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26.3.12

California Dreaming: Lineal


Nuestra vida es lineal, sin a penas cambios. Rutinaria y con horarios. A veces te das cuenta que solo haces que comer, cagar y dormir. Cuando un suceso, sea el que sea, cambia esos hechos, te das cuenta de que la mierda que vives no es tan grande ni tan preocupante como imaginabas. 

- Hoy no voy a poder ir a trabajar Antuan... tengo un entierro. Si, si... al final él muy cabrón se la ha cargado. Lo consiguió - sujeto el teléfono con fuerza e intento no llorar más. No puedo creerlo, no quiero creerlo - El entierro es a las 18h, así que no cuentes conmigo para limpiar retretes - intento decir cualquier sandez con tal de quitarme a Cristine de la cabeza, pero es imposible. Esa dulce tía con cuerpo de enana. No quiero, no quiero aceptarlo. No lo pienso aceptar

Cuelgo el teléfono y rompo a llorar, estoy destrozada. La cama esta a rebosar de pañuelos manchados de lágrimas negras. No puedo levantarme, no tengo apetito, no pienso mover ni un solo dedo. Ahora solo deseo pasar de todo y pensar...  pensar en como acabar con ese orangután penoso y sin escrúpulos. ¡Maldito Billy!. Conozco gente que por unos cuantos pavos acabarían con ese maleante. Le cortarían la garganta en menos que canta un gallo o le aplastarían la cabeza como a un melón, con un bate de béisbol. Es un ser de lo más despreciable, y yo no me siento mal por ansiar su muerte. No creo en la venganza, pero tampoco en la justicia. A veces la única solución es hacer las cosas una misma. 

Me arrastro por la cama, deslizándome por las mantas roñosas, hasta caer en el suelo. Me parto de risa al observar con perspectiva la situación. Yo, tirada en el suelo, con la cara llena de rimel corrido de tanto llorar, envuelta en la sábana como un gusano. Repto hasta el comedor y agarrándome del sofá me incorporo. Agarro la sudadera que tengo sobre la mesa y me pongo las botas que están tiradas en la butaca roja. Me dirijo a la entrada y me enfundo en el abrigo negro largo. Cojo el paquete de tabaco, las llaves, las gafas de sol y unos cuantos euros y me los meto en el bolsillo de la chaqueta. Salgo de casa. Bajo las escaleras limpiándome el rostro con un pañuelo. Lo mojo con mi saliva y me quito los restos de pintura reseca de la cara. Ya en la calle, el puto frío me despierta. Voy de lo más trapera, el pijama de osos rosas que me regalo Delia por mi cumpleaños y las capas extra para parecer una persona decente en un funeral. Hace un día gris, triste. Unas nubes espesas rodean las casas. Me  pongo las gafas de sol y comienzo a caminar. Desde mi casa hasta al cementerio hay una  larga hora andando, no importa, aún es pronto y noto que necesito un paseo, además, odio los autobuses, aunque los uso a diario.

Las tripas comienzan a rugirme, pero se que si me meto algo en el cuerpo lo voy a acabar vomitando. Las situaciones estresantes me superan, no se controlar mis nervios y de esa forma acabo poniéndome mala cada dos por tres. Antes era peor, con todo el tema de mi madre y el cabronazo de mi padre, pero al final supe aislar mi mente, en la medida de lo posible, y pasar de todo un poco fue la mejor opción. Oscurece rápido, son pasadas las cinco de la tarde y la negrura se come las calles. Llego al cementerio. 

La ceremonia es al aire libre. No me acerco mucho, por que nadie me conoce y paso. Veo a una señora bastante mayor, debe de ser su abuela o su madre, no lo se. Tiene a su pequeño sobre las rodillas. Esta mirado asombrado al cura. El nene va a hacer 2 años dentro de tres semanas. Cristine y yo habíamos organizado una pequeña fiesta para el chaval. Hay poca gente, pero el sufrimiento se respira hasta en el aire. Incluso el viento esta más denso. 

La ceremonia acaba y poco a poco la gente va desapareciendo. Me acerco tímida hasta su tumba. La arena aún esta húmeda y revuelta. Bajo mis pies yace el cadáver de Cristine. Me arrodillo y acarició la oscura tierra. 

