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23.9.09

La mano derecha de la luz

Te presento a Jaime. Rocío. Carmen. Vanessa. Patrizzia – esta es alemana susurra – Roberto. Juan. Estos no se como se llaman, pero si están aquí serán buenos tíos, ¿verdad?. Si, si, responden estos mientras se atizan un par de rayas más. Y por último, David. Él es el jefe. Es como una luz cegadora. Una luz blanca y enorme – dice halagando a su compañero – Lo tiene TODO y lo es TODO aquí, pues es el encargado de ponerse en contacto con los grandes, acuerda los precios, esta en contacto con los proveedores y tiene a su cargo más de un centenar de camellos. Importamos las drogas más puras a la gente de clase más alta y selecta, no nos dedicamos al comercio de lo bueno con simples yonkis de barrio, que están tirados todo el día en la puta calle. Aunque por aquí deambulan un par de ellos.

El oficial apretón de manos a los tíos y dos besos a las tías. Me ciño a sonreír, adoptar una actitud sería, dura y respetable y a escuchar lo que me dice Joan, que es el que me ha introducido en este mundo. No quiero que me vean como un cagado aquí. Me pasea por todo el local, presentándome a todos.



¡Tío, que estúpido soy! – exclama - Se me olvidaba presentarte a la hembra más buena que habrás visto en toda tu puta y miserable vida. Sophie – grita – Sophie, ven aquí, que te quiero presentar a un colega.


Y allí esta ella, y ostia, Joan tiene razón. Es alucinante. Es sensual. Es EXPLOSIVA. Camina hacía nosotros, con un aire seductor, con un cigarrillo en la boca, dejando que sus labios devoren el filtro, ¡Oh! Lo que daría por ser ese cigarro – pienso - Sus caderas se contonean. Y lleva un vestido rojo ajustado, que deja ver hasta la areola que rodea sus delicados pezones.






Hola, soy Sophie – dice ella, mientras me arrea dos besos, dejándome dibujadas dos marcas de carmín rojo en mis pálidas mejillas – Paso de que el maleante de Joan nos presente a su manera. Pues me aburre. Jajaja – ríe.


Yo soy – balbuceo – Marcos. Encantado de conocerte – le digo, mientras saco una enorme sonrisa, intentado hacerme el interesante.


Pues encantada Marcos – dice, mientras inhala el humo de otro cigarrillo que acaba de encender. Hem… siento interrumpir esta animada conversación – dice Joan – pero seguro que David te busca, y yo tengo que presentarle al resto de la gente a Marcos – mientras Joan hablaba, aparece David, que coje fuertemente a Sophie por la cintura, y la besa violentamente delante de ellos. Dejando bien claro a quién pertenece esa chica. Yo mientras borro el carmín de mis mejillas asustado – Bien, pues como yo decía, tenemos que seguir con la ruta – dice Joan.


Joan – ruge David – ni siquiera me has dicho el nombre de tu amigo – Se llama Marcos – le interrumpe Sophie, antes de que Joan abra la boca. Luego le da un inocente y dulce beso en los labios – Bien… pues termina de enseñarle todo esto. Que se relaje, que se le ve muy tenso. Dale una cerveza. Y luego que pase por mi despacho, tendré que ver si el tipo es de confianza. De acuerdo – dice Joan – te lo llevo en una hora.


Yo me voy callado como un muerto. Hasta mis movimientos parecen los andares de un zombi. La oigo hablar tras de mí, le ha dicho a David que parezco buen chico. David solo ha suspirado rabioso.


Joan me presenta a una panda de vagos. Nos sentamos en unas butacas de piel rojas, y estos están sentados en un largo sofá de leopardo. Es espantoso.


Tío ¿de que habláis? – pregunta Joan, mientras le da una calada a un porro que le pasa un hippie melenudo, con una barba marrón y espesa, que le cubre toda la cara. Parece que aniden hasta halcones ahí.


Pues de la época nazi en Alemania jajaja – comienzan a reír – Que pensabais que por ser una panda de yonkis no tenemos cultura. Que no somos entupidos – añade un capullo que lleva puesto una camiseta del Kamasutra gay.


Nos quedamos con esa panda de granujas un rato más. Me ofrecen coca, pastillas, heroína, cristal, crack, PCP, alucinógenos… pero no acepto más que dos caladas a un porro, tengo que estar en mis cabales, y no en el puto suelo teniendo paranoias de duendes estrafalarios montándoselo con chimpancés en la puta Moncloa, cuando me reúna con David. Mierda. Es hora de hablar con él.

