? – digo totalmente aliviada. Me he quitado un enorme peso de encima.

Después de un silencio incómodo me marcho y la dejo allí parada con cara de perro desvalido, siento que me mira con unos ojos llenos de odio, como si le hubiera pegado una paliza o le hubiera hundido hasta las profundidades de un abismo sin sentido. Todo lo contrario, la que se siente atacada soy yo, por semejante cronista gilipollas que me ha tocado para una entrevista que debía de ser un total éxito y dar la necesaria publicidad de mi trabajo, ahora solo tengo dos minutos de amarga crueldad. Él cámara la consuela, mientras mira las imágenes que acaba de grabar, hasta el último segundo, de esa increíble y peculiar entrevista. La periodista rompe a llorar en cuanto me ve lejos de ella. ¿Quizás he sido más dura de lo que pienso o solo me siento culpable por verla llorar?. No soporto que la gente lloré, me  hace sentir una empatía extraña, no propia de mí, que me aturde y me confunde.  

Esa fue mi última entrevista en tres años y medio, pero en ese momento no lo sabía y ni si quiera me importaba, lo único que quería hacer era salir de esa galería de arte en cuanto antes mejor. Me despido de Suzanne, la directora de la galería y mi adorada hermana, y me marcho rápidamente para no toparme con nadie más, aunque han asistido algunas de las personas que más verdadera ilusión me hacía ver en esa noche, no tengo ganas de cordiales despedidas y recuerdos a todo el mundo. Para mí la noche ya ha acabado.

Fuera, en una oscura penumbra, cojo mi bicicleta roja, que estaba atada a un escuálido árbol, y cruzo un par de calles hasta encontrarme con un carril bici que me lleva directamente a casa, en una interminable línea recta de hora y media. Me encanta ir en bicicleta por la noche, apenas te cruzas con peatones que andan pensando en las nubes y se ponen a caminar de forma ralentizada sobre el carril o esos/as asesinos/as en potencia que son los/as conductores/as de los coches. ¡Me enferman!. Si no es por mi constante ojo avizor y los buenos frenos de mi querida Loretta, hubiera muerto más de…. no se ni siquiera cuantas veces… pero ya son demasiadas. Además luego siempre tienes que soportar los comentarios de “por aquí no se puede pasar, va demasiado rápida, tenga cuidado hay niños…”. Mira, no les digo por donde me paso yo sus palabras sin vergüenza alguna.

Pero esta noche es distinta, la calle esta repleta y no es fin de semana y ni tampoco ocurre nada en especial (no hay fútbol ni ningún evento alguno a destacar). Hay un gentío molesto por todas partes. Una pareja camina a paso de tortuga, parándose cada dos segundos para besarse y decirse gilipolleces al oído, luego un viejo verde va alucinado mirándoles las piernas a las adolescentes que salen de sus casas ya ebrias, además de lanzarme una mirada de odio cuando me toca esquivarle, y claramente todo esto sobre el violado carril bici (así se debe de sentir con tanta zapatilla desgastándolo en lugar del neumático que desea).

Pedaleo a toda velocidad, sin importarme ya nada. El viento atiza mi cara, muy frío. La noche esta más bella en otoño, me embriaga el aroma de las últimas flores del verano. Es un como un ciclo hermoso, después de la magnificencia de las flores viene su muerte, y los cadáveres son arrastrados por el viento. Cierro los ojos y pedaleo, olvidando todo el ruido que hay a mi alrededor, e intento concéntrame en el sonido que producen las hojas secas al ser chafadas por las ruedas de mi bicicleta. Me parece macabro. Al abrir los ojos veo a una chica que camina rápida por mi diminuto carril. Camina sin mirar hacía delante, tiene clavada la mirada en sus cordones roídos.

- ¡Aparta subnormal! – grito ya de los nervios. La tía se queda quieta asustada y rompe a llorar en medio del carril - ¡Venga ya!. No me jodas. Más lágrimas por mi culpa - Salgo lo más rápido posible de esa situación que me la trae floja (si es que tuviera pene para usar esta expresión como es debido) y pedaleo sin mirar atrás. Los sollozos de la cría se avivan como el fuego que relame un edificio viejo. ¿Pero por que me pasa esto a mí?. Doy media vuelta arrepentida y me acerco a la niñata - ¿Qué te pasa?. Mira lo siento, hoy no ha sido mi noche. Primero no ha salido como esperaba la presentación de mis nuevos cuadros. El traductor ha llegado tarde y la mitad de la conferencia no la hemos podido dar por falta de tiempo. Luego el catering era penoso, además, estaba tan nerviosa que no he podido comer nada en todo el día. Después la reportera esa mierdosa me viene con esas preguntitas inoportunas que me han sacado de mis casillas y por último, cuando lo único que quiero hacer es irme a mi casa a descansar y olvidarme de este inacabable día, la gente no me deja avanzar ni por el jodido carril bici y ya he reventado contigo.

- Mi madre ha muerto esta mañana – me dice dejándome petrificada. La bici se me desequilibra y caigo con ella al suelo. Me ayuda a levantarme y nos apartamos del carril juntas. Ahora me siento realmente estúpida y despreciable. He gritado e insultado a una cría huérfana y le acabo de taladrar con mis problemas sin importancia para ella en estos momentos.

- Mira… no sabes cuanto lo siento. ¿Quieres venir a tomar algo?. Quizás te venga bien charrar de algo ahora.
- Vale, pero yo no quiero hablar de nada. En estos momentos prefiero oír la voz de cualquiera, menos la mía.

- Como quieras – le respondo.