- Cristine, se que hacía poco que nos conocíamos, pero fuiste, y serás, muy importante para mí. Tu perdida descompone mi alma y destroza mi corazón. Me hubiera gustado escribir algo para poder explicarte lo que siento... pero no he podido. Me ha sido imposible - sollozó - Lo intenté, pero cada vez que me ponía a ello solo hacía que llorar. No te preocupes, estoy bien, el dolor tarde o temprano desaparecerá, pero tú, ¡jamás!, siempre te tendré en mis recuerdos. Esas risas en el parque, esos juegos tontos, las comidas en mi curro, los días de fiesta y priva, la siesta, los reproches, las lágrimas, las ralladas mentales, tus consejos, tus pasteles, tú sonrisa, tus ojos, tus labios, tus piernas... tú todo, absolutamente todo. Pienso rememorarlo cada día - digo reprimiendo la llorera - Voy a encargarme de tu chavalín, no te preocupes. Me pondré en contacto con tu familia y lo veré todo lo que pueda. Le pienso contar lo maravillosa, guapa e inteligente que era su madre. Y lo mucho que lo querías - sonrío - Pequeña, prometo destrozar al bastardo de tu ex. Se que no lo aprobarías, pero ese cabrón va a ser juzgado por la ley de la calle. Pienso acabar con él, como si fuera un jodido bicho - golpeo con rabia el suelo y estrujo con mis manos la tierra - Por favor, se mi ángel de la guarda. Te necesito para encarrilar mi vida nena - giro mi cara y lloro desconsoladamente. Como un acto reflejo, para que Cristine no me vea llorar. No tiene sentido, por que no me va a ver, pero el gesto me sale solo, automático - Te quiero Cristine - digo tocando la lápida de mármol. Me levanto del suelo con dificultad y me sacudo la tierra de las rodillas. Parte de ella se ha quedado pegada al pijama. Camino sin mirar atrás y salgo de una vez por todas del cementerio.

Ando sin rumbo alguno y me pierdo por las calles del centro. Es sábado, así que hay bastante ambiente. Paso desapercibida entre la multitud de peña bebiendo en las calles. Se percibe buena marcha y buen rollo, pero yo no estoy para nada esta noche.

Me siento en un banco y me enciendo un cigarro. No he fumado a penas en todo el día. Le doy un par de caladas y se me revuelve el estómago. Pufff. tengo hambre. Me levanto y busco algún antro donde comprarme algo para zampar. Entro en unos ultramarinos y me pillo un paquete de galletas de doble chocolate y una litrona. ¡Gran cena!. Vuelvo al mismo banco de antes y comienzo a papear. 

Por delante de mí pasan dos tías bastante atractivas. Van agarradas de la mano haciendo gilipolleces. No paran de reírse. Una de ellas me suena, ¿pero no se de que?. Lleva unos vaqueros desgastados y una sudadera negra. La otra un vestido bien corto y unas botas militares. Bonitas piernas. ¡Ostia!, creo que es la chavalina que me pidió fuego hace un par de semanas en el curro. Iba con un mono impresionante de nicotina la ricura. Sigo zampándome las galletas mientras que estas se refrescan el gaznate con vodka. ¿Serán novietas?. Hacen buena pareja. Se les nota un buen feeling, eso mola. Me apetece charlar con la chavalina, tengo curiosidad por ella. La otra vez me quede con las ganas. Levanto el culo del banco, guardo las galletas en la bolsa, le doy un trago la birra y me acerco donde están ellas tiradas.

- Hola guapa, ¿tienes fuego? - cualquier excusa sirve para entablar una conversación. Me encantan los encuentros fortuitos.

 
Continuará en: http://duskofwinters.blogspot.com/ 

25.3.12

Big Ben (2ª parte y final)


- Empecé a encontrarme como el culo en la fiesta esa. Hugo es una mierda de dj, buen tío y todo lo que quieras, es de fiar, pero la música no es lo suyo. Un tío que no siente la música no puede dedicarse a ello. Si no la vives es puro fanfarronerismo. Pufff... y encima se notaba mogollón, porque lo hacía con una desgana impresionante, pero como es obvio mis amigos no se enteraban de nada, ya que iban totalmente pasados. A mi la música me mola. Me pone. Es totalmente mi rollo y por eso no bebo ni gota cuando voy a escuchar algo bueno. Ese día hubiera preferido estar cargado hasta las cejas de whisky. Me hubiera metido de todo en el cuerpo. Pero no lo hice, porque me encontraba fatal. Me debió de sentar mal la pizza esa o quizás eran los putos remordimientos aflorando por lo tuyo tía - le digo a Megan agarrándole del brazo - La cosa es que me pase veinte minutos en el cagadero tirando mis tripas por arriba y por abajo. Eso parecía que no tenía fin. Me escabullí lo antes posible y me di el piro pa' casa, ya no aguantaba más mierda de música absurda y sin sentido. Era casi la una de la mañana cuando llegué a mi casucha. Mi madre roncaba como una cabra montesa hacía rato y el viejo estaba en el sofá viendo porno, como casi todas las noches. Con una mano me saludó y con la otra, dale que te pego, se la sacudía como un jodido mono. Bah!, yo subí las escaleras y me metí en mi cuarto, pero antes tuve que entrar en el baño una vez más, para vaciar del todo el depósito y luego, a la jodida cama.