 


El despacho de David es amplio. Tiene unos bonitos muebles, minibar, un diván – seguro que a echo el amor con Sophie ahí – algunas plantas de maría, otras decorativas, una foto en el escritorio con Sophie en la que se están riendo como locos, papeles, carpetas, un ordenador, libros y un equipo de música impresionante.

 


Bien Marcos – me dice David en un tono pausado y tranquilo – Tienes buenas referencias. Un buen curriculum, por así decirlo. Tienes contactos muy importantes en este mundo, y en este momento nos interesa ampliar nuestros dominios y, por ello, quiero que nos asociemos. Además, Sophie, que tiene un sexto sentido para esto, opina que eres un buen tipo, alguien en el que poder confiar – solo con nombrarla creo que voy a tener una erección - Desde ahora serás mi mano derecha. La mano derecha de la luz de este mundo jajaja – ríe, y tiene una forma particular de reír que no me acaba de gustar – Y ahora a firmar el contrato – pone sobre la mesa cuatro rayas de la buena, dos para cada uno, y a la vez esnifamos ese delicioso polvo blanco que acabara por comerse nuestros tabiques nasales – Tío si me jodes estas acabado, ¿lo entiendes? – Si – respondo – Pues venga, tenemos mucho trabajo por delante.


Llevo ocho meses trabajando para el. Y esto ha sido un gran ascenso en mi vida profesional. He disfrutado de unos ocho meses inigualables. Además, hemos establecido un vínculo muy fraternal entre nosotros dos, ahora es como mi hermano, pero aún así no lo he podido evitar y he caído en la tentación. Me he acostado con Sophie. Y es lo más preciado que tiene él en este mundo.


Estamos los dos desnudos. Fumando. Nuestros cuerpos están empapados de sudor y otros fluidos. Sophie se acerca a mí y me pregunta ¿Que hará cuando se entere? - mientras desliza la yema de sus dedos por mis piernas y apoya su cabeza en mi pecho. Oigo aún su respiración alterada - No lo se, ahora no me importa. – Le digo con franqueza - De momento me fumare un cigarro más y disfrutare de estos instantes de vida, por que si este se entera, soy hombre muerto.


Pues Marcos… ya que todo esta perdido… repitámoslo – me dice con una voz sexy y terriblemente pornográfica. Me vuelve loco cada vez que se insinúa a mí de esa forma.


¡Oh! Quien se puede evitar a esa voz, esos susurros, ese cuerpo de diosa que tiene, esos ojos que me vuelven locos, esos andares que derrumban mi universo, esa lengua, viperina y asesina, que me lame de arriba abajo en estos momentos. Se sube sobre mí y comienza a cabalgarme, llevando el ritmo. Es mágica. Un placer mayor a cualquier droga. Espero que nuestros gemidos no despierten a ningún yonki impresentable.




18.9.09

El último beso de Eva


Comienza la guerra. La guerra más atroz y sanguinaria jamás vista hasta el momento – grita enérgico, animando a su ejército – Luchamos por nuestro rey, por nuestras tierras, por nuestro pueblo, por nuestras mujeres e hijos. Sabed que todos nos recordaran como verdaderos héroes, por nuestra astucia, valentía y honor. Somos el ejército más poderoso de Escandinavia y no abra derrota por nuestra parte, por que jamás nos detendremos ante el enemigo. ¡Que los dioses nos bendigan en este gélido día! – dice con el puño erguido, con la intención de que sus dedos rocen el cielo.- Camaradas, ¡el Valhalla no nos espera esta noche!. Esta noche, saborearemos la grandiosa victoria.


Todos rugieron con fuerza. Levantando sus escudos y sus espadas. De nuevo el general se dirigió a su pelotón - ¡Thor emplea tu martillo sobre estos bastardos! ¡Odín danos fuerza para ganar esta batalla! Que caiga un rayo, desde el mismísimo cielo, para quemar estas endemoniadas tinieblas. ¡Luchemos! Se acercan. Ya puedo oler su miedo.


Corren, gritan, aúllan. Siguen mis órdenes. Se respira el aroma del infierno. Azufre. La helada del invierno se acerca lentamente, dejando atrás el dulce perfume de la brisa otoñal, los cielos oscuros nos rodean, el aire frío corta al mismo viento, la nieve pronto sentara su velo con un manto blanco, que se manchara con la sangre de nuestra guerra.




