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18.3.11

Hoja de otoño

- Siempre usaba hojas secas para hacer sus cigarrillos. Mi abuelo, Ernesto Corona, se ponía las botas en los jardines y parques, cogiendo hojas del suelo y mezclándolas con su tabaco. Se llenaba los bolsillos de su gabardina, hasta no poder más, además de todas las bolsas de tela, tejidas por mi mañosa abuela, también hasta los topes. Se hacía unos fabulosos pitillos con un aroma evocador al otoño. ¡Deliciosos!. En su casa había sustituido la antigua sala de revelado de fotos para instalar una de secado de hojas. Antes amaba hacer fotos a los árboles y, después, pasó a dedicarse a desnudarlos con delicadeza, para después fumárselos con su oscura pipa de roble. Incluso había comenzado ha hacerse su propio papel de fumar. ¡Todo un genio fue este hombre!. Mi abuela Isabella murió hace cinco años y fue desde entonces cuando mi abuelo dejó su auténtica pasión, la fotografía, pues su musa querida yacía bajo tierra, abonando las tierras sin vida del cementerio y otorgándole a las plantas su dulce sangre revitalizadora. Mi abuelo siempre me dijo que su último cigarro procedería del naranjo que está sobre la tumba de mi abuela, el cuál se nutre de su esencia. Ese sería su último veguero, con sabor a cítrico sabroso, y sentiría los besos robados, por la muerte, de su bella esposa, bajo la sombra de ese árbol majestuoso. Decidió que sería así, que después de llenarse los pulmones de ese humo exquisito dejaría de vivir, esfumándose como el humo en el aire, como las cenizas muertas que cruzan el cielo invisibles. Y así, sin más, se fue. - Suzanne solloza y respira.

Al terminar el tierno epitafio de su abuelo, todos lloran conmovidos por la anécdota contada por su única nieta. Suzanne siente que ese día va a ser interminable y piensa que no va poder superarlo de una sola pieza. Sale fuera de la iglesia y saca la pitillera de su abuelo. En la cubierta están gravadas sus iniciales en un suave tono bermejo. Dentro de ella tiene un par de deliciosos cigarros con aroma a canela. Enciende uno y cierra los ojos, divisando el rostro de su abuelo, con cada una de sus profundas arrugas, sus lunares y pecas curiosas como él mismo, su larga barba canosa y sus diminutas orejas paliduchas. Esos ojos claros, como el océano cristalino y sus labios secos, de un intenso color rosado. Suzanne se queda inmóvil, con los ojos sumergidos en lágrimas silenciosas, y recuerda su primer cigarro.

- Suzanne, eres muy joven para fumar, pero si insistes, es mejor que fumes uno de mis cigarros - dice Ernesto preparándole un pitillo de hojas de mora y menta.

- Abuelo, no soy tan pequeña, ¡ya voy a la universidad!- dice protestona.

- Ya sabes que para mí siempre serás una diminuta niñita - dice con una suave sonrisa.

Se mete ambos cigarros a la boca, los enciende y chupa ese humo grato. Le pasa a su nieta el cigarrillo. Suzanne le da una corta calada y, siente como si una nube de frutas del bosque mentoladas, se deslizara por su virgen garganta. Suzanne le dirige una sonrisa cómplice a su abuelo. No quiere que pase el tiempo. No cambiaría ese instante de tiempo por nada.

Cuando Suzanne abre los ojos, observa el mundo gris que la rodea. Un cielo sin brillo, un aire denso y molesto y una lluvia que a penas siente que la moja. Siente el espíritu vacío, pero le pesa el alma. Suzanne camina ausente, hasta la tumba de su abuela. Se sienta en el suelo mojado, y acaricia la tierra húmeda. Sumerge sus dedos en ella, hasta cubrirlos de barro. Deja caer su tronco al suelo, y se ríe, furiosa, del cielo.
Enciende el último pitillo de su abuelo y cierra los ojos, sin querer volver a abrirlos nunca más.

12.3.11

Día rojo

Escena 1. Batalla campal:

- ¡Mataré a todo tú ejército Pangash, y mis dragones devoraran sus cuerpos enfermos! - grita colérico Adán.