- Pues vaya... yo estuve en The Cave, con Jonh y su pava. Estuvo de puta madre. Vino un dj que no conocía, dj Rocamill o algo así. La música era flipante - me dice terminando de barrer el salón. Tiene un piso de lo más lindo. Siempre ordenado y con un olor tan fresco, todo lo contrario que mi kelly, pues ningunos movemos un puto dedo por la limpieza de ese agujero negro. La vieja es una perra.

Buahhh! Esta preciosa con ese vestido deportivo. Se le marcan los pezones sobremanera. Que buena que esta la tía. Joderrr, joderrr, joderrr. Es que está tremenda. 

- ¿Quieres algo de priva? - me pregunta guardando la escoba. Le lamería esas piernas largas que tiene hasta desgastar mi lengua.

- Estoy bien así tía... emmm, pero gracias - cortesía pura y dura.

- Vale, yo me voy a coger una cerveza - dice abriendo la nevera. Sale con una lata de Super Bock en la mano y un paquete de pipas. Se sienta a mi lado en el sofá y le pega un trago a la birra.

- ¿Sigues enfadada conmigo? - le pregunto con sinceridad.

- No... solo que eres un capullo a veces, un total y completo capullo - me dice riéndose. Se me cae la baba cada vez que oigo esa risa. Abre el paquete de pipas y comienza a devorarlas. Hablamos de un par de sandeces más y me calmo un poco, tenía la puta entrepierna a reventar.

Se tumba en el sofá, poniendo su cabeza sobre mis pantorrillas. Tengo una panorámica perfecta de sus peras. Grandes y turgentes, como a mí me gustan. Lo que daría yo por mamar de esas tetas. ¡Un huevo daría!. Sí, sí, un huevo. Se acomoda sobre mis piernas y uno de los tirantes del vestido se le escurre hacía abajo, quedando apoyado sobre su hombro. ¡Ahhh!, esto no hay quien lo aguante. Megan se me queda frita encima de las piernas y yo hay, más empalmado que un burro, con la intención  de follarme a mi amiga por todos los orificios posibles y también los imposibles, ¿porqué no?. No lo soporto más y meto mi mano dentro de su vestido y le sobo una mama como un poseso. Ella abre los ojos de repente y me aostia en toda la jeta con todas sus fuerzas. Noto sus cinco dedos grabados en mi mejilla a fuego. 

- Pero tío, ¿de que vas? - me dice sentándose y tapándose la teta, que la tenía fuera del vestido.

- Lo siento tía, no quería despertarte. Tenías una mosca y la iba a matar.

- Cabronazo - me dice poniendo morritos y subiendo las piernas al sofá. Se queda abrazando sus rodillas y mirándome con asco y también noto algo de pena, de compasión.

- En serio Megan que no era mi intención cabrearte. Venga no te enfades nena - le digo pasándole el brazo por el hombro. Ella recuesta su cabeza sobre mi pecho.

Ahora se le cae el otro tirante, y la perspectiva es mejor que antes incluso. De nuevo me abalanzo a la carga. Le agarro esos dos melones y los estrujo. La empujo contra el respaldo del sofá y le abro las piernas. Deslizo mi mano por debajo de su vestido y le acaricio el coño. La tía no lleva bragas. Megan me pega tal coz que me tira al suelo y me revienta la nariz. 

- ¡Hijo puta!, no quiero volver a verte en mi puta vida. ¿Lo has pillado so' mierda? - me dice gritándome como una energúmena colocándose el vestido bien. 

A patadas me echa del piso y me quedo moqueando y lloriqueando en su puerta. A veces no me comprendo. Soy un cerdo. Para una titi que me aguanta y me quiere lo jodo todo, siempre con mis memeces. ¿Pero que coño hacía sin bragas la chavala?. A lo mejor es lo que estaba buscando, pero menos brusco. ¡No hay quien la entienda!.

Me doy el piro y me meto por las calles del distrito de Waltham Forest. Por ahí deambula siempre buena mercancía. Tías guapas y elegantes, con clase. Las pastilleras me hastían, las góticas me deprimen, las punks me asustan, las raperas me dan grima y las snobs me encienden a toda mecha. Quiero una chica más grande que yo, me gustan curvosas y con carne. Me excitan los michelines. Odio las flacuchas, aunque Megan esta jodidamente buena y es bastante esquelética, pero tiene buena dosis de carne donde toca. Piernas largas y tonificadas, melones grandes, culo respingón y cara bonita. Me meto por los callejones donde te ofrecen una paja por 5 libras y una mamada por 15. No esta mal, prefiero algo de alegría en el cuerpo que meterme alcohol depresor. Odio la priva cuando voy de bajón.

