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19.11.13

La secta de los sueños

- ¿En qué consisten los tratamientos que ofrecen? - le pregunta la policía clavándole la mirada con vil odio. Su hermana había sido víctima de una secta también y había dejado a la familia en bancarrota. Días después se suicidó, pues ese era el camino que el líder había elegido para ella, su misión era esa, simplemente ya no era una fuente de ingresos útil, así que la obligó a liquidarse, sin mancharse las manos. No pudieron inculpar a nadie de la secta, nadie fue castigado por ello. La policía aprieta el bolígrafo que sostiene en sus manos con fuerza. Quiere arrancarle la cabeza. Quiere acabar con ella.

El abogado le asiente con la cabeza, dándole permiso para que conteste a esa pregunta. Es un chico joven. Con una espesa barba con tonos rojizos y oculta su mirada tras una grandes gafas de pasta negras.

- Todo el mundo se aburre, el aburrimiento es doloroso. El tiempo pasa, y a ti no te pasa nada. Y nosotrxs ofrecemos una alternativa distinta - dice mientras coge el vaso de agua. Moja sus labios y se queda en silencio por unos instantes. Mancha de carmín el borde del vaso. Unos labios desdibujados pintan el traslúcido cristal - Nuestra vocación es darle un camino a la gente, personas con ansiedades, desequilibrios mentales, ludópatas... gente con múltiples adicciones. Principalmente ayudamos a personas que padecen de insomnio. Con técnicas novedosas y los mejores especialistas, ofrecemos un servicio perfecto. Los tratamientos son sencillos, pero eficaces. Se trata de un proceso gradual, en el que el/la paciente consigue espantar sus males y problemas y alcanza un pleno sueño. Reparador, diríamos. Ofrecemos un 99% de efectividad en todos nuestros tratamientos.

- ¿Y cuánto piden a cambio? - le pregunta irascible. Sabe que la respuesta no le va a convencer. No se cree lo que le dice esa mandada. Una persona totalmente preparada para manipular, convencer y hacerte creer cualquier cosa. Una persona que ataca a quienes están perdidxs, a quienes no lo tienen claro... una persona ruin, despreciable. La policía siente que su sangre comienza a hervir. Está a punto de tener otra crisis nerviosa.

- Ofrecemos un servicio, y como tal, ello acarrea un precio. Esto es como si vas a un doctor y pagas por tus medicamentos o a un psiquiatra y pagas por su servicio. Todo tiene un precio, una tarifa mayor o menor, pero en definitiva esto funciona así. No nos lucramos a costa de nadie, ¡todo lo contrario! ellxs salen más beneficiadxs por nuestros tratamientos que nosotrxs con nuestros precios - dice con total normalidad. Disfruta sabiendo de la gran fuerza de su poder de convicción. Saca del bolso un espejito y comienza a retocarse el maquillaje. La policía no cree lo que está viendo.

- Hemos investigado las cuentas bancarias de algunos de sus pacientes. Tienen pacientes que se han dejado miles de euros en su centro. ¿Qué me dice al respecto?

