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12.12.11

El declive del fuego


Ya solo quedan unas pocas brasas vivas en el suelo y siento como se rasga mi pecho con los últimos potentes latidos de mi duro corazón, en el fondo son como pequeños ronroneos de un gato moribundo, que maúlla con locura protegiendo su lugar y yo no puedo morir ahora, aún tengo que completar mi obra, aunque siento que estoy a punto de espirar mi último aliento.

La casa se ha reducido a cenizas, los cuerpos de mis dos hijas y mujer han quedado completamente calcinados. Y aquí estoy en el suelo, acariciando el cuerpo de Valentina, churruscada como un trozo vulgar de carne. Todo ha sucedido muy rápido, la gasolina estaba en mi manos, primero rocié a las niñas mientras dormían y luego, como un demente perturbado, les prendí fuego, con una sonrisa endemoniada pintada en mi rostro. He observado maravillado ese continuo Valls que las llamas me ofrecían en esta noche de luna llena. Bailaban sobre las cortinas, se deslizaban sobre sus juguetes, lamían el suelo con lujuria y luego, han reptado sobre sus bonitas camas, serpenteando sobre sus pieles rosadas e inocentes, y sus gritos desesperados han quedado completamente amortiguados por el crepitar del fuego, creciente y totalmente perverso. Valentina, como buena madre, ha subido corriendo al sentir el olor a quemado y al escuchar semejantes gritos que levantarían a los muertos de sus criptas. He podido sentir el odio y el pánico en sus ojos desencajados al entrar en la habitación. Me ha visto de pie, tranquilo, viendo morir a las que yo creía que habían sido mis hijas desde un primer momento, antes nuestras dos adorables pequeñas, y ahora, esas, morían en un infierno anaranjado. La he sostenido por los brazos y le he obligado a mirar, viendo como esas dos niñas aullaban por el dolor extremo, como sus pieles se caían y sus cuerpos se convertían en unas masas pegajosas de vísceras ensangrentadas. Valentina parecía que iba a desmayarse, pero yo le golpee, una y otra vez, y no le deje que se perdiera ni un solo segundo de mi creación llena de rabia y dolor, toda, causada por su culpa. Luego las llamas se apoderaron de la sala entera, y por un momento quise morir abrazado a ella, sentir como nuestros cuerpos se convertían en uno, y que las llamas nos regalaran su calor y su fuerza. Pero no se lo merecía. No merecía que yo la abrazará y le diera mi amor, mi afecto o ni siquiera mi comprensión. Ya se lo había dado hace años y ella, ahora, lo había lanzado al cubo de la basura, con sus mentiras y traiciones. Solo se ha comportado como una sucia ramera, como una vulgar perra en celo. Después la baje por las escaleras inconsciente y la rocié también a ella. Su rostro herido, se volvió rojo, lleno de fuego. Y yo la miré en completa calma, sabiendo que había sido su redentor, el que le había librado de la pesada carga de la culpa en su consciencia. Esas llamas limpiarían su alma impura y protegerían a las crías que quise, de un futuro decadente y pérfido.

Un grupo de aves rapaces sin sentimientos rodean la escena atroz. Escucho quejoso sus lamentos, lágrimas falsas de algunos vecinos, incluso algún flash que otro veo de alguna de esas alimañas insanas.  

Se oyen las sirenas amenazantes. Los salvadores de uniforme se dirigen raudos a cumplir su cometido. ¿Héroes?. Ellos se creen héroes, pero, ¿con que derecho?. Yo soy contable y no me creo un héroe. Soy un hombre sencillo, inteligente y amable. Y ahora me he convertido en una bestia por que he acabado con mí familia, a la que siempre he querido, a la que he cuidado, la he alimentado, a la que he llevado de viaje, les he colmado de regalos, de amor y de todo mi afecto… y finalmente he acabado quemándoles, convirtiendo sus sueños en simples restos de espesa pavesa.

Y ahí esta él, con su traje brillante y su enorme casco. Y aunque no puedo ver sus ojos, siento su tristeza oculta y el dolor se respira por doquier. Se que no va conseguir aguantarlo, no, no va a poder conseguirlo, por mucho que lo intente. Sus manos se retuercen y su respiración agitada empaña la cristalera de su casco. Y como yo preveía rompe el silencio con un grito desgarrador, partiendo la absurda calma falsa de los flashes de las cámaras y de los vecinos rumiantes.