-         Hola guapo, ¿cómo estás papito? – me dice una guarrilla con la melena a lo Amy Winehouse, solo que más cuidada. Tiene la dentadura hecha un cristo.

- Bien titi, paseando y viendo bonitas mujeres.

- ¿Y te gusta lo que ves? – me dice sacándose las peras del sujetador de leopardo que lleva. Tiene un bonito tatuaje en el pezón, un tanto gore pero molón. Es un águila que simula devorar su pezón y de él cae un hilillo de sangre. Eso debe de doler. En la otra teta lleva un pendiente, de aro, dorado. 

- ¡Pues claro que sí! – le digo abalanzándome a esos dos senos carnosos.

- Primero hablemos de las tarifas – me dice frenándome con fuerza. Parezco un bebé grande que busca su fuente de alimento – 3 libras por un magreo, 5 la sacudida, 15 la mamada, 18 un meneo y 30 en tu casa – me dice de carrerilla. Yo asiento a todo con frenesí - Hago de todo menos fisting, ¿ok?.

- Me parece perfecto. Quiero un meneo. ¿Dónde nos ponemos? – le digo sacando las 18 libras de la cazadora.

- Aquí mismo grandullón – me dice agarrándome los huevos y estrujándomelos con delicadeza.

Me empotra contra la pared e introduce su lengua caliente en mí boca. Siento su pútrido aliento, pero no me importa. Besa bien, besa realmente bien. Su lengua roza mi campanilla. Desliza sus manos por mis vaqueros y me los baja rápidamente. Agarra mi polla y comienza a mecer su mano por ella, de arriba abajo, bombeando con fuerza. Las sacudidas son firmes y agradables. Yo le lamo las tetas y juego con esa águila. Bajo las manos por su vientre y desciendo hasta su pubis. 

- ¿Pero que cojones es eso? – le digo apartándole de golpe y viendo una enorme verga erecta.

- ¿Tú que crees que es?. So’ memo – me responde.

- Vaya… nunca había estado con un trans. Yo no se si quiero de eso. Ya sabes… ¡es que tienes pene! – le digo exaltado. 

- Polla y tetas es una excelente combinación cielo. No puedes saber la demanda que tenemos. Pero tú te lo pierdes muñequito – me dice subiéndose las bragas y colocándose bien el vestido rojo.

- Emmm… bueno, no se. Quizás por probar… pero solo un poco, ya sabes, la punta y ya esta.

- Sabía que dirías eso chaval – me dice girándome y enfundándose un preservativo en la polla – Anda, te la voy a meter con mucho cariño – me mete primero un par de dedos y escupe sobre mi ano. Extiende su saliva por mi ojete y coloca la polla en la entrada. Un par de intentos fallidos y de repente, me la mete de golpe. Noto una convulsión que me acelera todo el cuerpo. Empieza a follarme el ano sin piedad.

- ¡Buahhh esto es la ostia! – grito placenteramente mientras me corro contra la fachada de ladrillos naranjas. Ahora hay una nueva categoría de pava en mi lista sexual. Las trans de tetas estrafalarias y pollas regordetas.

24.3.12

Tom Jones

- La Mantis religiosa o Santateresa, como la llaman en algunos países de América del Sur, es una especie de insectomantodeo de la familia Mantidae originaria del sur de Europa. Es un insecto de tamaño mediano, aproximadamente de 4 a 6 centímetros, con un tórax largo y unas antenas delgadas. Tiene dos grandes ojos compuestos y tres ojos sencillos entre ellos. Como mi suegra, que lo ve todo con esos ojos diminutos y miopes que tiene - dice Lorenzo, profesor de anatomía animal de la Universidad de Pontevedra. Las/os alumnas/os rompen a carcajadas y otras/os se despiertan de sus sueños de medía tarde por el jaleo de las risas -  Puede girar la cabeza hasta 180º grados. Esta ya es cualidad de mi esposa, creo que la heredó de su padre. Al cual le rotaba la cabeza a toda velocidad en los partidos del Pontevedra Club de Fútbol. Malísimos... en fin... ¿por donde íbamos?. ¡Ah si! sus patas... sus patas delanteras están provistas de fuertes espinas para sujetar a sus presas y es el único animal conocido que cuenta con un único oído, localizado en el tórax. Son animales solitarios, excepto en la época de reproducción, cuando macho y hembra se buscan para aparearse. Como vosotros los fines de semana, pero sin fines reproductivos - otra carcajada sonora retumba en la clase. Lorenzo sigue explicando con tranquilidad la fisonomía del insecto y sus peculiaridades. Tiene un tick de lo más curioso, cada cinco minutos, aproximadamente, le tiembla la pierna derecha. No es nada grave, solo un tick nervioso. Cuando padece de estrés la convulsión es tan fuerte que le agita todo el cuerpo. Los médicos llegaron a pensar que padecía epilepsia, pero nada tan serio - Cuando hay más de un macho cerca de una hembra, éstos se pelean y sólo uno se reproduce, los demás mueren o se joroban y miran, como en la vida misma. En algunas ocasiones, durante y tras el apareamiento, la hembra se come al macho. Es la danza del amor. El fino velo entre la vida y la muerte. Primero la guerra entro los machos, después el macho victorioso se gana a la viscosa hembra, ¿para que?, ¿para morir devorado?, como solo se da este suceso en raras ocasiones vale la pena correr el riesgo y si eso, morir en el intento, pero con una sonrisa placentera en la cara - los alumnos aplauden al profesor y algunos silban y vitorean.

