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20.12.13

El último día de un condenado a muerte


-          ¿Quién te crees que soy? ¡Mírame cuando te hablo! - le grité enfadado.

-          No existes. ¡Déjame en paz! - me dijo entre sollozos.

Y así es como empezó. Negando mi existencia. ¿Por qué? ¿Acaso no soy su amigo? Es triste ver como alguien intenta olvidarte. Borrarte con todas sus fuerzas de su memoria, aniquilar sus recuerdos. Odio creer que este es el día. Este es mi último día. Estoy condenado. Condenado a desaparecer, condenado a morir. Y detesto no saber por qué se quieren deshacer de mí con tanto ímpetu, como el mar se traga una fina gota de lluvia.

-          Jason, ¿con quién hablas? - le grita Eleonora, con su típica voz chillona, desde la cocina. La casa está llena de un aroma a pasteles y galletas. Todo muy dulce. Todo menos ella.

-          Con nadie mamá... con nadie - dice el pobre Jason. Intenta que su voz sea fuerte y dura, una voz anormal para un niño de siete años.

-          Pensaba que hablabas de nuevo con Chu - dice molesta, acercándose al cuarto de su hijo con el rodillo en la mano.

-          No mamá, Chu se ha ido - dice mientras me mira a los ojos.

Quiero participar en la conversación, pero no puedo. Siento que cada vez que me rechazan una parte de mí se hace invisible. Al negarme me ha arrancado la lengua. Noto, por primera vez, el sabor de la sangre. Tanta sangre que siento como mis pulmones se encharcan. Me ahogo en una mentira.

-          Muy bien - le dice Eleonora. Se acerca a él con el rodillo en mano. Demostrando quien manda. Lo deja caer sobre mis piernas.

-       ¡Eso ha dolido arpía! - pienso. Intento gritar pero no puedo, como sabéis, me he quedado sin lengua, y eso limita mi comunicación.

-          ¿Cuándo se ha ido? - le pregunta mientras le sostiene la mirada a Jason. El tiembla como un flan.

-          Hoy mamá. Le dije que era malo y que me dejara en paz – suelta otro engaño de nuevo. No me ha dicho eso. Yo jamás he sido malo con él. Todo lo contrario, he sido su única compañía cuando sus padres se pelean, cuando no le hacen caso porqué están más interesados en sus asuntos que en ver crecer a su hijo… en todo momento: en sus dudas, sus inquietudes, sus momentos más brillantes.

Los embustes del joven Jason se me clavan en el pecho. Me dejan al descubierto unos profundos arañazos. Sufro, sufro como jamás lo había sentido. Y no solo este dolor físico me está matando. Jason me mira con los ojos llenos de lágrimas. Sabe que estoy sufriendo por sus engaños, sus calumnias.

-          ¿Por qué lloras tesoro? - le dice Eleonora. Ella es la culpable de todo. No soporta que Jason y yo seamos amigos. Simplemente me tiene envidia. ¿Eso es suficiente para querer acabar conmigo?

-          Me da pena Chu – le dice llorando. Eleonora coge su cara y le mira furiosa.

-          No te puede dar pena algo que no existe – le grita. Mis manos se esfuman – Hijo, deja de fantasear y juega con niños de verdad, no con un producto de tu imaginación. Un constructo asqueroso – dice muy molesta. Se desvanecen mis pies y a continuación mis piernas. Lo zarandea como a un muñeco. Quisiera poder hacer algo, pero cada vez queda menos de mí.

Cuando ella me niega no es tan doloroso que cuando lo hace Jason. Ella nunca creyó en mí, pero Jason siempre. Estoy junto a él desde que nació. Recuerdo el día que nos conocimos. Hicimos un pacto, él siempre iba a creer en mí y yo siempre estaría con él cuando se sintiera solo, o cuando tuviera miedo, o cuando quisiera jugar, irnos de aventuras. Tantas cosas y tantos momentos.

Jason no cesa de llorar. Su madre lo tiene sujeto de la camiseta y lo sacude como a un trapo. De mí ya solo quedan mis labios. Intento esbozar una sonrisa, la cual se parte en mil pedazos.

Desaparezco. Muero. Ya solo queda de mí una idea. Un recuerdo. Una pesadilla. Un llanto.

2.12.13

Nube de algodón

Cuando estoy en la pelea no pienso, actúo. Un brazo prosigue al otro, con ritmo, fuerza, pasión. Mis piernas se mueven, dando pequeños brincos, confundiendo al adversario. Golpeo tajante, notando como mis puños rompen la atmósfera de caos que nos rodea. Los gritos del público callejero, los abucheos, la euforia de ver correr la sangre. Violencia, golpe tras golpe. Aquí solo existe una regla: nada de armas, solo, cuerpo contra cuerpo.

Pero esta vez es distinto. Pienso, y eso no me viene nada bien en la pelea. Me siento inestable, alterado, incluso yo diría que perdido. Me he hecho un tirito de una espesa coca que parecía una nube de algodón, como un algodón de azúcar de esos que me zampaba en la feria con mi madre cuando era pequeño. Días como esos me rompen el corazón. Echo tanto de menos a mi vieja. Esa mujer bajita de ojos fuertes que siempre me animaba con todo lo que me proponía, y yo ni caso. ¡Que te den baca burra! le soltaba… dando un portazo echo una furia. ¿Y porqué? Ni yo lo sabía. Solo sentía rabia, dolor, angustia y pena, sobretodo pena, una pena que carcomía mi mente, una pena tan profunda que no podía respirar, sintiendo que me ahogaba, día tras día, noche tras noche... Y mi madre ahí, como una campeona, ayudándome, dándome pelas, abrazándome, queriéndome como nadie me ha querido… y yo como un cerdo, comportándome como un jodido animal, siempre insultándola, golpeándola... incluso la odie, la odie tanto que sentía hervir mi sangre cuando me decía que estaba orgullosa de mí. ¡Nadie podía estar orgulloso de mí!. Y ese día, el último día de feria… yo tenía quince años, ¡y me avergonzaba tanto salir con mis padres!. Yo ya era un chaval, tenía cierta reputación en el barrio. Un macarra, eso era antes y eso soy ahora. Y nada, la pava de mi madre me trae un algodón de azúcar, esponjoso, rosado y enorme. De esos que mirabas con ilusión cuando eras un microbio y ya, cuando tienes pelos en los sobacos y erecciones cada cinco minutos, te repugna, te recuerda al niño de mamá que fuiste, y en ese momento ya no. Y no por qué mi madre no lo siguiera intentando, si no porqué yo lo rechazaba al momento. Buah, recuerdo como se le iluminaron los ojos al dármelo. Pasándome esa nube infantil con cariño, delicadeza y mucho amor. Y yo, tonto de mí, para hacerme el jodido chulo, lo tiré, lo tiré al suelo, y para más recochineo lo chafé, salté sobre él, lo hice briznas y me jarté de ella, por última vez. Ella rompió a llorar y salió corriendo. Y luego recuerdo como escuche el golpe, los gritos, el color rojo. Solo rojo. Una espesa niebla. Taquicardia, ansiedad, mareos, tembleque… Y después muerte, lágrimas y sangre, mucha sangre. Ese puto carro la atropelló, vomitándome encima su cadáver. Y ella me miraba, con esos ojos brillantes, esos ojos penetrantes, esos ojos… ¡Ostia puta! ¡Estoy alucinando!… ese tirito en lugar de darme fuerza me ha dejado destrozado. Recibo un golpe que me devuelve a la realidad. ¡Mecagüenlaputajodidadelamadrequemeparió! Lloro sin lágrimas, pero siento como un torrente de agua invade mis pulmones. Me ahogo. Otro golpe me destroza.