- ¡No, si yo puedo evitarlo! - exclama Lady Magnabalarada - Encojo tú corazón con mi hechizo traicionero, y lo dejo como una pasa pocha, te quedas sin aliento, apagándote estas, poco a poco, tú miserable vida se desvanece ante mis ojos de fuego y, mis manos juguetonas, aniquilan a todos los vuestros jajaja- ríe maléfica.

- Lady Magnabalarada, ¡gracias a Itrosh que vos estáis aquí!. Ha salvado a mi ejército de una muerte injusta y atroz, como muestra de agradecimiento, por su servicial acto de honor y valentía, sembraré en su fértil vientre, mi semilla, a la que todas llaman la semilla del placer - dice gustoso Pangash.

Escena 2. Grandes estrellas:

- Míralos Cloe - dice Anna sirviendo más café, a un rubio de ojos miel y carita dulce - Cada uno de ellos más patético que el otro. No se cual es peor de todos, ¿si la rubia esa con la cara amorfa o el capullo retraído que quiere cepillársela?. ¡Que asco que dan tía!. ¿Por qué se reúnen todos los días aquí, estos frikies de mierda, a jugar a sus cosas extrañas?, ¿qué no tendrán casa?, ¿qué no existen más cafeterías en la zona? - dice Anna angustiada poniendo mala cara.

- No se Anna, tampoco lo veo tan mal. Cada cual a sus aficiones, por muy extrañas que te parezcan a ti - dice rallando unos tomates y colocándolos en una tostada.

- Pero tía, si deben de tener como poco, ¡treinta años! - dice alterada - Parecen una panda de fracasados, con la polla tiesa y más vírgenes que mi hermana de quince años - dice burlándose de ellos.

- ¡Bah! boba. ¡Calla y haz tú trabajo!. Que como nos vean mirándolos se harán ilusiones y si que no nos dejaran en una larga temporada - suelta una risotada fuerte y seca.

- ¡Qué Dios nos libre de semejante castigo! - dice Anna santiguándose de broma - ¡Aiii, por fin recogen sus cosas!. Palurdos pajeros - dice jactándose de ellos - Voy a cobrarles y espero que esta vez no me quieran dar dinero élfico o un polvete mágico que me dejaría secuelas irreparables.

Los "perdedores" se marchan del establecimiento y las "estrellas" del establecimiento siguen con su "maravilloso" empleo sirve cafés.

Escena 3. Frustrado y egocéntrico:

- Gracias baby - dice Tom a Cloe, la cual le ha traído las tostadas con tomate y aceite.

- Tom, no se que haré con el guión de esta película. ¡Me esta volviendo loco!. Tengo tantas ideas que no se con cual quedarme esta vez. ¡Una mierda tío!. Mi mente es demasiado compleja y especial, y siempre cargo con el mismo público mediocre - dice Maximiliam enfurruñado. Saca dos habanos del bolsillo de su chaqueta, los enciende con parsimonia, dándoles unas profundas caladas, y le pasa uno a Tom.

- Gracias man - dice Tom chupando el robusto purito. Se atraganta con el humo denso y fuerte de ese cigarrillo caribeño - ¿Qué es lo que llevas de momento, man? - dice tragando aire de nuevo.

- Pues tengo el título para la película y algunas ideas más. La película se llamará "Día rojo" - bebe un traguito de su café irlandés.

- Me gusta el título man, es como, transgresor, moderno y vanguardista, ¿no crees? - dice Tom haciéndose el interesante.

- No digas gilipolleces tío, es por cumplir con la parienta, que quería que llamará así a mi nuevo film. Decía que era un título con fuerza y pasión. ¿Qué va a saber ella? - dice con la nariz torcida y los ojos hundidos en la cremosa nata fresca del café.

- Man, es crítica de cine, algo debe de saber - dice Tom defendiendo a Adeleine, la esposa de Maximiliam.