- ¡Frenen ya con este escándalo joder! - dice un hombre de edad media, bajito y delgado - ¿Esto es una clase de universidad o son puros párvulos? - dice con mofa. Entra otro hombre tras él, este parece más viejo, pero más apuesto. Tiene un bigote largo y retorcido, como si se lo fijara con gomina.

- ¿QUIENES SON USTEDES? - grita molesto Lorenzo, viendo como su clase magistral estaba siendo frenada por dos individuos mediocres de aspecto peculiar.

- Detective Loño y agente Spuch - sacan sus respectivas acreditaciones y placas - Venimos a por usted, señor Lorenzo Vara Pía. Así que baje de la tarima y acompáñenos - dice el viejo con cara de pocos amigos.

- Perdonen, es Doctor, Doctor Lorenzo Vara Pía - traga saliva y sujeta la convulsión de su pierna con discreción. Pero es imposible, esta tan alterado que casi cae del entarimado - ¿Pero de que carajo se me acusa? - dice indignado. 

- De homicidio en primer grado. 

- JAJAJA - rompe en una sonora risa Lorenzo - ¿Y se puede saber de quien?.

- De su esposa. Acompáñenos - dicen ambos policías. El más joven lo esposa y lo baja del escenario. Se lo llevan a la fuerza, Lorenzo brama colérico "Esto es abuso de la autoridad. Quiero a mi abogada. Se arrepentirán de lo que han hecho... madre mía, ¡esto es absurdo!". Las/os alumnas/os se quedan perplejos y comienzan a cuchichear y a hacer apuestas de todo tipo. El rumor es audible. Hasta el decano hace una rifa sobre el asunto con las/os profesoras/es.

Lorenzo se encuentra en una sala de interrogatorios. Esta sentado en una silla negra de espuma. Frente a él hay una mesa y un vaso de agua medio vacío. Entran sendos policías a la sala. 

- Lorenzo... ya hemos avisado a su abogada. Esta de camino. Puede negarse a no responder nada hasta que ella llegue - dice el policía joven. 

- Eso pensaba hacer - dice refunfuñando como un niño Lorenzo.

- Bien, pero nosotros le pondremos al corriente de la información que hemos averiguado y luego veremos que es lo que nos dice usted. Cual es su coartada.

- Muy bien, hagan su trabajo - dice Lorenzo - pero háganlo bien de una. No quiero volver a pasar por semejante humillación en mi vida. Entrometiéndose en mi clase, ¡sin mi permiso!, y fastidiando la educación de las nuevas generaciones, mis nuevas generaciones.

- Lorenzo... no nos caliente que la cosa esta ya que arde... no se si de da cuenta pero el asunto es serio... y se lo aviso, no nos vamos a andar por las ramas - le dice el policía del bigote.

- Bueno, el caso es que su mujer ha aparecido muerta en el río Verdugo, cerca de la Serra do Suído. Los forenses nos han dicho que su mujer llevaba fallecida seis días y que la causa de la muerte fue asfixia. Como es evidente, el cadáver fue tirado al río. Tiene varías contusiones en el cuerpo, pero estas ya sucedieron post mortem. Su cuerpo fue encontrado por unos pastores que paseaban a sus cabras por la zona - dice el detective Loño.

- ¡Madre mía!. No se que decir... Yo no lo hice. Jamás le hubiera hecho daño a Balbina. Yo la quiero. Siempre la he querido. 

- El caso es que sus amigas y familiares dicen todo lo contrario. Su matrimonio se hundía más rápido que el Titanic y usted, en un arrebato de furia, al enterarse que su mujer le quería abandonar e irse con su hermana a Praga la asfixio, sin pensarlo. 

- ¿Balbina me iba a abandonar?. 

- No se haga el ingenuo, usted lo sabía, lo sabía todo el mundo - le recrimina el más viejo.

- No, yo pensaba que se había marchado de viaje con su amiga Danna. Se iban quince días a Logroño, a visitar a unos familiares de Danna. Pregúnteselo a ella.