Me he quedado medio sordo del leñazo que me han metido. Grito, pero no me escucho. Veo caras conocidas, gente que apuesta por mí. Se embolsan una pasta cada vez que gano. Más fajos de billetes con restos de speed en sus boyantes bolsillos de Armani. Me abalanzó como una hiena sobre el chaval contra el que peleo. Un tipo duro, pero a mí hoy no me jode ni Dios. Me lo pienso follar. Lo tengo en el suelo, intentando deshacerse de mí, como una puta gata maricona. Le clavo los dedos en la garganta y el se pone violeta. Parece un puto pastel de moras, lleno de cráteres nauseabundos. Consigue tirarme al suelo y respira, con mucha dificultad. Yo empiezo a reírme, pero ese torrente de lágrimas sigue inundándome por dentro. Me propina un golpe en la cabeza, clavándome los nudillos en el cráneo. Caigo redondo en el suelo. Se pone sobre mí, hecho una furia. Me coge de la camiseta y me sacude como a un trapo. Mi espalda se golpea una y otra vez contra el frío asfalto. El continuo ruido de la gente me atrapa. Y no me muevo, no me defiendo. Pienso, sigo pensando. Esos ojos, esos ojos deslumbrantes… lloro.  Una lágrima tras otra me llenan la cara, mezclándose con el chorro de sangre que me sale de la nariz. El tío empieza a reírse de mí. Los que han apostado por mí me gritan, me insultan… y yo ni caso. Solo lloro, mientras el burro que tengo encima me golpea victorioso, mofándose de mí. Y yo me siento como en una nube, ligera, tranquila, suave. Me comienzan a sangrar las orejas, y ya no escucho nada. El tío se levanta y me pega un par de patadas en el estómago. Yo me encojo de dolor, pero no son los golpes los que me están matando, si no los ojos de mi madre clavados en mí, unos ojos suplicantes, unos ojos de perdón, unos ojos que me amaban y que me persiguen día tras día, noche tras noche…

19.11.13

La secta de los sueños

- ¿En qué consisten los tratamientos que ofrecen? - le pregunta la policía clavándole la mirada con vil odio. Su hermana había sido víctima de una secta también y había dejado a la familia en bancarrota. Días después se suicidó, pues ese era el camino que el líder había elegido para ella, su misión era esa, simplemente ya no era una fuente de ingresos útil, así que la obligó a liquidarse, sin mancharse las manos. No pudieron inculpar a nadie de la secta, nadie fue castigado por ello. La policía aprieta el bolígrafo que sostiene en sus manos con fuerza. Quiere arrancarle la cabeza. Quiere acabar con ella.

El abogado le asiente con la cabeza, dándole permiso para que conteste a esa pregunta. Es un chico joven. Con una espesa barba con tonos rojizos y oculta su mirada tras una grandes gafas de pasta negras.

- Todo el mundo se aburre, el aburrimiento es doloroso. El tiempo pasa, y a ti no te pasa nada. Y nosotrxs ofrecemos una alternativa distinta - dice mientras coge el vaso de agua. Moja sus labios y se queda en silencio por unos instantes. Mancha de carmín el borde del vaso. Unos labios desdibujados pintan el traslúcido cristal - Nuestra vocación es darle un camino a la gente, personas con ansiedades, desequilibrios mentales, ludópatas... gente con múltiples adicciones. Principalmente ayudamos a personas que padecen de insomnio. Con técnicas novedosas y los mejores especialistas, ofrecemos un servicio perfecto. Los tratamientos son sencillos, pero eficaces. Se trata de un proceso gradual, en el que el/la paciente consigue espantar sus males y problemas y alcanza un pleno sueño. Reparador, diríamos. Ofrecemos un 99% de efectividad en todos nuestros tratamientos.

- ¿Y cuánto piden a cambio? - le pregunta irascible. Sabe que la respuesta no le va a convencer. No se cree lo que le dice esa mandada. Una persona totalmente preparada para manipular, convencer y hacerte creer cualquier cosa. Una persona que ataca a quienes están perdidxs, a quienes no lo tienen claro... una persona ruin, despreciable. La policía siente que su sangre comienza a hervir. Está a punto de tener otra crisis nerviosa.

- Ofrecemos un servicio, y como tal, ello acarrea un precio. Esto es como si vas a un doctor y pagas por tus medicamentos o a un psiquiatra y pagas por su servicio. Todo tiene un precio, una tarifa mayor o menor, pero en definitiva esto funciona así. No nos lucramos a costa de nadie, ¡todo lo contrario! ellxs salen más beneficiadxs por nuestros tratamientos que nosotrxs con nuestros precios - dice con total normalidad. Disfruta sabiendo de la gran fuerza de su poder de convicción. Saca del bolso un espejito y comienza a retocarse el maquillaje. La policía no cree lo que está viendo.

- Hemos investigado las cuentas bancarias de algunos de sus pacientes. Tienen pacientes que se han dejado miles de euros en su centro. ¿Qué me dice al respecto?

- Claro, hay tratamientos más caros que otros. Y cada uno está hecho a su medida - dice perfilándose los labios.
- ¿Y las donaciones?
- Todo centro que se preste recibe donaciones. Eso quiere decir que a la gente le gusta nuestros tratamientos, nuestra organización, etc. – dice con dificultad mientras se pasa la barra de labios color salmón.
- ¡Ya basta! – grita – Esto no es un salón de belleza.
- Cálmese. Solo son unos retoques. Una ha de tener buena imagen. Es un mundo dominado por la apariencia y debemos de estar a la altura – dice terminando de perfilarse los labios con malicia. Saca el colorete y se pinta los pómulos, afilándolos. Parece una arpía. Arregla su pelo y le guiña un ojo al abogado. Él serio la mira afirmándole lo bella que esta. Esta perfecta. Sus rizos rubios caen sobre su espalda, como una cascada de oro.
- ¿Y usted qué papel tiene en toda esta historia? – dice mirando sus informes – Lleva trabajando aquí dos años. Ha estudiado carreras que no coinciden con los perfiles que necesitaría su centro. ¿Cómo la cogieron para este puesto? Usted es una de las directivas más importantes de la cúpula de su organización.
- Perseverancia y esfuerzo, ese es mi lema. Mis estudios no tienen nada que ver con mis ambiciones. Y cuando me lo propongo, soy la mejor. Esa es la única razón de mi triunfo - dice orgullosa. La policía le mira con fastidio.
- ¿Reconoce a este chico? – le dice mientras le muestra la fotografía de un joven, de unos veintiséis años, de cabellos castaños rizados.
- Sí, claro. Fue uno de nuestros sujetos – dice con normalidad mientras guarda su maquillaje en su pequeño bolso de cuero negro con remaches dorados.
- ¿Sujeto? ¿Así los llaman? – dice conteniéndose. Desea golpear a esa jodida zorra, quisiera matarla. Estrangularla con su pañuelo fino de marca.
- Sí – dice con una sonrisa burlona – Su nombre es Gabriel, un joven italiano que acudió en nuestra ayuda. Buscaba fe, perseguir un sueño. Y nosotrxs se lo proporcionamos.
- ¿Sabe que lo hemos hallado muerto esta misma mañana? – dice con firmeza la policía.
- No, no tenía ni idea. ¿Qué es lo que le ha ocurrido? – finge dolida.
- Le suministraron halotano, paralizándole el cuerpo, pero dejándole consciente de lo que le iba a ocurrir. Le hicieron una incisión en el estómago, extrayendo así sus órganos vitales. Corazón, pulmones, riñones, intestinos, etc. Le cortaron los brazos, arrancándole los tendones. También quitaron los ojos, le perforaron los parpados…
- ¡Pare! ¡Por favor pare! Voy a vomitar – dice llevándose la mano a la boca con reales arcadas.
- ¿No quiere saber más? ¿No le interesa lo que les ocurre a sus "sujetos"? – dice astuta.
- ¿Pero que insinúa? – dice con un sollozo falso, lamentablemente peliculero.
- No la acuso a usted, acuso a su organización. O mejor aún, ¡a su jodida secta! – dice colérica. Siente que ya no se puede aguantar. Un torrente de insultos nacen de su boca, pero ella aprieta los labios y las obliga a retroceder. No es el momento. Se traga su ira.
- Nuestra organización no es ninguna secta. Somos un centro donde la gente viene a curarse, a mejorar… en definitiva, a ser feliz – dice de carrerilla como si estuviera recitando un himno. Ya no está tan calmada como al principio.
- Los llevamos siguiendo desde meses. Este es el cuarto “sujeto” que aparece muerto bajo el mismo modus operandis. Y las pruebas se dirigen directamente a su secta.
- No se dirija a mi cliente con ese tono tan inquisitivo – dice el abogado lame billetes – Le recordamos, es una organización, no una secta. Así que no le vuelva a acusar falsamente.
- No se preocupe José – dice la joven de nuevo – Mire, no sé por qué nos acusa a nostrxs en lugar de buscar a el verdadero culpable. Yo le garantizo que dentro de nuestra organización lo único que se respira es paz, salud, sueño, amor y felicidad, nada más. Un ambiente tranquilo para una mejora real. Buscamos bienestar, solamente eso - dice compungida.
- Deje de venderme la moto. Ya hemos revisado su Web, sus formularios de contacto, su presencia en las redes sociales, sus métodos oscuros, sus panfletos publicitarios, incluso sus anuncios… se ve que les va bien y que les entra un constante flujo de dinero. ¿La cosa es? ¿Por qué? ¿Por qué lo mataron? ¿Por qué lo torturaron de esa forma? ¡Estaba vivo mientras le hacían todo eso! ¡Son unos monstruos! ¡La gente de su calaña me repugna! – dice furiosa. Rompe a llorar. Piensa en su hermana. En lo feliz que fue y cómo fue su final.
Entra un policía a la sala de interrogatorios. Coge del brazo a su compañera y le mira como diciéndole, . Ella sale molesta, empujándole. Antes de salir grita – Esto no se va a quedar así. Pienso encerrar a cada uno/a de ustedes. La mierda ira al water, como debe de ser.
La joven se queda petrificada, fingiendo un falso malestar. El policía les da vía libre, recordándoles antes que se pondrán de nuevo en contacto con ellxs. Y abogado y cliente se marchan tranquilamente. Ella, la policía, les ve marcharse en un lujoso porsche plata. Desearía poder meterle una bala en su preciosa cabecita. Y otra al puñetero abogado, pérfido defensor de depravados.

