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17.4.13

Roger and company

      -  ¿Por qué Roger lleva un parche en el ojo? - le pregunto a Jerome medio en susurros. Este no me escucha, esta anonado haciendo una torre con cartas de póquer. Aunque le hubiera gritado en su estúpida cabeza calva, no se hubiera enterado de nada. Soplo, como una gran ventisca, y le caen en toda la cara de gilipollas que tiene, una a una, golpeándolo con destreza.

- ¿Pero que ostias te ocurre cabronazo? - me dice enfadado. Ya solo le quedaba el pico para acabar. Le relaja hacer esas sandeces, y a mí, destruirlas. Soy como el matón de playa que se dedica a destrozar los castillos de arena a los críos, y después disfruta mofándose y riéndose con una sonrisa sardónica y maquiavélica, mientras los señala y sigue pisoteando la arena.

- ¡Te he preguntado que cojones le ha pasado a Roger en el ojo! - le digo a gritos - ¡Pero como estás todo flipado con tus tonterías no captas nada! - refunfuño molesto. Hoy tengo un humor de perros.

- ¡Tú madre me ha clavado una jodida teta en la cara! - grita Roger desde el otro cuarto sin levantar la vista de la televisión. Esta viendo un serial simplón mientras come nachos con queso.

- ¿Que has dicho de mi madre subnormal? - me levanto enfadado. Llevo unas cuentas cervezas de más y soy consciente de ello. Aunque vaya de chulo por la vida, no lo soy, y Roger me puede hostiar hasta dejarme como un trozo de carne picada en el suelo. Muy de su estilo las palizas sanguinolentas.

- ¡Calla cretino y pásame otra birra! - me dice contento. No esta de muy mal humor hoy el tío. Digamos que hay días en los que Roger se ha levantado con los huevos totalmente retorcidos y otros días en los que solo un poco. Por lo que su estado normal es de cabrón amargado con bastante ira.

Me levanto de la silla y me acerco a la nevera. Cojo dos resbaladizas cervezas rubias, las abro y voy al comedor. Le paso un botellín y me siento a su lado. Me quedo quieto mirándole el parche. Parece un marine extraviado.

- ¿Me vas a decir que te ha pasado en el jeto? - le pregunto. Le doy un tiento a la birra. Su suave cuerpo se desliza por mi paladar. No esta nada mal.

- Hablemos en otro sitio, ¿vale? - me dice bajando la voz. Se pone misterioso el gachó.

Me levanto del sofá y le sigo. Le comenta a la panda que estaremos haciéndonos un piti en el balcón (ese sumidero de mierda de perro. Su perro, Cortaúñas se llama, pues de un mordisco te arranca un dedo... así que lo de Cortaúñas se queda corto, pero es de lo más tierno. No le toques los huevos y todo ira bien) y ellos asienten con su cara de lelos porreros. Buena gente, pero simplemente mentecatos.

Nos quedamos de pie, pues no hay sitio donde sentarse en todo ese pozo infecto y además Cortaúñas esta dando brincos, muy emocionado. Va to' salido y es mejor mantenerse lejos, a no ser que desees que tu pierna sea follada brutalmente por ese perro tan feacio (asquerosamente feo, recalco).

Roger sigue en silencio. Sigue con ese aire enigmático que me pone los pelos jodidamente de punta.

- Venga tío, ¿qué te ha pasado? - ya le pregunto preocupado. Él respira y piensa que decirme, se le nota que lo que vaya a soltar le cuesta.

- Estoy yendo a un seminario de control de la ira - me dice vergonzoso.

Aguanto la risa. Me pongo super rojo. Él, Roger, ¿control de la ira?. Esta claro que le hace falta, ¿pero me esperaba esto?. Pues no, para ser ciertos, no. Le doy una calada al cigarro, como restando importancia a lo que me acaba de soltar y pienso que decir, ya que lo que menos me interesa en estos momentos es un silencio incómodo (aunque el silencio solo haría que remarcar más los jadeos desesperantes de Cortaúñas).

- Guay, ¿no? - le digo confuso.

- Sí tío, sí, lo necesitaba - me dice serio - Pero no pienses ahora que soy un sensibleras o esas cosas, ¡eh! que aún te puedo partir la cara chaval - me dice con media sonrisa - Solo que ahora intentaré no meterme en más bullas y pensaré un poco antes de actuar. Tengo que intentar no dejarme llevar tan rápidamente - me dice serio y yo le asiento - ser menos impulsivo. Esa es la clave. Tío, perdona por las putadas y las hostias - me dice lastimoso - Tengo que pedir perdón a cada uno que me le he hecho daño. Limpiar mi conciencia y la de los demás. Menos violencia en nuestros actos - me dice soltándome una charla que jamás esperaría de su boca. Yo flipo.

- ¿Rollo A.A.? - le pregunto.

- Sí, como en Alcohólicos Anónimos. Reconocer los errores y pedir perdón por ellos. Entonces... ¿todo olvidado tío? - me pregunta.

- Claro - le espeto. Se me ha caído un mito. Se ha estrellado de tan alto que sus restos son irreconocibles - ¿Y que es lo que te ha pasado en el ojo?. Aún no me has respondido a ello.

- ¡Ah sí!. Claro, claro... Nah', un gilipollas. Iba por la calle, paseando al salido este - dice señalando a Cortaúñas - cuando me encontré con tu madre, así por un casual. Ella estaba hablando con un viejales y el tipo se puso pesado. Así que me acerqué a saludarla y a quitarle al capullo ese de encima, pero sin violencia y tal, primera regla del curso - me dice seriamente - Nada, era un testigo de Jehová que le quería enseñar el verdadero camino del señor o mierdas de esas... así que le dije que la dejara en paz, que no estaba interesada en esas tonterías. El tipo se fue con la cabeza gacha, pero no antes sin irse dándonos un sermón abominable. Cortaúñas se puso frenético, del aburrimiento y tal, y se tiró encima del viejo. Así que me tocó ponerme por el medio, pues ya le había rajado el traje y mordisqueado el culo. Y en esa que los separo, Cortaúñas me metió la pata en el ojo y me rajo la cornea. Muy feo todo. El testigo de Jehová gritando, que me iba a denunciar, que iba a matar a mi chucho... y nah', tú madre me agarró y me llevó a su casa. ¡Tío, que suerte que sea enfermera! - me dice orgulloso - Me curo guay el ojo y nah' llevaré este parche como dos semanas.

- Me alegro - le digo - ¿Cómo está mi vieja? - le pregunto. Llevo semanas sin hablar con ella.

- Muy guay... después de toda la cura me dio algo de jalar, unos perritos calientes tremendos, con queso fundido y cebollita tostada. Y eso… Cortaúñas iba to' molesto corriendo por la casa y nada, tú madre lo metió en tu antiguo cuarto y nos quedamos más tranquilos en el comedor.

- Guay - le digo.

- Tío... es verdad lo de la clavada.

- ¿Qué dices? – le pregunto confuso. Ya no se de que me habla.

- Que se la clave bien honda a tu madre - me dice con un sonrisa enorme - ¡Y que tetas tío!, ¡que tetas!.

Contengo la rabia unos segundos, pero no lo logro. Este mamón va a llevar los dos ojos ciegos durante una larga temporada. ¡Puto!.