- Pufff... de todas formas se me ocurren tantas cosas con ese puñetero título banal. Haber, quiero una separación del título. Primero tenemos día, entonces puedo narrar la acción de la película en un día o refiriéndome a la mañana, cuando sale el sol, después rojo, rojo pueden ser tantas cosas, desde el color, que evoca poderío, lujuria, fuego, sangre, violencia, muerte, traición, corazón, calor, etc., luego tienes objetos que te recuerdan ese color, desde un buen vino tinto a una deliciosa manzana ponzoñosa. Tantísimas cosas tío. Desde lo más simple a lo más bestia y, de lo más bestia a lo más romántico, y yo me siento acabado, en un pozo de mierda que me llega hasta las rodillas y me hunde con un pestazo nauseabundo - se bebe el café de un sorbo y grita a Anna - ¡Camarera, ponme un trozo de pastel de manzana y una copa de coñac, y no te cortes con el coñac, sirve el vaso hasta arriba!.

- Fucking man - dice Tom - Tienes una mente brillante y seguro que tú película también lo será. No te deprimas man, déjalo ir y saldrá todo.

- Eso pienso hacer - dice mirando como una fiera a Anna, que le esta llenando el copón de coñac hasta los bordes.

- Aquí tienes guapo - dice Anna dejándole en la mesa su pedido - ¿Puedo hacer algo más por ti? - pregunta pícara.

- Wohhh baby, yo si que haría cualquier cosa por ti - dice Tom, más baboso que nunca. Anna lo mira con desprecio.

- Perdone a mi basto amigo, mi douce fleur automnale dice Maximiliam haciendo uso del poco francés que sabe.

- No pasa nada, gajes del oficio - sonríe - ¿Desearías algo más de la carta o... quizás te pueda ofrecer alguna cosa más personal, por así decirlo? - dice con una voz tremendamente sexual.

- Lo primero, joven dama, mi nombre es Maximiliam - le coje la mano y besa su dorso. Anna se ruboriza - Ahora mi douce fleur automnale, podéis enseñarme lo que os plazca, pues yo os serviré fielmente - se levanta del sitio y sigue a la camarera. Se despide de su amigo con un guiño y una reverencia.

- ¡Será cabrón! - dice Tom molesto - Siempre acaba tirándose a las que están más buenas - coje la copa de coñac y le da un sorbo y empieza a devorar, enfadado, el pastel de manzana de su amigo - Yo no me muevo de aquí hasta que salga y pague la cuenta. ¡El muy cretino! - piensa.

Escena 4. Trastienda. ¡¡¡Oh yeah!!!:

- Maximiliam - dice Anna desabrochándose la blusa blanca que lleva y dejando ver un sujetador de encaje color lila - no te he dicho mi nombre - dice juguetona con su pelo.

- No hace falta preciosa, para mí eres mi douce fleur automnale - dice susurrándole al oído, Anna deja caer su cabeza hacía atrás excitada. Maximiliam le levanta la falda y le baja las bragas violentamente. Sumerge su cabeza en su pubis y lo lame como vil alimaña hambrienta. Anna controla sus gemidos potentes.

- Ahora es hora de conozcas a Thor, mi martillo poderoso - se baja el pantalón y los calzoncillos granates, hasta donde es necesario, y le mete su herramienta hasta al fondo, en su ya, mojada, dulce flor otoñal. Anna le mira extrañada, y lo analiza bien, para cerciorarse de que no es ninguno de esos frikies lame vasos de leche.

- Dime preciosa, te gusta, ¿verdad? - dice Maximiliam regocijándose como un loco.

- Ohhh, por Dios, me estas matando. ¡Clávamela, clávamela con más fuerza!. Rómpeme el coño con tu gigantesca herramienta - dice Anna desatada - Quiero sentir como Thor me parte en dos.

Escena 5. Matanza en la cafetería:

- Baby, mi amigo me ha dejado solo, como a un perro pulgoso y viejo. ¿Te lo puedes creer my little darling? - dice Tom a Cloe, que anda estresada, de aquí para allá, haciendo el trabajo de su "querida" amiga.

- Tranquilo, seguro que no tardará mucho - dice esta fregando unos platos roñosos.

- Sweethearth, ya que nuestros amigos nos han dejado tirados, ¿por que no me concedes un servicio más personal, como tú crazy friend? - dice este cogiéndola del brazo y mirándole el escote con ojos de buitre carroñero.

- Por que no soy ninguna puta y esto es una cafetería, ¡cabrón! - dice ofendida.

- Ey bitch, solo quería alegrarte el cuerpo un rato, además, yo te trataría bien, como una princess. ¿Entiendes guapita? - sigue insistiendo el burro de Tom.

