body {background:transparent url(url_de_la_imagen_de_fondo);}

10.4.12

Oráculo de eternidad


Y de golpe te das cuenta de que tu vida es una absoluta y pegajosa boñiga. De casa al trabajo, del trabajo al supermercado, del supermercado a ver a tus padres, de ver a tus padres a hacer de niñera en casa de tu hermana (con sus dos adorables niños de cabellos rubios y rizados y su marido, abogado y encima honrado), de ver a tu perfecta hermana (no la envidio, también tiene sus problemas. Se acuesta con su jefe y cuando se entere su marido la dejara en bragas con tal demanda que le pondrá encima. ¡Eh! yo no he abierto la boca, así que ser prudentes y no digáis nada) a tomarte un coñac, sola, en casa. Y comienza la cagada de ciclo de nuevo, antes de que salga el sol... de casa al trabajo, de casa a comprar un boleto de lotería (no ganador, obviamente), de casa a X, de casa a Y, de casa a la tangente de la hipotenusa al cuadrado de mis ovarios henchidos de drama seguro y barato, de casa a una gran MIERDA de vida aburrida, sin nada, sin nadie, sola, completamente sola, más sola que la loca de los gatos... pues claro, ella al menos tiene gatos. Yo tuve uno, pero salto por la ventana intentando quitarse la vida, eso pienso yo, y sobrevivió, para darse a la fuga y dejarme sola (¡cabrón!, ¡cabrón!, ¡cabrón!. Ojala tus sesos se hubieran desparramado sobre el duro asfalto y yo hubiera llorado tu muerte). En estos momentos es cuando te das cuenta de que tu vida es tan patética que debes de recurrir a métodos jamás creídos, igual de patéticos, he de reconocerlo.

-  Oráculo de eternidad, ¿Qué es lo que desea? - me pregunta Anaís, la pitonisa del programa Oráculo de eternidad. El programa lleva unos meses en marcha, yo lo veo todas las noches desde que empezó. Al principio solo me sentaba en el sofá, agarraba unas palomitas y una botella de ginebra, y me reía de la gente que llamaba. Tan patéticos y desgraciados, pero ahora yo llamo todas las semanas, siendo la principal fuente de ingresos del feucho show.

- Pues que va a ser, que me leas el jodido futuro… aunque no sirva de mucho - le espeto enojada. Me he bebido una botella de Grand Marnier y estoy que me subo por las paredes (o eso creo yo, más estoy que me caigo por todas partes y me sostengo gracias a las paredes de mi comedor).

- Lisa, ¿eres tú de nuevo? - me pregunta pasando la mano por su bola de cristal. Es tan mala actriz. Le gusta sobreactuar, hacer creer a la gente lo que no es cierto, pero bueno, pensándolo bien, no es tan mal trabajo. 

- ¡Adivínalo bruja mediocre! - grito con voz de pito.

- No me hace falta adivinarlo, lo se con certeza. Te veo con claridad borracha sentada en tu sofá. Y se, no por que lo vea, si no al escuchar tu simple voz, que te has pasado el día llorando. ¿Me equivoco? - me pregunta barajando sus cartas y poniéndolas en fila sobre la mesa.

- Has dado en el clavo hechicera de pacotilla. Pero te equivocas en una cosa, no estoy en el sofá, estoy caminado por las paredes - me río a carcajadas. Me desequilibro en la pared y caigo al suelo. Me pego tal porrazo que me cargo el teléfono fijo. 

- Vaya, parece que hemos perdido la conexión con Lisa. Sabemos que tendrá otro modo de contactar con nosotros. Mientras, esperamos más llamadas - espera con cara de atontada sonriente. Llamo de nuevo, pero desde el móvil - Parece que Lisa ya esta bien y desea hablar con nosotros. Lisa, ¿me recibes? - me pregunta en plan trance. Alelada, más que alelada.