- Ya hemos hablado con ella. Fue la que dio la voz de alarma al ver que su amiga no le cogía el teléfono en tres días. 

- Danna... siempre tan entrometida. Bueno... que quieren que les diga. Me han dejado completamente confuso. Así de primeras me entero de que mi mujer ha sido asesinada, que me iba a abandonar y que todo el mundo cree que yo la mate. Eso no es cierto.

- ¿Donde estaba el sábado 15? - le interrumpe el agente.

- En un congreso de biología molecular. Pueden comprobarlo.

- Ya lo hemos hecho. Pero se ausentó por unas horas del congreso, exactamente de 20.30h a 23h de la noche - dice el más joven.

- Fui a dar un paseo.

- ¿Acompañado? - preguntan ambos.

- No, solo, quería desconectar después del largo seminario.

- Entiendo... ¿y no sería que usted volvió a su casa con la fija y malévola idea de asesinar a su mujer, la cual ni se daría cuenta, por los fuertes somníferos que toma?.

- ¡No!, ¿pero por quien me toman?. No soy ningún monstruo.

- Eso esta por ver - dice el agente Spuch.

Dejan solo a Lorenzo en la sala, no pueden seguir con el interrogatorio hasta que llegue su abogada. 

Entran de nuevo, solos, los dos policías. 

- La señorita Vivas no va a poder venir, así que lo dejamos en libertad, pero no se vaya muy lejos, pues pronto deberemos de hablar con usted.

- No, yo quiero resolver todo esto ahora. Quiero hacer una confesión. Yo no mate a mi esposa pero se quien lo hizo.

- ¿Quien? - pregunta el teniente.

- No se lo van a creer… suena a cuento. Pero es lo que vi con mis propios ojos. Fue Tom Jones. 

- ¿Quien es ese Tom Jones?.

- El cantante.

- ¿Pero que sandeces esta diciendo?.

- Ya les dije que no me creerían. Se lo avisé. Pero no miento.

- Explíquese.

- Cuando me fui del congreso si que volví a casa, pero no con la intención de matar a mi esposa como ustedes dicen, iba a por un par de prendas más, pues durante el día había ensuciado parte de mi ropa.

- ¿De que forma?, ¿con qué?.

- Eso no es importante.

- Si que lo es, díganoslo.

- Bien, con semen, si es que quieren saberlo. ¡Me masturbe y manché toda mi ropa!, ¿esta bien así?.

- Prosiga.

- Cuando llegue a casa todo parecía normal, la puerta no estaba forzada, las luces apagadas, Balbina durmiendo, o eso creía yo. U”a tranquilidad corriente. Pero al llegar al salón vi a Tom Jones sobre la mesa cantando "I'm coming home to your loving heart. Till the one that I was, true way and broke apart...” y claro, me quede de piedra. Pues siempre he sido su admirador, desde pequeño. Adoro la canción de It's not unusual. Ha salido en tantas películas ese tema. En fin, le pregunte como había entrado en mi casa y que hacía cantando en mi mesa. Y él me dijo que estaba celebrando mi soltería. No lo entendí. Pero como estaba eufórico, no le hice más preguntas. Nos pusimos a bailar y nos bebimos un whisky. Pensé en despertar a Balbina, pero él no me dejo. Y me contó todo. Había asfixiado a Balbina pues sabía que yo era infeliz con ella y me había quitado ese lastre de encima. Yo no lo comprendía, pensaba que bromeaba, pero cuando fui a nuestro dormitorio y la vi hay, muerta, fui consciente de todo. Salí hecho una furia de la habitación y golpeé a Tom. Este me dio un bofetón tan fuerte que me tiro al suelo, y me dijo que me tranquilizará, que él se encargaría de deshacerse del cuerpo, que no temiera, yo no había hecho nada. Yo quise llamar a la policía, pero no me dejo, me amenazo con matarme a mí también. Me llamo desagradecido, por no saber valorar el regalo que me había hecho.

- ¿En serio?.¿ En serio quiere que nos creamos esta fantasmada?.

- Yo digo la verdad. Yo no lo hice, fue Tom, Tom Jones.

- Anda Spuch apártalo de mi vista, un minuto más con este cretino y no respondo de mis actos.

El agente Spuch se lo lleva hasta la entrada de la comisaría y lo hecha a patadas. Esta más que harto de estas pantomimas del tres al cuarto.  Entra de nuevo a la sala de interrogatorios.

- Otro que querrá alegar enajenación mental y acabará de rositas. ¡Maldito cerdo! - dice enfadado Loño.

- Cálmese Loño, a ese canalla lo vamos a agarrar por los huevos, pero bien agarrado. Este no se nos escapa - dice Spuch golpeando la mesa. 