Caminamos lentas, en silencio, hasta una de mis cafeterías preferidas. Yo me pido un café con leche y ella un vaso de agua. Le insito a que pruebe los creppes, ya que la cocina aún esta abierta, pero no tiene ni pizca de apetito. Sabes que, lo comprendo. Cuando murió Josefine (mi madrastra, pues a mi madre no la conocí), sentí como si una parte de mí se perdiera y no pudiera seguir hacía delante. Después de varios años de terapias y medicamentos, frustre todas mis emociones en el arte, y así es como nació lo que soy ahora, una pintora llena de amargura y con mucho talento.

- ¿Cómo te llamas? – le pregunto buscando su mirada esquiva.

- Itziar – me responde volviéndola a esconder bajo su largo flequillo - ¿Y tú? – me pregunta tímida.

- Llámame Lady Godiva – le digo sonriendo.

- ¿Esa no fue la mujer que paseo desnuda a caballo?.

- Exactamente.

- ¿Y tú también lo has hecho? – me pregunta con las mejillas sonrojadas.

- Esta en mi lista de tareas pendientes. Lo debo de hacer antes de cumplir los cuarenta – sorbo un poco de café – Mira, yo no puedo resistirlo más. Voy a pedir un par de creppes y los compartimos. ¿Chocolate? – le pregunto levantando la mano para que me vea la camarera.

- Vale – dice encogiéndose de hombros. Pido mis dos creppes favoritos: chocolate con nueces y mermelada de naranja amarga con frutas del bosque. Deliciosos.

- Me vuelven loca la presentación de los postres – le digo sinceramente – En mi casa solo tengo libros de cocina, en especial, de postres. Y solo los tengo por las fotografías. Jamás cocino nada que me tenga más de cinco minutos ocupada. Yo soy de sacar, calentar y masticar – Ella se queda muda, mirando el plato de creppes con asco – En el fondo adoro la cocina. Pero fue por culpa de mi padre. El hombre tuvo un ataque que lo dejo vegetal, así de repente. Y cuando fue recuperando sus capacidades se dedicó a cocinar en casa. Lo que más me gustaba era verlo preparándose. Se limpiaba las manos, se colocaba los guantes, se ajustaba el delantal y se ponía una redecilla en el pelo, de esas de comedor de colegio. Incluso se colocaba una mascarilla sobre la boca. Mi padre había sido cirujano, por eso tanta parafernalia, pues se creía que estaba interviniendo en alguna operación de vida o muerte, incluso en un parto. Me servía en la mesa diciéndome “Han sido tres kilos y medio. El niño es sano y fuerte. La madre está descansando” refiriéndose a un pollo asado o “Lo sentimos, no hemos podido hacer nada más. Puede pasar a despedirse si quiere” enseñándome algún plato con una salsa rojiza. Lo suyo es que cocinaba de fábula y las presentaciones de sus platos eran como de chef de primera. Cocinar con él era una aventura, a veces era la comadrona, otras la anestesista, una enfermera, otra cirujana, etc.

- Parece divertido tú padre – me dice con una triste sonrisa.

- Si, lo fue. Se suicidó hace tres otoños ya. En una de sus “intervenciones” se rajo las venas con un cuchillo. Me dijo que debía de darle su sangre a un niño pequeño. Si no hacía algo iba a morir. Así que enfrente mía se reventó las venas y puso sus brazos chorreantes de sangre sobre una patata cruda.

- ¿Y como conseguiste superarlo? – me pregunta desvalida.

- No lo superé. Es algo con lo que vivo y viviré. Las muertes no son cosas que se superan en horas, días, semanas, meses ni años. Los recuerdos te persiguen por cualquier parte. Hasta la mínima gilipollez te rompe en mil añicos. Desde un sonido, una canción, un poema, una estación, hasta una jodida hortaliza con la que puedes tener hasta pesadillas. Lo único que puedes intentar hacer es vivir, sin olvidar, pero seguir viviendo. Levantarte de la cama y seguir.  

- ¿Por qué?. Mi vida ya no tiene sentido.

- Te equivocas con eso. Tú vida tiene el sentido que tú le das y si no te gusta ese camino es hora de que cojas otro rumbo. Eres libre de hacer lo que desees. ¿Qué es lo que más te gustaría hacer en este momento? – le pregunto ilusionada.

- Quiero ir a la playa y zambullirme desnuda en el negro mar, quiero saltar y gritar, quiero correr por la calle, golpear a alguien, quiero insultar a los pájaros y mirar con desprecio a las nubes, hacer pompas de jabón, robar un coche, trepar un árbol…

- Todo está en tus manos.

2 comentarios:

  1. Hola!
    Bonita historia. Me ha encantado la parte donde dices que la vida tiene el sentido que nosotros mismos le damos, porque tienes toda la razón ya que dependemos de conseguir nuestros deseos o cumplir nuestras propias metas.
    La parte en la que describes el viaje en bicicleta supongo que eso lo sabes por experiencia ¿verdad? jeje y supongo que los comentarios de la gente también los habrás escuchado por ahí más de una vez ¿me equivoco?

    Bueno sigue subiendo cosillas, yo la verdad es que estoy en blanco así que cuando por fin suba algo te avisaré :D un besote gradotototote!

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  2. Buenaaas!!!
    Ya estoy aquí para hacer los deberes, es que lo bueno se hace esperar jejejejeje
    En fin, al tajo,este relato, ha sido,no se, cotidiano??, como algo que le pudiera pasar a cualquiera y eso hace que te puedas meter mejor en la historia y identificarte con los personajes
    También hay que decir que la tía esta muy estresada! se pasa un poco de la raya con sus comentarios
    Y lo de la bici también me he dado cuenta de que has puesto algo de ti misma jejeje
    Ah y Loreta!! Ahí esta Loreta jejeje
    Bueno y el final muy filosófico, te ha quedado muy bien
    Bueno trabajo :)

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