- Pues claro que sí jorguina. No te vas a librar tan fácilmente de mí. Venga, a trabajar - le reprocho.

- Lisa, tú no quieres que te lea el futuro, tú quieres que te arregle la vida, y eso no esta en mi poder. Yo solo puedo contactar con el más allá y habar con los muertos. Los asuntos terrenales no son mi especialidad. Cambiar tu vida es algo que solo puedes hacer tú. Yo te puedo aconsejar, pero la mejor forma sería que fueras a un terapeuta.

- La que necesita ayuda eres tú, absurda clarividente. ¿Te gusta estafar a la gente?, ¿darles esperanzas para que vivan falsas mentiras y se despierten con cincuenta años, obsesas, con tres hijos, con un marido que no soportan, y se den cuentan de que están vacías?.

- No voy a discutir contigo, yo te ofrezco mi sabiduría del mundo abstracto, si no quieres saber lo que te depara el futuro no llames más, hay gente que necesita conocer la verdad.

- ¡Anda ya!. Si no fuera por mí, vivirías en la ruina. Apuesto a que debes estar pluriempleada, porque con la mierda de sueldo que te dan el programa no te llega ni para tampones - me río. Es curioso escuchar mi voz en la televisión mientras hablo por el teléfono. Me entra otra carcajada sonora.

Me cuelgan. Llamo de nuevo y me sale un mensaje de “Nuestras líneas están saturadas, inténtelo de nuevo más tarde”. Ya no me quieren dar línea. Si fuera un programa de corazón sería la número 1.

- ¡Ohhh!, es una lástima, pero hemos vuelto a perder la conexión con nuestra querida Lisa. Esperemos que este bien y su situación mejore. Lisa, cuídate. Nos despedimos de todos vosotros y os deseamos suerte y prosperidad. Mañana seguiremos atendiendo vuestras llamadas.

¡Ahhh!. Será zorra la médium esta. Estampo la botella contra la tele, y ni la una ni la otra se rompen. Se acaba el programa y comienza la programación porno. Me aburre el porno, incluso después de llevar ocho meses sin follar. Me aburre, pero no tengo nada mejor que hacer esta noche. Llamo y pido una pizza mediana vegetal, extra de piña. Me siento en el suelo, con la cara a escasos centímetros del televisor. Siento que estoy dentro de esa vagina pixelada. Incluso la podría oler. Veo un par de escenas de corridas y de penetración anal. Me comienza a entrar sueño y a doler la cabeza. Me quedo frita. Suena el timbre y me despierto de golpe. Me había quedado dormida sobre la televisión. Ahora el espectáculo era de sado. Dos señoritas atadas de pies y manos, azotadas por todos los lados por una femme fatale. Las pobres no tenían salvación. Seco las babillas de la tele y me dirijo a la puerta.

- Buenas noches, aquí tiene su pedido - me dice una voz conocida. La chica, cabizbaja, lleva una gorra morada y el típico uniforme. ¿De que me sonará?  - Son 8.6 señora - me quedo un poco parada y intento reaccionar. Tengo la tele a toda ostia y se llena la escalera de gemidos.

- Espera un momento, voy a por la pasta - le digo. Me acerco al bolso y cojo un billete de 10 euros - Aquí tienes - le doy el dinero, me devuelve el cambio y me pasa la pizza.

- Que pase buena noche señora - me dice. Levanta la cabeza y la veo. ¡Ostia puta!, si es Anaís, la pitonisa de la caja tonta. 

Me quedo parada en la puerta y la veo marcharse. Se gira un par de veces, desconfiada, yo sonrío, sonrío como nunca. Estoy disfrutando de verdad. Entro en casa y comienzo a comerme la pizza, se ha quedado fría y esta algo asquerosa, pero ahora me sabe a gloria. Patética Anaís. Umm, quizás me vuelva a comprar un gato, algo como lo que acaba de pasar debe de ser comentado, ¿verdad?.