- Has estado fabulosa Cristina – le dice José una vez dentro del coche - Ese tono pedante, esa fuerza en tus palabras... ¡Dios! si alguna vez tienes que testificar ante un juicio no me vas a necesitar, te los camelaras a todxs, tanto como me tienes camelado a mí - le dice abalanzándose sobre sus labios. Ella le frena y saca el espejito de su bolso. Se mira con detenimiento.  
- Realmente me preocupa lo atacada que estaba esa patética policía. ¡Qué coño le pasaba! Si no fuera porqué hemos mantenido la calma nosotrxs... ¡ohhh! desearía abrirla en canal yo misma - dice mientras se sube sobre José. Él la mira con deseo. Ella inmoviliza sus manos con sus rodillas. Le mira con potencia mientras le acaricia la espesa barba con fuerza.
- Yo me muero de ganas por ver como la destripas preciosa – dice él enardecido. Sus miradas se clavan y comienzan a besarse desenfrenadamente mientras el chófer conduce directo a su organización.
Continuará...

25.8.13

La epopeya de los otros

Yo he visto el rostro de la muerte de cerca. Primero fueron mis padres en ese terrible accidente de tráfico hace apenas unos meses y ahora mi abuela, que tras dos largos años de lucha, no ha conseguido derrotar al temible cáncer que contaminaba su cuerpo. Pero aunque ella no esta presente aquí, sabemos que jamás desaparecerá de nuestras mentes y corazones, pues ha hecho tanto, que su paso no podrá ser borrado por nada ni nadie, aunque lo intenten, fue única, una pionera en muchos aspectos. Ella fue grande, una guerrera, que desde siempre lucho contra todos aquellos que le hacían callar por ser mujer, aquellos que le hacía llorar hasta sangrar, aquellos que la despreciaban, la insultaban, la anulaban, la acosaban… tantos y sin motivo alguno. Como sabéis todas, mi abuela se exilió para huir de un matrimonio concertado con un hombre al que odiaba y de un padre que abusaba de ella. Durante su huida empezó a vestir de hombre y a hacerse llamar Teemu. Simplemente lo hizo porque le resultaba más fácil viajar como hombre que como mujer. Vivió unos años siendo un hombre, sintiendo el poder de cerca, el poder otorgado por un injusto rol de género. Tuvo numerosas amantes, las cuales nunca descubrieron su verdadera identidad. Pero un día, se sintió corrompida, una fuerte oleada de culpa le golpeo, y así, sin más, se quito la benda que oprimía sus pechos, el bulto que llevaba en la entrepierna y todos aquellos absurdos adornos que le daban ventaja frente a ella misma. Y así volvió a ser Sanna, una mujer, una inigualable luchadora, volvió a ser Ella, con su sonrisa, sus gritos, su belleza, su testarudez, sus llantos, sus razonamientos… y para los hombres volvió a convertirse en algo, un objeto, un cuerpo, una mente vacía… de nuevo, el otro. Así que volvió a la batalla, al día a día, a las replicas, las acusaciones, los abusos… pero eso no la freno nunca, pues ella nació para ello, y murió, porqué así lo decidió la sucia muerte, pero seguirá luchando desde la tumba, removiendo conciencias con sus palabras, sus emociones y sus gritos de valquiria.



<La mujer no es nada más que lo que el hombre decide que sea; así, se le llama "el sexo" queriendo decir con ello que aparece esencialmente ante el hombre como un ser sexuado: para él, ella es sexo, y lo es de un modo absoluto. Se determina y se diferencia en relación al hombre y no en relación a lo que ella misma es; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el sujeto, el absoluto: ella es "lo otro"> Simone de Beauvoir.

17.4.13

Roger and company

      -  ¿Por qué Roger lleva un parche en el ojo? - le pregunto a Jerome medio en susurros. Este no me escucha, esta anonado haciendo una torre con cartas de póquer. Aunque le hubiera gritado en su estúpida cabeza calva, no se hubiera enterado de nada. Soplo, como una gran ventisca, y le caen en toda la cara de gilipollas que tiene, una a una, golpeándolo con destreza.

- ¿Pero que ostias te ocurre cabronazo? - me dice enfadado. Ya solo le quedaba el pico para acabar. Le relaja hacer esas sandeces, y a mí, destruirlas. Soy como el matón de playa que se dedica a destrozar los castillos de arena a los críos, y después disfruta mofándose y riéndose con una sonrisa sardónica y maquiavélica, mientras los señala y sigue pisoteando la arena.

- ¡Te he preguntado que cojones le ha pasado a Roger en el ojo! - le digo a gritos - ¡Pero como estás todo flipado con tus tonterías no captas nada! - refunfuño molesto. Hoy tengo un humor de perros.

- ¡Tú madre me ha clavado una jodida teta en la cara! - grita Roger desde el otro cuarto sin levantar la vista de la televisión. Esta viendo un serial simplón mientras come nachos con queso.

- ¿Que has dicho de mi madre subnormal? - me levanto enfadado. Llevo unas cuentas cervezas de más y soy consciente de ello. Aunque vaya de chulo por la vida, no lo soy, y Roger me puede hostiar hasta dejarme como un trozo de carne picada en el suelo. Muy de su estilo las palizas sanguinolentas.

- ¡Calla cretino y pásame otra birra! - me dice contento. No esta de muy mal humor hoy el tío. Digamos que hay días en los que Roger se ha levantado con los huevos totalmente retorcidos y otros días en los que solo un poco. Por lo que su estado normal es de cabrón amargado con bastante ira.

Me levanto de la silla y me acerco a la nevera. Cojo dos resbaladizas cervezas rubias, las abro y voy al comedor. Le paso un botellín y me siento a su lado. Me quedo quieto mirándole el parche. Parece un marine extraviado.

- ¿Me vas a decir que te ha pasado en el jeto? - le pregunto. Le doy un tiento a la birra. Su suave cuerpo se desliza por mi paladar. No esta nada mal.

- Hablemos en otro sitio, ¿vale? - me dice bajando la voz. Se pone misterioso el gachó.

Me levanto del sofá y le sigo. Le comenta a la panda que estaremos haciéndonos un piti en el balcón (ese sumidero de mierda de perro. Su perro, Cortaúñas se llama, pues de un mordisco te arranca un dedo... así que lo de Cortaúñas se queda corto, pero es de lo más tierno. No le toques los huevos y todo ira bien) y ellos asienten con su cara de lelos porreros. Buena gente, pero simplemente mentecatos.