Las espadas chocan. Brillos metálicos se disparan hacía los ojos. Caen los primeros heridos. Sollozos y gritos de dolor se escuchan, de ambos bandos.
Empuño el arma con fuerza y valor. Corto el aire, frío como el acero, con mi espada. Acabo con la vida de aquel que pasa por delante mía. Mi espada penetra la piel de un soldado, la sangre brota de su boca. Le corto un brazo y después lo decapito. Pura carnicería.
A mi alrededor observo una masacre, mi pelotón esta siendo cruelmente asesinado. Los caballos relinchan, con los ojos rojos, poseídos por el mismísimo Tyr, lanzando a los caballeros por los aires, con furia.
Los arqueros disparan. Una lluvia de flechas acaba con la vida de los moribundos. Todo a mí alrededor se tiñe de sangre.
Enormes piedras, disparadas desde las catapultas, vuelan. Destrozando todo aquello que esta a su paso.
Todo va muy rápido. Hombres vuelan por los aires, son golpeados con violencia. Se les clava la espada en un costado, se les corta una pierna, una mano, se les decapita, incluso son empalados.
Me protejo con mi escudo. Solo quedamos los más fuertes. No esta siendo el gran comienzo que esperaba – piensa el general.
Comienzan a lanzar flechas en llamas. El cielo se cubre de fuego.
Intento concentrarme, pero no puedo. Yo solo se que lucho por ella. Mi amada y dulce Eva. Mientras lucho, mi mente esta en otra parte. Solo pienso que moriría por poder besar sus bellos labios, por oler su pelo color trigo, por abrazar su cuerpo desnudo junto al mío, por sentir los latidos de su corazón, por verla sonreír, por saborear su dulce cuerpo, por hacer al amor con ella…


Me hieren. Me clavan una flecha en la espalda. Aúllo de dolor. La arranco, llevándome con ella trozos de mí piel.
Asfixio al hombre que me lanzo la flecha. Mis dedos se hunden en su garganta. Patalea en el suelo, intenta quitarme de encima. Su rostro, antes tan expresivo, lleno de rabia y furia, queda inerte.


Comienza a llover. El suelo se llena de fango. Una amplia carcajada me inunda en ese momento.
¡Eva, TE AMO! – grita, mientras se dirige con la espada en alto, corriendo hacía los demás soldados.
Lucha como un diablo. Lo rodean. Lo miran con ojos de lobos hambrientos por su carne. Acaba con todos ellos. Pero lo hieren de nuevo, y esta vez atacan a su corazón. No lo remates – dice un soldado enemigo – Deja que la sangre de su corazón le encharque los pulmones y se ahogue. Se mofan de el.


La guerra ha acabado.




Eva corre entre los muertos. Su vestido verde danza como una pluma al viento. No consigue ver a su amado. Tapa su nariz con un pañuelo. El olor es nauseabundo. Algunos piden ayuda pero ella no tiene oídos para ellos. La agarran de las piernas, y ella los golpea furiosa. Grita su nombre, pero no tiene respuesta alguna. Desconsolada y abatida, cae al suelo. El tiempo se para por un momento. Los copos de nieve se quedan suspendidos en el aire. Su corazón también se detiene.




¡Eva! – grita el general desconsolado - Eva, te veo. Debo de estar en un sueño – Comienza a bombearle la sangre de nuevo. Un escalofrío recorre toda su columna vertebral. Solloza. Se levanta corriendo, con el rostro empapado de lágrimas y lo ve ahí, en el suelo, intentado arrastrase hasta donde esta ella. ¡Detente!- grita ella – Corre hacia su lado, tropezándose con algunos cadáveres y malheridos.


William – solloza – Amor, estas herido. ¿Por qué? ¿por qué? ¿por qué? – grita desesperada. – No te vayas. No te marches de  mi lado – dice ahogándose en sus propias lágrimas – Te amo William, te necesito aquí. Por favor, no mueras.
Sus manos sostienen su rostro. No puede dejar de mirarlo. Besa su frente con delicadeza y ternura.


            Eva – dice con dificultad – Dame paz. Mi princesa, acaba con este dolor, no lo soporto más. ¡No! – replica ella – te curaras. Estoy segura. Amor, deja que te ayude a levantarte – intento moverlo, pero este gimió de dolor. -     Eva, es demasiado tarde, este es el fin. Por favor… saca el veneno que te dio Morgana y dámelo- suplico.


Saco el veneno de su corsé dorado. Miro a William a los ojos, unos ojos bellos, que estaban perdiendo el brillo de la vida. Y sin pensarlo una vez más bebió el veneno ella, sin darle tiempo a el a impedírselo. No deseaba vivir sin el. Y le dio a el las últimas gotas. El veneno se deslizaba lento por sus gargantas, quemándoles la faringe, como si de un ácido se tratara. Ella lo beso apasionadamente por última vez. Sus labios se fundieron, sus lenguas se enredaron. Se abrazaron con fuerza, llorando los enamorados. Poco a poco sus vidas fueron acabando, el veneno ataco a sus corazones. El sueño eterno les esperaba.