¿Por qué?, ¿por qué has hecho esto cabrón?. Me grita quitándose el casco y tirándolo al suelo. Me coge por mis ropas quemadas y me golpea. Sus compañeros no lo detienen. Seré el Diablo, ¿pero merezco tal abuso de autoridad?. Yo no oso responder a su verborrea incesante. Me golpea la cara con sus lágrimas espesas, me escupe las palabras de tristeza junto a un mar de babas calientes. Me repugna pensar que mi Valentina yació en manos de este hombre, este absurdo capullo que llora con un niño. Debería de haber acabado con todo esto hace mucho tiempo, fui consciente de sus mentiras desde el primer momento y quise superarlo, pero no podía aguantarlo. Se habían atrevido a chafarme, a reírse de mí a mis espaldas. Este cerdo se follo a mí mujer en mí cama, donde yo dormía. Esa cama estaba llena de su olor y pringada de su sudor y ella, tenía el cuerpo marcada por él. Sus espermatozoides eran libres de pasear por el camino que yo hacía meses no probaba, me lo había sido arrebatado. Me toco comenzar a dormir en el sillón del comedor, solo, triste. Mientras ella, me engañaba con sus sutilezas. No puedo parar de imaginar, una y otra vez, como se la tiraría en mí cama, galopando como una fiera sobre ella, en nuestra ducha, mojando sus cuerpos con el agua que yo pagaba, en mí sofá, sobre el mármol de la cocina, donde después ella me preparaba la cena, en mí despacho, comiéndole el coño sobre mí escritorio. Maldita sea, se pasaban el día jodiendo como vulgares conejos. Asco, asco, asco, asco, asco. Vuelvo a la realidad por uno de sus fuertes golpes en mi estomago. Esta vez siento como si sus frías garras me partieran el espinazo, dejando al aire mis entrañas vacías de culpa. Ya no me queda a penas tiempo, no aguanto más despierto. Esta vez su equipo lo frena, los buitres mirones fingen estar horrorizados ante tales actos. Lo levantan del suelo, llorando, tiene que ser sostenido por su cuadrilla, ya que no puede ni mantenerse en pie. Se que desea matarme, pero él sabe que ya me estoy muriendo, rodeando al cadáver de mí mujer, esa mujer a la que él quiso, con la que ideo planes de futuro, imaginando una vida que me pertenecía a mí, una vida que por unos meses me robo como si nada. La furia llena su sangre. Arde, como los cimientos de mi casa y de mi ausente vida. Se vuelve, lleno de una vesania irrefrenable, hacía mí, sin importarle ya nada, le da igual perderlo todo, pues han muerto sus niñas y la que había sido su amada, supongo que siente que ya no le quedan razones para vivir. Iluso. Y cuando le quedan, a penas cinco pasos para llegar a mí, recupero la verticalidad sentándome y le disparo en su fría y dura testa. Se desploma en el suelo, pesado, dibujando un cerco de lumbres en declive y yo, sostengo mí arma con firmeza, cerrando los ojos, sintiendo como por fin me duermo, después de tanto tiempo sin sosiego.

28.11.11

Inquilinos en esta celda


Exterior:

- Ya no queda nada para el gran día. ¿Cómo lo estas llevando guapa? - dice Victoria dándole un largo trago a su cerveza. 

- Pues con ganas de que acabe este martirio, pero por otro lado, me da pena, no se... he llevado a estos dos gamberros aquí dentro - dice Marga acariciando su vientre con expresión risueña - tanto tiempo, que ya me he acostumbrado a que sea así. No se... es como si abandonaran su hogar... su primer hogar - unas lágrimas finas le caen de los ojos - Pufff, llevo las hormonas alteradísimas. En estas dos últimas semanas he tenido unos cambios de humor impresionantes - dice mientras saca un pañuelo de tela azul del bolso y se seca las mejillas.

- Que cosas dices tía - dice Victoria riéndose. Marga llora un poquito más - Voy a pedirme otra cerveza, ¿tú quieres algo más?. Anda, que invito yo. Aprovéchate, es una oportunidad única en la vida - le dice con una sonrisa inocente.

- No Victoria, tengo el estomago extraño. Ya te digo que no se que traman estos dos, ¡no se quedan quietos ni un segundo!. Espero que estén más calmados cuando salgan - dice incrédula de sus propias palabras. Más lágrimas caen de sus ojos - Me termino el zumo y me voy para casa, estoy bastante cansadita. Me siento como una abuela, pero con la capacidad reproductiva en funcionamiento - ríe a carcajada limpia.

- Extraordinario - dice en voz baja Victoria, que se queda alucinada ante el cóctel de hormonas que tiene delante suya. Sin duda, no quiere pasar por lo mismo. La maternidad no es lo suyo - En fin... yo me tomo la última y ya te acompaño para casita, ¿te parece bien?.

- Claro, no tengo problema. Con la velocidad que bebes solo serán cinco minutos más, y eso lo puedo aguantar - dice puñetera.

- ¡Exacto!. Además, con el calor que hace, tengo una sed que parece irrefrenable - dice Victoria yendo hacía la barra dando saltitos.

- Pero si estamos a cinco bajo cero loca - grita Marga.