Nos quedamos de pie, pues no hay sitio donde sentarse en todo ese pozo infecto y además Cortaúñas esta dando brincos, muy emocionado. Va to' salido y es mejor mantenerse lejos, a no ser que desees que tu pierna sea follada brutalmente por ese perro tan feacio (asquerosamente feo, recalco).

Roger sigue en silencio. Sigue con ese aire enigmático que me pone los pelos jodidamente de punta.

- Venga tío, ¿qué te ha pasado? - ya le pregunto preocupado. Él respira y piensa que decirme, se le nota que lo que vaya a soltar le cuesta.

- Estoy yendo a un seminario de control de la ira - me dice vergonzoso.

Aguanto la risa. Me pongo super rojo. Él, Roger, ¿control de la ira?. Esta claro que le hace falta, ¿pero me esperaba esto?. Pues no, para ser ciertos, no. Le doy una calada al cigarro, como restando importancia a lo que me acaba de soltar y pienso que decir, ya que lo que menos me interesa en estos momentos es un silencio incómodo (aunque el silencio solo haría que remarcar más los jadeos desesperantes de Cortaúñas).

- Guay, ¿no? - le digo confuso.

- Sí tío, sí, lo necesitaba - me dice serio - Pero no pienses ahora que soy un sensibleras o esas cosas, ¡eh! que aún te puedo partir la cara chaval - me dice con media sonrisa - Solo que ahora intentaré no meterme en más bullas y pensaré un poco antes de actuar. Tengo que intentar no dejarme llevar tan rápidamente - me dice serio y yo le asiento - ser menos impulsivo. Esa es la clave. Tío, perdona por las putadas y las hostias - me dice lastimoso - Tengo que pedir perdón a cada uno que me le he hecho daño. Limpiar mi conciencia y la de los demás. Menos violencia en nuestros actos - me dice soltándome una charla que jamás esperaría de su boca. Yo flipo.

- ¿Rollo A.A.? - le pregunto.

- Sí, como en Alcohólicos Anónimos. Reconocer los errores y pedir perdón por ellos. Entonces... ¿todo olvidado tío? - me pregunta.

- Claro - le espeto. Se me ha caído un mito. Se ha estrellado de tan alto que sus restos son irreconocibles - ¿Y que es lo que te ha pasado en el ojo?. Aún no me has respondido a ello.

- ¡Ah sí!. Claro, claro... Nah', un gilipollas. Iba por la calle, paseando al salido este - dice señalando a Cortaúñas - cuando me encontré con tu madre, así por un casual. Ella estaba hablando con un viejales y el tipo se puso pesado. Así que me acerqué a saludarla y a quitarle al capullo ese de encima, pero sin violencia y tal, primera regla del curso - me dice seriamente - Nada, era un testigo de Jehová que le quería enseñar el verdadero camino del señor o mierdas de esas... así que le dije que la dejara en paz, que no estaba interesada en esas tonterías. El tipo se fue con la cabeza gacha, pero no antes sin irse dándonos un sermón abominable. Cortaúñas se puso frenético, del aburrimiento y tal, y se tiró encima del viejo. Así que me tocó ponerme por el medio, pues ya le había rajado el traje y mordisqueado el culo. Y en esa que los separo, Cortaúñas me metió la pata en el ojo y me rajo la cornea. Muy feo todo. El testigo de Jehová gritando, que me iba a denunciar, que iba a matar a mi chucho... y nah', tú madre me agarró y me llevó a su casa. ¡Tío, que suerte que sea enfermera! - me dice orgulloso - Me curo guay el ojo y nah' llevaré este parche como dos semanas.

- Me alegro - le digo - ¿Cómo está mi vieja? - le pregunto. Llevo semanas sin hablar con ella.

- Muy guay... después de toda la cura me dio algo de jalar, unos perritos calientes tremendos, con queso fundido y cebollita tostada. Y eso… Cortaúñas iba to' molesto corriendo por la casa y nada, tú madre lo metió en tu antiguo cuarto y nos quedamos más tranquilos en el comedor.

- Guay - le digo.

- Tío... es verdad lo de la clavada.

- ¿Qué dices? – le pregunto confuso. Ya no se de que me habla.

- Que se la clave bien honda a tu madre - me dice con un sonrisa enorme - ¡Y que tetas tío!, ¡que tetas!.

Contengo la rabia unos segundos, pero no lo logro. Este mamón va a llevar los dos ojos ciegos durante una larga temporada. ¡Puto!.

25.3.13

La sombra bajo el árbol


- ¡¡¡Llegasss taaaaarde!!! - le cantan todas al unísono como bellos pajarillos que revolotean contentos sobre la copa de un árbol. Agnés pone cara de “ya lo sé perras, pero ha pasado algo” y se sienta en el césped junto a sus amigas.

- ¿Vino? - le pregunta Dolors pasándole un vaso.

- ¿Hace falta preguntar? - le dice riéndose Agnés - Sirve, guapa - Dolors le llena la copa hasta los topes y esta le da un sorbo largo y sonríe relajada. Se seca el sudor de la frente con la manga de la camiseta y resopla cansada. A Agnés le encanta el vino. Muchas veces dice que la composición de su sangre es del 75% de vino tinto y el otro 25% restante, cerveza negra (realmente usa esa frase a modo de presentación. Una forma de romper el hielo). No bebe nunca agua, así que vive en un continuo estado de semiembriagadez estupendo.

- ¿Que has traído para comer? - le pegunta Federica colocando la comida de las demás sobre el mantel remendado.

- Humus y pan de pita - dice - ¡Ah! también he traído pipas de calabaza para picotear - dice rebuscando en el bolso - Las he hecho yo. Han salido súper crujientes - dice mientras les pasa la bolsita para que las prueben. Cada una coge un puñadito y empiezan a jalar. Se escuchan murmullos de aprobación.

- Vale. Pues entonces hoy tenemos para comer ensalada valenciana de Dolors, arroz al horno al estilo francés hecho por Ann Marie, patatas al horno con verduras por una servidora y humus con pan por parte de la impuntual - dice Federica guiñándole el ojo a Agnés de forma cómplice - ¡Perfecto! - dice relamiéndose los labios secos viendo el apetitoso pan. Dolors comienza a cortarlo y una nubecilla humeante sale de sus entrañas. Les resulta hasta orgásmico esa tierna nube de humo.

- ¿Brindamos? - pregunta Agnés, la cual esta apurando ya el final de su reciente copa.

- Sí - contestan todas.

- Pero toma un poco más de vida - le dice Ann Marie con una feliz sonrisa mientras le sirve más vino a Agnés. Coge tres copas más y las llena también.

- ¿Tú también vas a beber vino? - le pregunta Federica a Ann Marie, mientras sostiene su mirada fija en su enorme barriga de preñada. Esta de cinco meses y medio.

- ¡Pues claro que sí!. Que no pasa nada por que me beba una copa o dos, ¿sabéis? - dice molesta - Estoy un poco hasta las narices ya de este temita, si no es esto es otra cosa, y siempre se me está mirando como una futura madre negligente. ¡Ni que estuviera haciendo corriendo delante de un toro o algo así!... - todas se quedan calladas - Y después todo el mundo, “Anne Marie felicidades por el bebe”, “Felicidades Anne Marie”, “Enhorabuena Anne Marie”… bla bla bla, ¿por qué me felicitan a todas horas y luego no dejan de recriminarme?. ¡Joder!. No lo entiendo. Me regalan flores por estar preñada, bombones, pero sin azúcar por el bebé, música clásica, postales gárrulas con fotos de cigüeñas agilipolladas... – dice dándole un sorbo a su copa de vino. Federica la mira con desaprobación - ¡Venga ya tía!. No me juzgues por esto. Quiero beber vino con la comida, ¿y quien sabe?, ¡puede que también un café después! - dice muy seria.

- ¿Pero eso puede alterar al bebé? - dice Federica - La cafeína no es buena cuando estás embarazada.

- ¡Pero que leches dices!. Preocupaos por mí de una santa vez, que yo me preocupo por mi futura hija, ¿vale?. Además, me lo tomaría descafeinado, engreída.