- Claro, hay tratamientos más caros que otros. Y cada uno está hecho a su medida - dice perfilándose los labios.
- ¿Y las donaciones?
- Todo centro que se preste recibe donaciones. Eso quiere decir que a la gente le gusta nuestros tratamientos, nuestra organización, etc. – dice con dificultad mientras se pasa la barra de labios color salmón.
- ¡Ya basta! – grita – Esto no es un salón de belleza.
- Cálmese. Solo son unos retoques. Una ha de tener buena imagen. Es un mundo dominado por la apariencia y debemos de estar a la altura – dice terminando de perfilarse los labios con malicia. Saca el colorete y se pinta los pómulos, afilándolos. Parece una arpía. Arregla su pelo y le guiña un ojo al abogado. Él serio la mira afirmándole lo bella que esta. Esta perfecta. Sus rizos rubios caen sobre su espalda, como una cascada de oro.
- ¿Y usted qué papel tiene en toda esta historia? – dice mirando sus informes – Lleva trabajando aquí dos años. Ha estudiado carreras que no coinciden con los perfiles que necesitaría su centro. ¿Cómo la cogieron para este puesto? Usted es una de las directivas más importantes de la cúpula de su organización.
- Perseverancia y esfuerzo, ese es mi lema. Mis estudios no tienen nada que ver con mis ambiciones. Y cuando me lo propongo, soy la mejor. Esa es la única razón de mi triunfo - dice orgullosa. La policía le mira con fastidio.
- ¿Reconoce a este chico? – le dice mientras le muestra la fotografía de un joven, de unos veintiséis años, de cabellos castaños rizados.
- Sí, claro. Fue uno de nuestros sujetos – dice con normalidad mientras guarda su maquillaje en su pequeño bolso de cuero negro con remaches dorados.
- ¿Sujeto? ¿Así los llaman? – dice conteniéndose. Desea golpear a esa jodida zorra, quisiera matarla. Estrangularla con su pañuelo fino de marca.
- Sí – dice con una sonrisa burlona – Su nombre es Gabriel, un joven italiano que acudió en nuestra ayuda. Buscaba fe, perseguir un sueño. Y nosotrxs se lo proporcionamos.
- ¿Sabe que lo hemos hallado muerto esta misma mañana? – dice con firmeza la policía.
- No, no tenía ni idea. ¿Qué es lo que le ha ocurrido? – finge dolida.
- Le suministraron halotano, paralizándole el cuerpo, pero dejándole consciente de lo que le iba a ocurrir. Le hicieron una incisión en el estómago, extrayendo así sus órganos vitales. Corazón, pulmones, riñones, intestinos, etc. Le cortaron los brazos, arrancándole los tendones. También quitaron los ojos, le perforaron los parpados…
- ¡Pare! ¡Por favor pare! Voy a vomitar – dice llevándose la mano a la boca con reales arcadas.
- ¿No quiere saber más? ¿No le interesa lo que les ocurre a sus "sujetos"? – dice astuta.
- ¿Pero que insinúa? – dice con un sollozo falso, lamentablemente peliculero.
- No la acuso a usted, acuso a su organización. O mejor aún, ¡a su jodida secta! – dice colérica. Siente que ya no se puede aguantar. Un torrente de insultos nacen de su boca, pero ella aprieta los labios y las obliga a retroceder. No es el momento. Se traga su ira.
- Nuestra organización no es ninguna secta. Somos un centro donde la gente viene a curarse, a mejorar… en definitiva, a ser feliz – dice de carrerilla como si estuviera recitando un himno. Ya no está tan calmada como al principio.
- Los llevamos siguiendo desde meses. Este es el cuarto “sujeto” que aparece muerto bajo el mismo modus operandis. Y las pruebas se dirigen directamente a su secta.
- No se dirija a mi cliente con ese tono tan inquisitivo – dice el abogado lame billetes – Le recordamos, es una organización, no una secta. Así que no le vuelva a acusar falsamente.
- No se preocupe José – dice la joven de nuevo – Mire, no sé por qué nos acusa a nostrxs en lugar de buscar a el verdadero culpable. Yo le garantizo que dentro de nuestra organización lo único que se respira es paz, salud, sueño, amor y felicidad, nada más. Un ambiente tranquilo para una mejora real. Buscamos bienestar, solamente eso - dice compungida.
- Deje de venderme la moto. Ya hemos revisado su Web, sus formularios de contacto, su presencia en las redes sociales, sus métodos oscuros, sus panfletos publicitarios, incluso sus anuncios… se ve que les va bien y que les entra un constante flujo de dinero. ¿La cosa es? ¿Por qué? ¿Por qué lo mataron? ¿Por qué lo torturaron de esa forma? ¡Estaba vivo mientras le hacían todo eso! ¡Son unos monstruos! ¡La gente de su calaña me repugna! – dice furiosa. Rompe a llorar. Piensa en su hermana. En lo feliz que fue y cómo fue su final.
Entra un policía a la sala de interrogatorios. Coge del brazo a su compañera y le mira como diciéndole, . Ella sale molesta, empujándole. Antes de salir grita – Esto no se va a quedar así. Pienso encerrar a cada uno/a de ustedes. La mierda ira al water, como debe de ser.
La joven se queda petrificada, fingiendo un falso malestar. El policía les da vía libre, recordándoles antes que se pondrán de nuevo en contacto con ellxs. Y abogado y cliente se marchan tranquilamente. Ella, la policía, les ve marcharse en un lujoso porsche plata. Desearía poder meterle una bala en su preciosa cabecita. Y otra al puñetero abogado, pérfido defensor de depravados.

- Has estado fabulosa Cristina – le dice José una vez dentro del coche - Ese tono pedante, esa fuerza en tus palabras... ¡Dios! si alguna vez tienes que testificar ante un juicio no me vas a necesitar, te los camelaras a todxs, tanto como me tienes camelado a mí - le dice abalanzándose sobre sus labios. Ella le frena y saca el espejito de su bolso. Se mira con detenimiento.  
- Realmente me preocupa lo atacada que estaba esa patética policía. ¡Qué coño le pasaba! Si no fuera porqué hemos mantenido la calma nosotrxs... ¡ohhh! desearía abrirla en canal yo misma - dice mientras se sube sobre José. Él la mira con deseo. Ella inmoviliza sus manos con sus rodillas. Le mira con potencia mientras le acaricia la espesa barba con fuerza.
- Yo me muero de ganas por ver como la destripas preciosa – dice él enardecido. Sus miradas se clavan y comienzan a besarse desenfrenadamente mientras el chófer conduce directo a su organización.
Continuará...