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27.6.15

Partida

Y aunque el sol estaba a punto de desplomarse, la niña miraba al cielo, con los ojos cubiertos de lágrimas y una absoluta endereza. La vida se le escapaba y ella no había llegado a ser mayor, a ser como su madre, como su padre, como sus abuelas… no llegó a besar a ese chico que tanto le gustaba, de ojos claros y sonrisa afable, tampoco pudo hacer su ruta en bicicleta con su amiga imaginaria y su gata Cascabel en la cesta. A pesar de tener miedo, una extraña sensación la envolvía. El mundo moría, pero ella sentía que su camino solo hacía que empezar. El sol parecía sonreírle mientras le secaba las lágrimas con rayos de fuego. 


23.6.15

Llamada

Lo único que puede hacer es esperar su llamada. El tiempo atraviesa su pecho como aquel cuchillo que le clavaron en el 56. Firme, potente y asesino. Intentaron acabar con él, pero no es tan sencillo. Las fotos del escritorio muestran un matrimonio falso, ponzoñoso y dañino. Él solo puede pensar en poner una fotografía junto a James. Una de tantas. De sus viajes furtivos, de sus escapadas románticas. Una fotografía que revele un amor de verdad, la felicidad, la pura vida. El teléfono suena, al otro lado, un grito, sordo y ensombrecedor, hace que su pecho llore sangre, por esa herida que creía olvidada desde tantos años. James se encuentra muerto al otro lado del auricular.  

Fotografía de Christian Pereira Rogel - Internacional microcuentista junio

4.6.15

El buitre vegano del Peñagolosa

No es fácil ser vegano dentro de una panda de carroñeros. Cae muerto un zorro y nosotros vamos disparados a jalarnos sus entrañas. Me lo planteé el otro día, ¿por qué manchó mi pico de sangre día tras día? ¿Por qué esperó sobre los árboles a que algún ciervo muera? ¿Por qué sobrevuelo los cielos como un loco aguardando el fallecimiento de todo quisqui? Por mi padre. Él quería que siguiera su camino. Pero nunca pensó que yo no quisiera. Siempre estaba con el rollo de “sigue tu naturaleza” “somos buitres, debemos de comernos lo que los demás no quieren” “es el ciclo de la vida hijo”. Puag, ¡ni que fuéramos hienas! Y aquí estoy, fingiendo ser un asesino desalmado, mientras pienso en esas ensaladas macrobióticas con pipas y salsa de soja de las que tanto oigo hablar. ¿Si me comiera el estómago de un vegano contaría? Suspiro mientras meto mi pico dentro de un flamenco. Remuevo mi cabeza dentro de él, manchando mis plumas de una sangre rosada. Era tan bello. Ahora Gyps se está comiendo su pata. ¡Asqueroso caníbal! Puf, estoy harto de este teatro. Quisiera poder ser quien quiero ser, y no el constructo de lo que los demás me dicen. ¿Por qué no puedo decir libremente que no quiero comerme a otros? ¿Por qué por ello la gente se reiría de mí? Estoy harto de salir a hurtadillas para comerme una calabaza. El otro día casi me pilla mi hermano. Él, con su fabuloso premio al carroñero del año acuñado por la revista “Cómete a un muerto”. Sin el apoyo del resto es difícil demostrar tu verdadera naturaleza. Pero dicen que las cosas están cambiando y que la mentalidad de la gente está más abierta. Recemos por ello. Espérate cuando se enteren de que hago yoga.