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28.8.09

Strawberry. Dulce Strawberry.

Es de noche. El ambiente esta cargado. El humo repta, como una serpiente, por todo el local, apenas me deja respirar. Me meto dos chupitos de golpe, y el problema desaparece.


Ella. Me deja sin palabras. Baila hipnótica sobre la mesa. Me dicen que se llama Ann, pero que todos la llaman Strawberry.


Strawberry. Dulce Strawberry. 


Danza como una ménade en pleno éxtasis. Todos fijan sus ojos rojos sobre su sexy cuerpo, que va estremeciéndose sobre su propio eje.


Sus cabellos color centeno se mueven con furia, al son de Nightclubbing de Iggy Pop. Sus piernas firmes, comienzan a temblar, dejando a los espectadores exhaustos.


Puedo ver, como más de un camionero barrigudo esta a punto de correrse, y enfrían sus cerdos impulsos con cerveza helada.


No puedo dejar de contemplar su liso abdomen, sus pequeños pechos, que se trasparentan a través de su sudada camiseta de lycra blanca, sus interminables piernas, sus carnosos labios y sus ojos cálidos, que te invitan al mismísimo Edén.


Me levanto de la mesa y me dirijo al baño, pero antes paso por la máquina de tabaco y observo de nuevo ese maravilloso espectáculo con el que nos esta deleitando, enciendo un cigarrillo y dejo que el humo entre directo a mis pulmones. Se respira lujuria.


Ese baño. No había visto baño más mugriento en años. Huele a orina y alcohol. No puedo evitar ponerme el brazo tapando mi nariz, para no oler ese pestilente aroma. Hay colillas por todas partes, papeles usados y algún que otro preservativo. Mis suelas se pegan al suelo, me es difícil caminar por ahí, pero me conformo.


Necesito mojarme la cara con un poco de agua helada y tomarme otro chupito, no puedo quitarme a Strawberry de la cabeza. Dejo que el agua caiga un poco. Huele a oxido. Limpio, con la manga de mi chaqueta de cuero, el espejo. Veo mi reflejo en ese sucio y viejo espejo que me da asco.


Cierro los ojos. Apoyo mis brazos en la pila y mojo mi cabeza. El agua resbala por mi cuello, llegando a mojarme la espalda.


Abren la puerta del baño. Oigo risitas atontadas, y se oye de fondo Atomic de Blondie. Pienso en Strawberry. Se me eriza el vello. El aroma cambia.


Huele a frutas del bosque.


Levanto la cabeza, me seco un poco con la camiseta negra que llevo y allí esta ella. Las demás chicas salieron del baño, con sus estúpidas risitas de coro.


Trago saliva. Me apoyo contra la pared y me enciendo un cigarro. Intento hacerme la indiferente. Se mira vanidosa en el espejo. Se pinta los labios de un color rojo eléctrico y se arregla el pelo.


Sonríe.


Lleva una minifalda irresistible de color púrpura, de terciopelo, que te deja imaginar como tus manos se podrían deslizar por esas infinitas piernas, como tus labios podrían besar esos sabrosos muslos, como tu lengua podría lamer ese universo que es ella.


Sabe que la estoy observando atontada. Se acerca, como una gata en celo, y me susrra al oído - ¿Qué haces por aquí forastera? Mis labios se sellan.
Enmudezco. Y mis ojos se posan directos sobre su boca. Repite - ¿Qué haces por aquí forastera? - con un dulce tono, que me emboba aún más. Me quita el cigarro de los labios. Le da una calada.


Observo el vaivén de sus pechos al respirar el humo. Es bellísima.


Me besa apasionadamente. Apretando mi rostro en sus suaves manos. Nuestras lenguas se enredan, ahogándonos en un furioso beso.


La sostengo por la cintura y la oprimo con fuerza entre mis brazos.


Besuquea mis labios, mis mejillas, mordisquea los lóbulos de mis orejas y lame mi cuello.


La arrastro al único baño que aún tiene puerta. Donde pone “Welcome to the paradise”. Si. Eso es lo que yo me estoy imaginando. Fundirme en el paraíso de su cuerpo.


Me muero por un momento. Caigo rendida al suelo.


Pícara, me obsequia con un baile. Un baile solo para mí.


La puerta entreabierta deja escuchar John, I'm Only Dancing de David Bowie. Parece volverse loca. Baila como nunca lo había echo. Sus caderas parecen romperse, se deslizan sus brazos por su vientre desnudo, sus piernas se fusionan con el resto de su cuerpo.


La contemplo desnuda, con su suave y largo pelo protegiendo su delicada piel y sus altos y finos tacones rojos, como su pintalabios, sobre mis piernas estiradas.


Volvemos a besarnos, tiradas en el suelo. Pero esta vez con más pasión que antes. Siento que su lengua me hace cosquillas. Juguetea con mis pechos.


Suspiro. Suspiro. Suspiro.


No quiero despertarme de este sueño.


Huele a frutas del bosque.


Mis manos se deslizan por cada rincón de su cuerpo. Gime. Sus ojos se quedan en blanco por un momento. Siento su piel caliente en contacto con la mía.


Un sudor cálido recorre mi columna vertebral. Su cuerpo se deshace sobre el mío. Nos fundimos en un juego de placeres sin fin.


Strawberry. Dulce Strawberry.