Interior:

- Gemelo 1: Llevamos más de siete meses y pico metidos aquí, los dos juntos, apretujados en este incómodo útero. Que te tiras un pedo y me das en la boca, así están las cosas de chungas en esta pringosa y húmeda celda. Aquí no hay espacio suficiente para dos tipos como nosotros. Fuimos grandes y lo seguimos siendo, aunque ahora nadie nos reconocería y ni se atrevería a admitirlo, hemos vivido una lujosa y exitosa vida, teníamos amigos y mujeres por todas partes y ahora, estamos condenados a yacer en esta cárcel caliente no sé sabe hasta cuando. 

- Gemelo 2: Míralo desde el lado positivo y no te quejes, al menos nos han dejado la calefacción puesta durante todo este tiempo. Podría haber sido peor.
- Gemelo 1: ¿Yo no se a quien se le ocurriría meternos a los dos aquí?. ¡No se han dado cuenta de que no cabemos!. No hace falta estar licenciado en arquitectura o ser un fanático del T-trix para saberlo. ¡No hay espacio!.

- Gemelo 2: Da gracias de que no seamos tres. He oído por ahí que a veces eso ocurre y que la situación es, mucho peor que esta.

- Gemelo 1: ¡Cállate enano!. Siempre con tus gilipolleces. Me tienes hasta los huevos.

- Gemelo 2: Pero si tú eres más pequeño que yo. ¡Yo llegué antes y lo sabes!.

- Gemelo 1: Que tonterías dices. Anda, quítate de aquí, que me molesta tú jodido brazo.

- Gemelo 2: Quien me mandaría dar las órdenes para fecundar a ese óvulo.

- Gemelo 1: ¿Que dices cretino?.

- Gemelo 2: Nada... estamos los dos algo irascibles. Mejor será que nos mantengamos callados un rato. ¿Te parece?.

- Gemelo 1: ¡No!. Ni tú ni nadie me dice cuando tengo que mantener la boca cerrada. ¿Me has entendido?.

- Gemelo 2: Estoy harto de que te creas superior a mi. 

- Gemelo 1: ¡Es que lo soy!.

- Gemelo 2: Lo que eres es un fantasma y un caradura. Siempre estas robándome la comida, durmiendo en mi cama y luego meas en cualquier sitio.  No eres más que un pringao' y un cerdo.

- Gemelo 1: No te atreverás a repetir lo que acabas de decir de nuevo, cabrón.

- Gemelo 2: Venga... mejor haya paz, ¿vale?.

- Gemelo 1: Ves... te rajas. ¡No vales para nada!. ¡Gallina!.

- Gemelo 2: ¡Ah! no puedo más. No hay quien te aguante. Eres... eres... 

- Gemelo 1: ¡Cuack! cuack cuack cuak. ¡Cuak! 

- Gemelo 2: ¡Te vas a enterar bastardo!.

- Gemelo 1: ¿Tú y cuantos más? - El gemelo 2 salta sobre el gemelo 1 y comienza a zurrarle. Pero el gemelo 1 lo agarra con el cordón umbilical y se pone sobre él - Acabaré contigo como acabé con el primero que apareció por aquí – el gemelo 2 pone una expresión confusa e intenta decir unas palabras, pero es demasiado tarde, el gemelo 1 lo mata a golpes – Es hora de salir de esta terrible cueva.

Exterior:

Auuu,auuu,auuu...¡Ahhhhhhhhh!,¡Ahhhh!,¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHH! - aúlla Marga dolorida.

- ¿Qué te ocurre Marga? - dice preocupada Victoria, acercándose a ella, corriendo, esde la barra.

- Creo que he roto aguas - dice con cara de felicidad.

Interior (empujando al exterior):

- Gemelo 1: La guerra no ha hecho más que empezar.

22.11.11

California Dreaming: Desfase Horario.

- Antuan, siento haber vuelto a llegar tarde. ¡Venga, por favor, no te cabrees tanto conmigo! – le suplico con ojos de niña dulce.

- ¿Tarde?. Pero si no has venido en dos días a trabajar. ¿Sabes lo preocupados que estábamos por ti?. ¡Al menos podrías habernos cogido el teléfono una sola vez, ¿no?, ¿es mucho pedir señorita?. ¡Esto ya es el colmo Adara! – grita colérico. Me siento como una adolescente a la que su padre riñe por haberla pillado fumando en el baño.

- Anda… que estaba haciendo buenas acciones. No te enfades bobalicón. No se, no tuve consciencia del tiempo, no sabía ni que día era. Yo solo cumplía con mi deber.

- Bien. Ni me importa ni me interesa. Ese no es mi problema. Escúchame, deja de emborracharte como una cría y cumple con tus obligaciones. Es la última vez que te paso una, ¿entiendes?.