- ¿Brindamos? - dice Dolors cortando el tema.

- Sí, en ello nos habíamos quedado - dice Agnés - ¡Por Ann Marie y su tripón!.

- ¡Por mis queridas putillas! - dice Ann Marie con malicia.

Se miran a los ojos, chocan las copas y beben ese tinto joven, que se desliza dulcemente por sus gargantas.

- Bueno, ¿se puede saber por que llegas hora y media tarde? - le pregunta Ann Marie, robándole la misma pregunta a las otras dos amigas, las cuales ya estaban sirviendo los platos y mirando la comida con mucha gula. Agnés es conocida por su impuntualidad, pero sobretodo es conocida por que siempre tiene una buena escusa por la que llegar tarde. Puede ser desde un accidente de coche que la ha dejado atascada en la carretera, un pelea en la calle y ella metida en ella de mediadora (o de participe, no será la primera vez que le ponen unos cuantos puntos en esas bonitas cejas rubias), un incendio, un gato atrapado en un árbol, un robo a una señora mayor, una manifestación que se ha complicado, un amorío nefasto, etc. ¡Es Agnés la superheroína!. Siempre que hay algún problema aparece en el cielo una gran A, que la reclama, y ella, rauda y veloz, se va de cabeza al lío.

- Ha muerto Carby - dice aguantando el sollozo.

- ¡Vaya! - dice Ann Marie - Si era muy joven, ¿no? - pregunta perpleja.

- Sí pero... quien juega con la muerte con ella se encuentra al final.

- ¿Cómo?, ¿pero que es lo que le ha pasado? - pregunta Federica dejando su plato a parte sobre sus rodillas.

- Pues que uno de sus repentinos impulsos suicidas se ha cumplido. Ha saltado desde la pecera al ventilador y se ha convertido en sushi fresco contra mi pared en un segundo. Así que he llegado tarde porqué estaba recogiendo el amasijo de tripas de mi querido pez difunto y dándole un entierro como el se merecía... por el retrete.

- ¡Por Carby! - dice Dolors con mucha emoción levantándose del suelo y alzando su copa.

Federica y Ann Marie también se levantan y alzan sus copas. Todas miran a Agnés con emoción, la cual se ha quedado rezagada en el suelo, conteniendo el llanto. Necesita un segundo.

- ¿Decimos unas palabras en su honor? - pregunta Ann Marie mirando a Agnés. Ella asiente con la cabeza - Comenzaré yo pues... Carby, estuviste con nosotras aproximadamente un mes. Eras pequeño y resbaladizo. Con colores vivos y mágicos. Muy glotón, como tu dueña, y tenías mucha vida por delante, al menos un par de años... Pero decidiste saltar lejos, y volar... lástima que el vuelo fuera fallido. Ahora... descansa en la gran cloaca, quiero decir, el mar - alzan las copas y beben.

- Yo no llegué a conocer al pequeño Carby... pero por lo que cuenta Ann Marie fue un pez muy bello... y por lo que sabemos de su muerte, un aventurero nato, como su dueña. Así que... ¡larga vida espectral Carby! - dice Federica sonriente.

- Es mi turno - dice Dolors - Yo, Carby, fui la primera en verte... yo vi tu belleza en esa tienda de animales. Vi como bailabas en la pecera, resplandeciente, precioso, me atrevería a decir sexy, si se puede considerar sexy a un pez, con andares de galán... yo fui la que insistió a Agnés que te comprará... ¡y así fue!. Ese día fuimos a comer a un restaurante juntas las tres, Agnés, Carby y yo. Recuerdo que Agnés te dio vino en la comida y pensábamos que morirías esa misma tarde... fuiste fuerte y no te dejaste matar... y por suerte has vivido un mes, ¡un mes grandioso!. Alimentado por los mejores caldos blancos, rosados y tintos y algún que otro espumoso. Por Carby, ¡el pez borracho! - dice Dolors conteniendo las lagrimillas.

Agnés se levanta y abraza a sus amigas. Las copas vacían brillan con el sol fuerte de mediodía y todas se miran lastimeras. Ese momento íntimo es roto por el sonido de las tripas de Ann Marie. “Que queréis chicas, aquí la nena tiene hambre” dice ella señalándose la tripa. Nota como la niña da vueltas. Se sientan de nuevo en el césped y comienzan a comer.

- ¿Cómo está tu padre Agnés? - pregunta Ann Marie mientras se pone protector solar en la cara y en los hombros. Es blanca como el papel, y el sol primaveral ataca a las pieles sensibles. Aunque se encuentran sentadas bajo la sombra del árbol más frondoso del parque, los rayos de sol se filtran esquivando cada una de sus verdosas hojas.

- Como Carby, tocándome seriamente los ovarios - dice secamente Agnés.

- ¿Sigue intentando suicidarse? - dice Federica, la cual esta sacando unos pastelitos de almendras que tenía reservados para el postre, acompañados de mistela fresquita.

- Sí. Cada día va a peor.

- ¿Pero por qué lo hace? - pregunta Dolors robando un pastelito de la bandeja.

- Pues como existen los masturbadores crónicos también existen los suicidas crónicos. Así me lo dijo el médico - dice Agnés sirviéndose un chupito de mistela.

- ¿Pero qué? - dice Federica patidifusa.

- Claro... lo que él quería decir que son conductas impulsivas... a unos les das por darle a la zambomba y a otros por intentar quitarse la vida - dice Ann Marie.

- Ya, eso es... pero no es comparable - dice Dolors con mala cara.

- Claro que no es comparable - le responde Ann Marie - Pero no sé... por alguna razón habrá escogido semejante ejemplo el doctor, ¿no?.

- Sí, por que es un gilipollas - dice Agnés - Primero me soltó esa sandez, cuando yo le hice la pregunta de por qué mi padre hacía eso, y después intentó ligar conmigo.

- ¿Sí?, ¿qué le dijiste? - pregunta Dolors morbosa.

- Pues me hice la sueca un buen rato... pues quería hablar del tratamiento que le darían a mi padre en ese centro y demás... pero él insistía, e insistía .. así que le dije que soy lesbiana y él se puso en plan “Vaya, vaya... pensaba que eras hetero” super contrariado y yo “¿Por qué?, ¿por qué no llevo el pelo corto y camisa a cuadros?”... ya me estaba tocando los ovarios bien tocados... así que me puse a jugar con el jueguecito des los estereotipos... y él va y me suelta “Sí… ¡identifícate!”... Así que salí de la consulta, fui a recepción, puse una reclamación y después entré de nuevo a su consulta... él se me medio disculpo diciéndome que estaba pasando un mal momento, que su mujer se había ido de casa, llorando a pierna suelta... le dije que no me interesaba su vida, que ya había puesto una reclamación, que me iba a llevar a mi padre de ese centro, que iba a ir a los juzgados y después le pegué una hostia y me fui más ancha que pancha...

- ¡Joder! - grita Ann Marie con la boca llena - ¡Pero que cretino!. No deberías de haberle pegado... pues puede usar eso en tú contra... ¡pero vaya tío!.

- Dí que te estaba acosando aún más - dice Federica - A ese tío se le va a caer el pelo.

- Es calvo - le contesta Agnés.

- Bueno, pues se va a quedar to' jodido. ¡Uy sí!. Cretino.

- ¿Y tú padre?, ¿que vas a hacer con él?, ¿a que centro irá ahora?.

- Pues no lo sé... llevamos un año ya con esto... no sabemos nada... cual es el puñetero detonante que le causó está conducta, como ayudarle, como salvarle de él mismo... es muy frustrante chicas...

- ¿Donde está ahora? - le pregunta Dolors.

- En casa de Berta. Es que esta se ha pillado un piso en la playa y todos los fin des se va con los nanos allá. Así que hemos pensado que sería buena idea que estuviera con sus nietos.

- ¿Y si le da por autolesionarse? - pregunta preocupada Federica.

- Esta Jason en la casa también. Es enfermero... así que eso nos da algo más de calma. En fin tías... que a saber que pasa con mi padre... si quiere matarse se matará... si es su deseo, al final habrá que aceptarlo. Anda... pasarme algo de mistela, que estoy seca.