- Vale "jefe", lo que tú quieras. Ve al cuarto de baño y en nada me escapo para allá. Te voy a mostrar el cielo, "querido".

- ¡Ohhh my God!, eres tremenda. Voy pitando leches al baño - Tom sale escopetado, tropezándose con varias mesas y se mete de cabeza en el baño. Anna coge la llave y lo cierra ahí dentro, como el apestoso animal que es.

- ¡Aquí estamos para reventar vuestras cabezas! - gritan los frikies disfrazados y encapuchados, entrando en manada a la cafetería.

- Ey, chicos, voy a cerrar en diez minutos - dice Anna quitándose el delantal.

- ¡Tú no te vas de aquí zorra! - dice Lady Magnabalarada quitándose la capucha y dejando ver su rostro - ¡Ahora que llevo en mi vientre el fruto de Pangash, su deseo es que acabemos con todos vosotros y ocupemos vuestras tierras endemoniadas! - dice seriamente.

- ¿Pero de que gilipollez me estas hablando?, anda, iros a dar una vuelta y dejar a los clientes en paz y ya de paso, no volváis por esta cafetería - dice Anna irritada.

- ¡La ira de Itrosh caerá sobre ti en forma de lluvia de plomo! - grita colérica Lady Magnabalarada. Saca una pistola de un saco de terciopelo rojo y le pega varios tiros en el estomago. Cloe cae al suelo muerta.

Como locos, los camuflados, disparan por doquier, matando a toda la gente que quedaba en la pequeña cafetería. De repente, Tom entra por la puerta principal, diciendo "¡Maldita waitress!, he tenido que saltar por la ventana. Venga guapa, ¡comencemos la party!". Un chico, con una máscara de oso, le pega un tiro en los huevos, que lo deja medio muerto en la entrada del comercio.

Un bramido victorioso suelta todo el grupo al unísono y se marchan, contentos, por haber conseguido las tierras a su nuevo Emperador.

Escena 6. ¡Y ahora toca limpiar!:

- ¿Qué ha sido eso? - pregunta Anna alarmada.

- Preciosa, ya lo sabes, te he partido en dos como me habías pedido - dice con una sonrisa en la boca.

Maximiliam sale primero del almacén y Anna se queda vistiéndose, la cuál no encuentra las braguitas (Maximiliam se las ha robado). Cuando este sale sus ojos solo ven sangre por todas partes, vísceras pegadas en la pared, muertos en el suelo y en las mesas, tazas de café destrozadas, vidrios rotos, etc. Maximiliam se queda quieto, dentro de todo ese caos irreparable y, piensa que jamás una musa había sido tan directa con él, despejándole la mente y ofreciéndole todo lo que necesitaba para su próxima película.

6.3.11

2052

Mark Trosby es un auténtico fracasado, un patán y un borracho. Perdió su empleo como dentista, hace un par de meses, por acosar a varias de sus pacientes. Todas ellas lo demandaron, excepto Leah, que se dejaba acosar gustosamente. Leah lo defendió tanto en el juicio que no lo condenaron a prisión, en su lugar, tuvo que pagar una indemnización por daños y prejuicios a cada una de sus pacientes que habían sufrido sus actos, la cual le llevo a una verdadera bancarrota. A Leah le daba tanto morbo ser toqueteada por Mark, observarlo tan profesional, con su bata blanca y su mascarilla, mientras le introducía toda serie de aparatitos metálicos, fríos y duros, de forma fálica, en su lujuriosa boca. Mark solo se acostó con Leah, nunca con otra de sus anheladas pacientes.

Desde que este se ha quedado sin trabajo, vive gracias al subsidio del paro, el cual se gasta, básicamente, en alcohol y dentríficos, los cuales usa como lubricantes a la hora de masturbarse. Coloca la pasta de dientes en moldes de bocas que tenía en la consulta y, literalmente, fantasea con follarse a sus antiguas pacientes (también tiene los expedientes de estas en su casa y se pone a tono con sus fotografías). Él no tiene familia, solo tiene a la vulgar Leah, que incluso, sus perversos juegos sexuales asustan al perdedor de Mark.