12.3.12

Las tribulaciones del pequeño Lucas


- Este libro ha cambiado mi vida - le dice una joven rubia mirándole con vergüenza - La superación de Lucas, golpe tras golpe, me ha abierto los ojos. Ahora atesoro cada momento como único y analizo mejor mis problemas. Si Lucas consiguió superar todo eso yo también puedo - le dice pasándole dos ejemplares de la obra - Este lo firma a nombre de Carlos y este otro es para mí. Mi nombre es Anaís - le dice sonriendo muy feliz. Tiene una sonrisa bastante peculiar, es extraña, pero agradable.

Lucas firma ambos ejemplares y en el de Anaís anota el teléfono de su psicólogo Santiago.

- Perdone la pregunta, ¿pero la novela es biográfica? - le pregunta expectante. En el fondo Anaís espera que la respuesta sea afirmativa. Necesita escuchar un sí de esos labios secos.

- Tranquila, no es ninguna molestia que me pregunte eso. No, es pura ficción. Por suerte mi vida no ha sido como la del personaje que narro - miente. Cada una de las palabras escritas en ese libro son el reflejo de su vida, exacta, al mínimo detalle.

- Vale gracias. Es que como el personaje principal y usted se llaman igual, incluso los apellidos, pues por eso... vaya, pensará que soy tonta. Lo siento - le dice recogiendo nerviosa los libros y marchándose rauda. Unas finas lágrimas humedecen sus mejillas. Se siente humillada.

La jornada transcurre tranquila. Firma un centenar de sus libros, se hace un par de fotografías con las/os lectoras/es y las/os trabajadoras/es de la librería, le hacen una larga entrevista (es el bestseller del año, más de 300.000 ejemplares vendidos en menos de seis meses) y después él lee un pasaje de su obra.

- Hoy tenemos el placer de presentaros al autor y su obra. Las tribulaciones del pequeño Lucas es el bestseller escrito por Lucas Sanz Rueda. Una historia de superación absoluta. Este escritor madrileño narra la historia de Lucas, un niño de 6 años que sufre acoso sexual por uno de sus hermanos, Ramón, el mayor de la casa. Al morir sus padres, Lucas y sus cuatro hermanos se quedan a cargo de Ramón. Desde una edad temprana Lucas comenzó a encontrarse sometido a los juegos de su hermano, pero tras la muerte de sus padres, Ramón sosegó sus penas en el cuerpo del niño noche tras noche. Tras cinco años de abusos se marchó de casa. Sin saber a donde ir ni que hacer, ocupo una casa en la periferia de Madrid, junto a un grupo de familias sin hogar. Cayó en el mundo de la droga a los trece años y terriblemente deprimido intentó quitarse la vida a los quince, lanzándose en medio de una autovía. En ese intento de suicidio generó un accidente de dimensiones catastróficas, en el cual el joven vio morir a la señora que freno su coche para salvarle la vida. En el automóvil había un niño de apenas unos meses, y al cual Lucas se llevo, antes de que el coche explotará y ardiera en llamas. Lucas se dio a la fuga y se marcho a Navarra, donde consiguió desintoxicarse y comenzó una nueva vida junto a Leo - lee Samanta, la dueña de la librería Gansos. Una rotunda ovación seguida de unos clamorosos aplausos llenan la sala malva (la sala de presentaciones y conciertos de la librería) - Ahora Lucas, procederá a leer un fragmento de la obra. Cuando quieras Lucas - le dice dándole turno de palabra y encendiendo su micrófono.

- 6 de agosto de 1963. Ramón me ha vuelto a tocar. Esta vez me acorraló en el baño, cuando estaba en la ducha. Agresivamente empezó a palpar todo mi cuerpo y a frotar su entrepierna contra mi cabeza. Me ha clavado con tanta fuerza la cremallera de los pantalones en la boca, que hemos tenido que ir a urgencias a que me pusieran nueve puntos en el labio. Después me ha comprado un helado y una bolsa de palomitas, las de colores, que son mis favoritas. Se ha disculpado por lo que ha pasado antes en el cuarto de baño. Se que lo siente, no quería hacerme daño. Es mi hermano y me quiere. ¿Cómo un hermano te podría hacer daño?. Él, que ahora es mi padre y mi madre. Sangre de mi sangre. Es imposible. Ramón me quiere, solo es que esta enfermo el pobre - lee conteniendo las lágrimas. 

Tras la presentación Lucas se mete de cabeza en un bar. Hace meses que no bebe una copa, tiene el hígado fastidiado hace un par de años. El médico no le deja beber ni gota, pero Lucas necesita embobar un poco su cabeza. Ha sido una jornada larga y dura.