Terminan con los pastelillos y las botellas de vino y la de mistela. Agnés se queda frita bajo el árbol junto a Dolors. Ann Marie está tomando el sol en sujetador. Su barrigón esta completamente lleno de crema blanquecina. Federica no hace más que embadurnarla, pues teme que los rallos de sol le produzcan cáncer de piel a la futura niña. Ann Marie no protesta, ya que tiene masajito gratis.

- ¿Cómo está tú hermano? - le pregunta Ann Marie a Federica.

- No preguntes.

- ¿Por qué?, ¿qué ha hecho esta vez?.

- Nada tía... no quiero hablar de él - dice poniendo mala cara.

- Baaahh perracaaaa dime algo. Díselo a mi barriga. Yo no escucho, ¿ok? - dice con ojos de gato lastimero.

- ¡No te pongas pesada francesita! - le responde Federica.

- Vale, vale... quítate de encima guarra. Voy a beberme un copazo.

- ¡No!... la niña Ann Marie... la niña - dice abrazando con mimo su barriga.

- Sí, mí niña tontaca, mí niña - le dice reincorporándose con dificultad.

- Valeeee - dice tumbándola de nuevo - ¡Eres mala!, ¡muy mala! - le dice mirándole con la cabeza tumbada en su barriga.

- No soy yo, es la niña, ella me controla - dice riéndose.

- Bajad la voz barriobajeras, ¡hay gente que intenta hacer la siesta! - les pega un chillido Agnés mientras abraza a Dolors a modo de lapa.

- Bien... pues el otro día tú tía Federica - le dice Federica a la barriga de Ann Marie - estaba en el piso de su hermano.

- ¿Estaba David? - le pregunta Ann Marie.

- No estoy hablando contigo entrometida. Pero sí, estaba David - dice con la cara iluminada.

- Vale... pues estaban todos jugando a la Wi, bebiendo cervezas... y eso. Me senté con David. Hablamos muy a gusto, mucho rato. Mi hermano todo el rato jodiendo. Y yo en plan... “tío, déjanos”. Y él, que es más corto que un burro y no capta las indirectas molestando aún más... parecía la típica madre que saca las fotos de su hija cuando tiene dos años y se las enseña a todo el mundo. Esa fotos vergonzosas de los baños, los pañales con sorpresas, los festines con la comida...

- Yo no haré eso - dice Ann Marie.

- Ya veremos... en fin, barriguita mía... que David me tiró cacho.

- ¿Sí? - dice Dolors despegándose de Agnés.

- Contigo tampoco estoy hablando - le contesta Federica.

- Venga ya y cuenta que paso, ¿te la clavó? - dice Agnés bostezando.

- ¡Mujeres a callar! - grita Federica - ¿Por donde iba?.

- Por que te tiró cacho - dice Ann Marie - Yo no estoy escuchando, es la nena, que me dice por donde ibas.

- Vale... pues nada, nos fuimos al baño y nos comenzamos a liar.

- ¡Al fin! - grita Dolors.

- ¿Y bien? - pregunta Agnés.

- Muy muy muy bien. Él tío besa de muerte. Estaba comiéndome el cuello y yo sentía que me derretía. Y nada, me comenzó a desnudar, y él estaba completamente vestido. Y yo uffff... y va y me empotra contra la pared y me come enterita... y luego va y me sienta en el water y empezó a lamérmelo todo... y yo en plan, para para, porqué iba sin depilar... y él hay dándolo todo... y era todo estupendo hasta que vi a mi hermano, asomado con el puto móvil grabando la escenita.

- ¡Joder!, ¿y que hiciste? - le pregunta Dolors con los ojos abiertos como platos.

- Gritar como una loca, asustar al pobre David, que estaba ahí tan metido que no se había dado ni cuenta, vestirme e intentar matar a mi hermano... el cuál estaba de cachondeo enseñándole el vídeo al resto de gente que había en su piso.

- Esta chispeando - dice Ann Marie.

- ¡Que va!. Es Federica... que chorrea al rememorar su historia - suelta Agnés.

- ¡Serás cerda! - dice Federica.

- Cerda tú... que le cuentas, con todo lujo de detalles, tu vida sexual aquí a la futura nena - le responde Agnés.

- Pero... - dice Federica.

- Llueve tías - grita Ann Marie intentando incorporarse.

- Lo peor de todo es que ha subido el video a una página porno. Y el vídeo tiene 30.000 visitas ya - grita Federica riéndose por no llorar. Todas se quedan paradas, mirándole, aguantándose la risa.

- ¿Y donde dices que tenemos que entrar para ver el vídeo? - dice Ann Marie a carcajada limpia.

Se esconden bajo el árbol para guarecerse un poco del agua, pero ya están completamente empapadas. Se quedan riendo, como en éxtasis, viendo como el agua golpea el vidrio de las botellas de vino blanco y tinto.

27.2.13

Vacío de garbanzos


-  ¿Cómo ha ido el vuelo cariño?, ¿todo bien?.

- Claro Eriada, sin ningún problema – le contesta Humberto cogiendo su maleta y dirigiéndose hacía el baño.

- Ufff… no sabes lo preocupada que estaba. He rezado seis avemarías y catorce padres nuestros con el rosario de mí bisabuela. También te he puesto un cirio grande en la iglesia y varias velas pequeñas en casa, junto a nuestra foto de bodas – le dice orgullosa.

- ¡Que exagerada que eres querida!. Siempre que vuelo la misma historia – dice Humberto avergonzado del comportamiento de su mujer. Se alegra de que nadie este escuchando esa conversación, pues está solo en el baño del aeropuerto y tiene el móvil con el manos libres (odia hablar con la oreja pegada al móvil, por las ondas electromagnéticas).

-  No cariño, gracias a el vuelo ha ido correctamente.

-  Querrás decir gracias al piloto, ¿no querida? – le pregunta perspicaz.

- ¿Has avisado a Carmen de que estás en Milán? – le pregunta Eriada cambiándole el tema. Le ofende que su marido no entienda su preocupación por los aviones, le parecen inestables y poco fiables. ¡Como ese armatoste de hierro y metal osa cruzar el cielo rompiendo las nubes perfectas de la creación del Señor!.

-  No. Quiero que sea una sorpresa – dice sonriendo Humberto. Tiene unas ganas locas de ver a su hija. Carmen lleva tres años estudiando un master de teología en Milán y ve a sus padres cada navidad y semana Santa – Tengo pensado presentarme en su casa sin previo aviso.

-  Como veas… ¡pero ya sabes que no le gustan las sorpresas! – dice refunfuñando Eriada - ¿Y si no la encuentras en su casa? – le pregunta muy preocupada.

-  Pues no hay problema, iré a su trabajo. Tengo la dirección – dice sacando un pequeño papel de dentro del bolsillo de su traje gris, donde lo tiene todo apuntado con una letra clara e inmaculada. Lee en voz alta – Strada Rosa, número 15. Caffè degli Angeli.

-  ¿Y si no está en el trabajo? – dice alarmada Eriada. Se inquieta por todo.

-  Pues ya que estaré allí me tomaré un buon caffè – sonríe Humberto - y después la llamaré al móvil y le diré donde estoy. Ahí se acaba todo mi misterio – ríe. Cuando ríe se le mueve su delicado bigote negro y se le arruga su alargada y porosa nariz. Parece un trapo viejo lleno de una nube plomiza.

-  ¿Cuándo vas a ir a verla?, ¿esta noche?.

-  No querida, no la veré hasta mañana. Cuando llegue al hotel tendré que ponerme con la ponencia del sábado, que durara hasta la tarde… ya sabes como son esos italianos, vino y buen comer… ¡no tienen remedio!. Yo me escabulliré cuando pueda y me marcharé a ver a Carmen. Quiero invitarla a cenar.

-  ¿A qué hora regresaba tu vuelo el domingo cariño?.

- A la tarde, llego a Madrid a las 19h-19.15h. Estaré en casa a eso de las 20.30h. Dependiendo del tráfico, ya sabes como esta Madrid a esas horas, todo el mundo desea volver a casa – dice Humberto cogiendo el móvil y desactivando el manos libres, pues uno de sus compañeros ha entrado en el baño. Hastiado (por usar ese aparato galvanizado) se despide de su mujer.