Como también se quedo sin piso, vive en un cutre motel del centro de la ciudad. Su habitación, la 2052. Una habitación mohosa, oscura, con una cama roñosa, con olor a orina, llena de basura, boquetes en la pared, pintura desgastada y manchas de humedad gigantescas. Lo único bueno, las morbosas vistas. El único pasatiempo de Mark consiste en mirar por la ventana y seguir, con lupa, hasta el mínimo detalle, las vidas de sus vecinos, las cuales se sabe de memoria.

La primera victima de su acoso es Margaret, que vive en el edificio de enfrente en el sexto piso. Margaret es contable, tiene dos hijos y esta casada. Lleva tres meses teniendo una aventura con Darwin, el cartero del vecindario. Mark les había visto follar sobre las cartas que tenía que repartir, como conejos en celo, rociando, las pulcras e inocentes postales navideñas, con sus fluidos lascivos. Cuando Darwin le entregaba el correo, este no podía evitar dedicarle una sonrisa cómplice, de la cual el cartero no se percataba. ¿Quién no se hubiera querido tirar a Margaret?, con ese culo prieto y esas piernas de bailarina de striptease. Todo hombre querría rociarla por dentro, llenándola con su semilla potente. En fin… por donde iba, ¡ah Trosby!, el patético de Mark. Cuando este tenía en su poder las cartas, las olisqueaba y las lamía con esmero, sumergiéndose en oleadas de asombroso placer.

Después de observar el adulterio de la mujer de magnificas nalgas miraba a Trot, realmente llamado Charles Troter, un abogado de éxito, con una vida mediocre. A Mark le gusta mirarlo, por la antitesis que resulta la existencia de tipos como este. Troter, bueno, Trot para los amigos (aunque estos dos individuos no se conocen y no han cruzado las miradas en su ruin y despreciable vida) es un completo cerdo, manipulador de la verdad y un adorador de la pasta. ¡Perfectas cualidades para un abogado de éxito!. Su vida es tan penosa como la del jodido Mark, simplemente que a Mark lo ves a leguas tal y como es y Trot, se esconde bajo su despreciable montón de dinero, su cochazo enorme (por su complejo de pene diminuto, raquítico y venoso), sus numerosas operaciones de estética y sus libros de derecho, a los que jura completa y real sinceridad. ¡Otro perfecto idiota!

A la hora de comer le gusta observar la clase de piano de su vecina Rachel. Esta tiene clases de piano, de lunes a viernes, tres horas. Mark piensa que algún día querría casarse con una chica como Rachel, sencilla, inteligente y guapa. Rachel jamás se acercaría a un tipo como Mark, antes preferiría tirarse a un mono con sarna o tomarse un bote entero de pastillas hasta morir en su propio vómito.

Por la tarde suele mirar a Tanya, una mujer de setenta y seis años, que baila desnuda en el salón de su casa. Baila para Mark. Esa arrugada mujer se siente alagada por la mirada de un extraño penetrando en su cuerpo. A Mark le produce ternura que la abuela dance para él obscenamente.

Cuando cae la noche, antes de la visita diaria de la joven Leah, Mark se prepara unas palomitas para observar el espectáculo que más le gusta de todos. Mark mira a Thomas y Ricky, dos hermanos mellizos, de unos trece años, puñeteramente pérfidos. Le encanta ver, a estos niños pelirrojos, procedentes del demonio, sembrando el caos en su pequeño piso, maltratando psicológicamente a la pobre Nora, su niñera, apalizando a su perro Toby, y destrozando todo lo que tienen delante de ellos. Mark se desternilla de risa con los actos despreciables de los dos mocosos. Le encanta ver en sus ojos esa diversión infantil que él tanto añora. Sabe que él también disfrutaría tanto como esos dos bastardos comportándose como un capuño.

Y hoy, Mark ha muerto, atragantado por una palomita, disfrutando del show de los agilipollados niñatos. Leah ha llamado a la policía, en cuanto ha entrado en el piso de Mark. Este estaba completamente morado, con los ojos rojos y la boca blanquecina, llena de sal. Su cuerpo estaba hinchado, más de lo normal, y sus mejillas seguían encendidas. Leah se ha quedado en la habitación de Mark, una vez se han llevado su cadáver sucio, tanto como ese espantoso cuarto, tumbada en la grasienta cama, llorando como una niña con el alma rota, mientras jugaba con el handpiece dentro de su boca.