Escribir le ayuda, su terapeuta se lo recomendó, pero él sigue igual. Las cosas no se borran tan fácilmente de la memoria y más ahora que se esta haciendo rico a costa de sus penurias. El drama vende, pero más aún la desgracia. Cuando Leo cumpla los 18 años, Lucas se suicidará. Ya no hay vuelta atrás, solo el reloj haciendo tic tac tic tac.

2 años después...

Leo encuentra el cuerpo inerte de su padre en la cocina. Ha engullido todo un bote de barbitúricos con dos botellas de absenta importada. Leo se desmaya sobre el cuerpo de su padre. La vecina del quinto es la que los encuentra. Leo es hospitalizado durante dos semanas.

Realmente Lucas lo ha intentado, pero el peso de los recuerdos era más fuerte que sus ganas de vivir. La vida no está hecha para ahogarse en el pasado, pero cuando el pasado te tiene preso, no hay otra forma de vivir.

5.3.12

Big Ben (1era parte)


- Buah tengo la lengua muerta de comer tantos coños - le espeto en la cara a Megan mientras me meto un puñao' de cacahuetes en la boca. Bebo un largo trago de la birra que me acaba de traer una camarera de infarto. Ella me mira como a un cretino. Pues no lo soy nena.

- ¿Por qué siempre eres tan escatológico Ben? - me dice poniendo mala cara la mojigata esta.

- ¿Por qué siempre eres tan puritana Megan?.

- Yo no soy puritana - dice realmente enfada. Esta hastiada de que la tachen de: remilgada, virginal, beata, piadosa, cándida y santurrona. Pero sobretodo le cabrea que la llamen puritana. A mi me pasa lo mismo cuando me llaman Big. Me recuerda lo peor de mí y es algo que pretendo olvidar.

Estoy harto de vivir en esta ciudad. Londres me aburre. Ya no hay nada que me guste. La gente me asquea, el curro me puede, la familia me desespera... no se porque no cruzo ya el puto Tamesis y me piro de este gueto. ¡Puto Big Ben y su maldita estampa!.

- Ni yo escatológico periquita, si eso, un ordinario de los huevos. Primero piensa y luego suéltalo bonita. Es un consejo.

- Paso de tu cara, capullo - me dice toda tensa. Estira la espalda en la silla. Luego mira ofuscada al infinito y frunce el entrecejo. Me hace gracia, por que se queda un poco bizca cuando hace eso. Pero sigue estando tremenda la pava.

- Me estabas aburriendo mogollón con tu anodina conversación tía. Si no rompo tus esquemas eres de lo más muermo. Si al menos te suelto algo que te asusta, como el temor que tienes de mi lengua folladora, reaccionas.

- ¡Que te den! - me dice levantándose y yéndose a la barra - Se queda estática en la barra, sin mover un solo pelo. Yo mientras me pimplo su cerveza de un trago. Odio la lager, donde se ponga una pilsen que se quite todo lo demás. Pura birria. Me levanto y estiro mis músculos. Estoy hecho una mierda. Me calzo la chupa y me dirijo a hacía Megan. Le abrazo por la espalda y le lamo el cuello. Ella me aparta de un empujón (que casi me tira sobre una pareja de abuelos birreros) y me suelta . La camarera sonríe maliciosamente al ver en el percal en que me he metido. 

Ya fuera, Megan se enciende un piti y me pasa otro a mí. Yo no suelo fumar, odio el alquitrán y todas esas cosas en mis pulmones, pero si me pasan uno o dos, nunca digo que no. Caminamos hasta Covent Garden y nos sentamos en un banco. Comienza a llover. ¡Como no!. En el fondo, a mí el clima no me cabrea. Me gusta observar mi resistencia bajo el agua y cuanto tardo en ponerme chungo. Cada vez soy más inmune al frío. Megan me hace una señal de que no soporta más el aguacero y nos movemos. Entramos dentro del mercado y nos pillamos unas pizzas y empapados comenzamos a jalar.

- Ey tíos mirad, ahí esta Big - dice una panda de cabrones, los cuales son mis amigos, pero lo que yo diga, unos colgados que se pasan el día entre tripis y ketamina. 

- Ey bastardos - suelto yo agarrando a Megan de la cintura - ¿Que hacéis por esta zona?.

- Ya sabes, trapicheos - me dice legañoso Chris - Esta noche vamos a ir al Soho, que pincha Hugo en The Acid, ¿os apuntáis tortolitos?.

- Bahhh no creo. Prefiero follar toda la noche con este bombón - replico dándole una palmada en el culo a Megan. Ella me mira con desaprobación.

- Esta es la última Ben. ¡Eres insoportable! - me recrimina Megan. Me golpea con el puño en el pecho y se pira.

- Como quieras sucia monja estrecha - grito mientras veo como se pira.

- Bueno... entonces ¿Soho?.

- Exacto tíos, Soho.