-  Robbie, andiamo a prendere un taxi – le dice Humberto a su compañero. El cual está arrojando todo lo que ha tragado en el avión (dos sándwiches de pollo con mahonesa, un café con leche, una bolsa de cacahuetes con chocolate, un paquete de galletas saladas y un pastelito de coñac) al “pulcro” baño del aeropuerto.

- Chiaro, andiamo Humberto - dice vomitando de nuevo. Resuenan sus tripas en ese gigantesco baño de porcelana italiana.

Robbie sale del baño, se limpia la cara y respira hondo.

- ¡Joder! pensaba que iba a tirar hasta el hígado. ¡Dios! que mal me encuentro - dice como un niño que se ha empachado con dulces en la noche de halloween.

-  Es normal, has comido  como un cerdo Robbie.

- Es por la ansiedad. Ante los vuelos siempre me pongo igual - dice mientras se seca las manos - Bueno, vamos a coger un taxi e ir al hotel, que tengo que darme una alegría después de este fatídico viajecito - dice con una risa estúpida - Toma, aquí tienes el teléfono de “la compañía”... por si cambias de opinión. De total confianza y de absoluta discreción - le dice pasándole una tarjeta rosada en la que pone I gemiti di Dio en letras doradas, y un número de teléfono. No hay ninguna dirección.

Humberto y Robbie marchan con el resto de sus compañeros en un taxi desde el aeropuerto al hotel La giornata di oggi. Son cuatro catedráticos los que han ido a Milán por las jornadas de arte: El neoexpresionismo como sino, organizadas por la Universidad de Milán.

Al llegar al hotel Humberto chequea su habitación. Una cama grande y cómoda, un baño limpio, con bañera de masaje, televisor, un buen sofá, un escritorio donde poder trabajar, el minibar repleto... Deshace su maleta con calma y guarda sus trajes, perfectamente planchados, en el armario. Luego llama al servicio de habitaciones y pide que le traigan un té verde y un pedazo de pastel de limón. Mientras espera saca su portátil y lo deja en el escritorio, después saca un par de libros de neoexpresionismo y de impresionismo y por último, un pequeño diccionario de viaje de español-italiano. Se queda leyendo las frases comunes y practica un poco su oxidada pronunciación. Llaman a la puerta y un joven le trae su pedido. Se lo deja en la mesita de al lado de la cama y se marcha dejando un aroma a canela y clavo. Humberto se bebe el té tranquilo y saca la tarjetita rosada de su bolsillo. Se queda mirando el teléfono un momento, meditativo. Bebe otro sorbo de té, quemándose un poco la lengua. Descuelga el teléfono y marca.

-  Buona notte... quería reservar un servicio - dice con voz queda.

-  Come lo vuoi? - le pregunta una voz aguda, cargada de nicotina.

-  Quiero que sea menor de treinta años, con poco pecho y que este bien delgada - dice Humberto nervioso.

-  Perfetto. Dove mandiamo?.

Humberto termina de dar las indicaciones correspondientes de dirección y tarifa mientras agota su té y acaba con el último pedacito de pastel que le quedaba. En el baño se limpia concienzudamente el pene y los testículos, con una esponja natural y jabón de rosas. Los dientes no se los lava, así evita besar a la chica, es una de sus reglas en estas situaciones (le asquea pensar donde ha podido estar esa boca antes). Llaman a la puerta. Es Robbie.

- Humberto, ¿sales a cenar con nosotros? - pregunta Robbie mientras se saca un cigarrillo y se lo deja en la oreja listo para encender.

- No, me voy a quedar repasando la exposición de mañana - le contesta Humberto señalándole el montón de libros que tiene sobre el escritorio y el portátil encendido.

-  ¿Pero tendrás que cenar?.

- Ya he cenado. Nada más he llegado me he pedido un té y un trozo de pastel. Muy buenos, por cierto.

-  Como veas, entonces ya te veo mañana... ¿Seguro que no te quieres venir?, ¿una copa aunque sea?.

-  No insistas, tengo trabajo pendiente.

-  Bien. Pues entonces nos vemos a las 7h en la puerta del hotel. Que disfrutes de tu noche de estudio - le dice con una carcajada - Por cierto, ¿hueles muy bien?, ¿no estarás esperando a nadie? - se mofa. Humberto le sonríe seriamente y cierra la puerta. Robbie se marcha riendo.

Humberto se pone a leer y se introduce en una ensoñación de verborrea incesante, sobre trazados y colores, texturas y relieves de una de las obras de las que ha de hablar al día siguiente, Vacío de garbanzos, una obra que le desconcierta aún su significado. La figura principal del cuadro es una mujer joven, desnuda. Se encuentra en la vía láctea, y las estrellas, garbanzos, brillan tiernamente, reflejando una suave y cálida luz sobre su cuerpo. Un extraño vacío se forma tras ella, reflejando una oscuridad y profundidad extrema. Llaman por teléfono, rompiendo su trance artístico.

-  Signore, da visitare. Vuole a salire? - le pregunta el recepcionista a Humberto.

-  Chiaro, farlo accadere.

Humberto deja sus libros de nuevo en la mesa y se levanta nervioso, esperando en la puerta, como un perro espera a su dueña, con la cola agitada y contenta. Se desnuda rápidamente y deja la ropa en el suelo, de forma desordenada. Se tumba en la cama, boca abajo, hundiendo su cabeza en la almohada y cierra los ojos en un intento de controlar su excitación. Llaman a la puerta, un golpe corto y seco. Humberto le hace pasar.

- Signore buona sera - dice una voz sensual y seductora que hace que la sangre de Humberto fluya rápida y directa en una única dirección.

- Buonanotte lady - le responde, un tanto incomprensible al tener la cabeza metida en la almohada - togliersi i vestiti e vieni qui. Prendi sulla schiena.

La joven se desnuda y deja su vestido color rosa palo en la silla. Es verano, no hace frío, pero el modelito es el mismo que en invierno a -10ºC. Se queda un instante parada, en ropa interior, como si necesitara prepararse para tal situación. Lleva un sujetador de encaje blanco y un tanga de tul encarnado. Se acerca a la cama sigilosa, con unos pasos ligeros. Humberto sigue boca abajo, aún ni siquiera ha levantado la mirada para verla. Solo sabe que le gusta como huele. Ella se sube sobre él, sentándose sobre su trasero desnudo. Coloca sus manos en su espalda y desliza sus dedos por sus omóplatos, presionándolos con delicadeza. Masajea su espalda con cuidado y Humberto, sofocado, ahoga sus gemidos placenteros. Ella le besa el cuello y su lengua repta hasta su oreja. Humberto se gira pasionalmente y se coloca sobre la joven. Un grito de terror se apodera de los dos, cuando sus miradas se cruzan.

-  ¿¡PAPÁ!? - grita Carmen quitándoselo de encima a golpetazos.

-  ¿¡CARMEN!? - aúlla Humberto alucinado, paralizado sobre su hija.

Carmen se levanta corriendo de la cama y se coloca su vestido con rapidez. Humberto se enrolla en la manta y se levanta confuso. Ambos hunden sus miradas en el suelo y sollozan turbados, pensando lo que estaba a punto de ocurrir y lo que ya había ocurrido. Un silencio desgarrador les atraviesa el pecho.

-  Hija mía, ¿que estabas haciendo?, ¿¡eres una PUTA!?. - grita enfermo.

-  ¡Oh Dios mío!, ¡Díos mío!. ¡Hemos estado a punto de acostarnos! - dice Carmen flipada.

-  ¡Mi hija!, ¡mi pequeña nena una PUTA! - llora desconsolado.

-  Papá, por favor, vístete, que te sigo viendo el... - le dice señalándole el pene flácido que asoma entre las sábanas.

Humberto se tapa con rapidez y coge toda su ropa del suelo. Corriendo se mete en el baño, cerrando la puerta con un fuerte portazo. Se ve en el espejo y se da asco, no puede evitar vomitar. Vomita la pila y parte de su pecho. Tropezones de pastel le cubren los pezones. Mientras Carmen abre el minibar y se bebe dos botellitas de ginebra en tres tragos. Ambos no paran de llorar. Humberto se da una ducha, intentando quitarse la suciedad que siente sobre él y Carmen sigue bebiendo nerviosa, queriendo borrar de su mente esas imágenes que le estaban acosando.

Tras casi una hora, Humberto sale del baño y ve a su hija sentada en el borde de la cama, con el rimel corrido y la cara descompuesta. Él se sienta a su lado y le coge de la mano. Ella la suelta asustada y vuelve a llorar.

-  Carmen, ¿que haces aquí? - le dice levantándole la cara.

-  Mi trabajo papá - le responde honesta.

-  ¿Pero como te atreves?, ¿por qué?.

- Por que gano más que sirviendo cafés, por eso papá - le dice apartándole la mano de la cara y levantándose.

Humberto no puede creer lo que sus ojos ven y lo que sus oídos escuchan.

- Por favor, tápate. Toma, ponte esto - le dice pasándole una bata del hotel - No puedo verte así - dice bajando su cabeza de nuevo.

-  Peor te visto yo a ti, ¿no? - le dice molesta mientras se pone la bata. Coge otra botellita del minibar y se la bebe de un trago.

-  ¡Hija mía!. No me lo puedo creer. ¡Eres una puta!.

-  Sí, y tú un putero, ¿cuál es el problema?.

-  Por Dios bendito, ¡vendes tú cuerpo! - dice intranquilo.

-  ¡Maldito hipócrita!. ¡Pues tú lo has comprado! - le responde chillona.

- Ya... pero no es lo mismo hija. ¿Tienes problemas de dinero?. Mamá y yo te mandaremos más - le dice como ofreciéndole la solución a todos sus problemas.

-  No papá, no tengo problemas de dinero.

- ¿Estás metida en una mafia?, te obligan a hacerlo, ¿verdad? - le dice Humberto confiado de que esa es la única razón plausible  por la que su pequeña hija esta metida en esos asuntos.

-  Estaba harta de trabajar turnos imposibles en la cafetería, de no ganar lo suficiente... y no se cómo, me metí en este mundo, pero estoy bien. Lo hago por que quiero, nadie me obliga papá.

-  ¿Pero como es posible?. ¡Estudias teología!. Se coherente. ¡Eso es pecado!.

-  Le dice de nuevo el pecador a “la pecadora”. Que te entre en la cabeza, trabajo de prostituta, sí, por que quiero. Y no me da vergüenza decirlo.

Humberto se levanta y coge su talonario. Escribe en el una cantidad de 5.000 euros para su hija. Se lo pasa y ella lo mira con asco y lo rompe.

- No quiero tú sucio dinero papá - le grita.

Él la abofetea y ella, dolida, le empuja. Humberto cae al suelo, golpeándose contra la cama.

- Carmen - dice llorando - ¿por qué? - sigue llorando - Te hemos dado una buena educación cristiana, te hemos enseñado las diferencias entre el bien y el mal, te hemos querido... has tenido libertades, has viajado y hemos confiado siempre en ti, ¿por qué nos haces esto hija? - le pregunta sollozando.

- Yo no os estoy haciendo nada. Hago esto por que quiero, al igual que lo dejaré cuando quiera - dice conteniendo el llanto.

-  ¡Si tu madre se entera!. Se le va a partir el corazón.

-  Ya, pues también se enteraría de tus intenciones, que se habrían consumado si no llego a ser yo.

De nuevo se quedan en silencio. Sin poder mirarse a la cara. Carmen no para de coger botellas del minibar, y su cabeza ya deja de taladrarla tanto con las imágenes de su padre desnudo, sobre ella, con el miembro duro y completamente erecto sobre sus piernas.

- Papá, ¿y tú que haces aquí?, ¿por que no me has llamado diciéndome que estabas en Milán?.

-  Te quería dar una sorpresa.

-  La sorpresa nos la hemos llevado los dos, ¿verdad? - dice con una risa fuerte.

- Tengo un seminario de arte mañana y había pensado en pasarme por tu trabajo, la cafetería donde trabajabas antes de hacer esto que haces y... emmm... nada, te querría haber invitado a cenar.

-  ¿Cuanto tiempo llevas aquí? - le pregunta un poco más calmada, sentándose a su lado.

-  He llegado esta tarde, en el vuelo de las 18h - le contesta mientras se mira las manos.

-  ¿Y has venido solo?.

-  No, con cuatro compañeros más.

- ¿Cómo has conseguido el teléfono del local donde trabajo?, ¿es un contacto que os dan a los catedráticos en la universidad?, ¿entra dentro de las “dietas y desplazamientos” que os dan en los viajes? - le recrimina con burla.

-  ¡Por supuesto que no! - responde molesto - Me lo paso uno de mis compañeros.

-  ¿Así que nada más llegar a Milán ya estabas pidiendo un servicio?.

-  Sí – dice con vergüenza.

-  ¿Es la primera vez que lo haces?.

-  No quiero hablar de esto.

- ¡Por favor papá!. Después de lo que hemos estado a punto de hacer este tema no es nada - le dice levantándole, ahora ella, la cabeza y mirándole a los ojos.

-  Pues no, no es la primera vez.

- ¿Y por qué lo haces?, ¿por qué compras el tiempo y el cuerpo de una mujer teniendo a mamá esperándote en casa como una boba?.

-  Pues no lo sé hija... no lo se.

-  Sí lo sabes, pero no quieres hablar de ello.

-  ¿Y tú?, ¿cuanto tiempo llevas con este “empleo”?.

- Seis meses - le contesta. A Humberto se le encoge el corazón - Pero creo que es mejor que no hablemos más de esto. Toma, bebé un trago - le dice pasándole una botellita, casi vacía, de ron.

-  Ya que bebo, bebo bien hija - dice mientras que se levanta y coge cuatro botellitas de vodka - ¿Tú que quieres?.

-  Lo que sea, pero que tenga bastante alcohol.

-  ¿Absenta? - le pregunta Humberto.

Se quedan sentados en el suelo, bebiendo, obnubilando sus mentes con el alcohol. Hablando de arte, de Milán, del dinero, de su madre, del amor, de la pena, la vergüenza, la frustración... Humberto sigue queriendo hacer entrar en razón a su hija y Carmen sigue negándole “su ayuda” y “sus consejos”. Acaban dormidos, Carmen en la cama y Humberto en el sofá. A las 6h de la mañana suena el despertador, Humberto piensa en marcharse sin despedirse de su hija, esa misma idea se le había pasado por la cabeza a Carmen horas atrás, pero no lo hizo, y él tampoco.

Mientras Humberto se ducha Carmen se arregla un poco. Tiene los ojos hinchados de tanto llorar y le duele la cabeza por el alcohol.  Ya listos, bajan juntos en el ascensor, aparentando ser desconocidos. En la puerta del hotel, Carmen comienza a andar sin decirle nada a su padre.

-  Espera - grita Humberto - ¿te veré esta noche? - le dice lloroso de nuevo.

-  No sé papá - responde ella confusa. Quiere encerrarse en su casa y no salir nunca más.

-  Llámame tú si quieres, ¿vale hija?. Ya sabes... me marcho mañana a la tarde.

-  Sí.

-  Adiós hija.

-  Hasta pronto papá - le dice dándole un cálido abrazo.

Carmen se marcha y Robbie sale por la puerta.

- ¡Buenos días campeón! - dice Robbie saliendo a la entrada del hotel encendiéndose un cigarrillo - ¡Veo que alguien cambió de opinión a última hora y acabó llamando a “la compañía”! - dice riendo - ¡Madre mía!, que buena que esta la tía, ¡joderrr!. Buahhh y que pinta de fogosa que tiene. ¿Has dormido algo Humberto o has estado toda la noche clavándosela a esa rubia de infarto?. Menuda cara que tienes, estas súper ojeroso - dice a carcajadas.

- Esa rubia es mi hija - dice secamente Humberto. Robbie se atraganta y se le cae el cigarro sobre la mano, quemándose un poco el dedo corazón. Humberto se queda en silencio, viendo como Carmen se marcha calle abajo mientras sale el sol.