- Claro como el azul de tus ojos guapetón – le digo sonriéndole. Cada mes me pasa una, ¿me pregunto si al final esto tendrá su límite?. Parece muy serio, pero no creo que me deje en la estacada sin trabajo. Es un buen tío – Gracias. Eres el mejor – un poco de peloteo para mi adorable jefe - Prometo portarme bien – suelto una risotada pícara para romper la tensión. Antuan bufa molesto y me mira arrugando la nariz. Esta muy bueno cuando se cabrea. Totalmente bueno. Le da un aire de músico desdeñoso. Pero el ni se entera.

- Pero no creas que te libras de mi castigo favorito, anda, vete a limpiar los baños. Quiero que estén tan brillantes que cuando vaya a mear vea mi reflejo en ellos.

Me paso la tarde limpiando esos cuchitriles. Es increíble ver lo limpio que esta en general el local, y que cuando entras a los baños es como si te metieras en un pozo lleno de mierda, rebosante y asqueante mierda. Estoy orgullosa del resultado de mi limpieza. Se podría comer hasta en la taza del water. Y aunque sea una apetitosa idea, creo que prefiero intentarme comerme a mi adorable Antuan a besos.

Un tipo gordo entra a empujones en el baño. El muy cabrón se ha pasado la tarde comiendo hamburguesas y nachos a escondidas (supongo que el pensaba que era muy discreto, pero comer tras un periódico que no te tapa ni la papada y tener la puta cara llena de queso todo el día no lo es. No señor, no lo es.) y debe de tener una indigestión tremenda, por que yo solo oigo alaridos de dolor de su orondo estómago. El mal nacido tarda en ensuciar en cinco minutos lo que yo he estado limpiando, con sudor y sangre, durante más de tres horas. Salgo del baño, no puedo seguir escuchando semejante espectáculo. Me hundo en la puerta y Antuan me mira riéndose. Como disfruta el cabrón cuando tiene poder sobre mí. Aunque yo preferiría que lo tuviera encima mía, cosas de la vida. El gordo sale, otra vez a empujones, y yo miro con resignación la entrada del infierno. Recargo mis armas: lejía y amoniaco a raudales (bendita mezcla si quieres morir por inhalación de gases tóxicos). Descargo medio bote de lejía sobre la enorme mierda del tipo, que asoma por el water. Es asombroso ver como ni la lejía destruye a semejante monstruo. Es una tarea difícil. ¡Dios, ayúdame a ganar esta infecta guerra!. Una sucesión de arcadas golpean todo mi cuerpo.

Cuando termino de limpiar, cierro ambos baños con llave. No deseo tener que volver a entrar en esos cuartos por esta noche. Demasiados malos recuerdos. Señores y señoras, si sienten la necesidad de depositar sus fluidos háganlo en la calle, la menda os lo agradece. Me meto de cabeza en el despacho de Antuan, donde tiene su baño privado, con ducha de hidromasajes. Él sabe como cuidarse después de una larga y dura jornada de trabajo: ducha y paja, excelente combinación. Me pego una buena ducha caliente e intento a eliminar ese olor asqueroso que tengo encima.

Estoy algo deprimida por el tema de Cristine. En la comisaría nos han tratado muy bien. Han interpuesto una orden de alejamiento contra el orangután ese y le han dado ha Cristine una de esas pulseritas para avisarles si se encuentra en peligro. Además le han recomendado un par de terapeutas, de gratis, que la pueden ayudar a vivir con normalidad y volver a ser feliz. No quería dejar sola a la ”pequeña”, pero si no, una ya se queda sin curro, y Antuan ya me tiene muy pillada de las orejas.

Debo dos meses de alquiler y estoy sin papeo en el piso. A veces soy un verdadero desastre. ¡Puto dilema de pillarme mierdas en lugar de pagar mis deudas!. Venga va… relajémonos. ¡Relájate maldito cerebro!. ¡Cállate jodida consciencia!. Solo yo se como taparte esa boca, cabrona. Deslizo la alcachofa de la ducha hasta mi pubis y dejo que el agua, y las seis distintas posiciones de esa ducha milagrosa, hagan su trabajo. Esta es la mejor forma de cerrarle el pico a la muy guarra. Me corro un par de veces y en lugar de sentirme en la gloria, una pesada carga de problemas y obligaciones se me cuelgan en la espalda, mareando detrás de mí oreja. ¡Mierda!.

Salgo frustrada de la ducha y me visto rápida.

Ya son las 22h. Aún me quedan unas cuantas horas más en este apestoso antro, al que le tengo un amor incondicional.

- Antuan, apunta: acondicionador del pelo. Me ha sentado de fábula – le digo recogiéndome el pelo, aún chorreando, en dos trenzas finas. Este me mira con cara de desaprobación.

- A trabajar nena, que hoy hay partido y la gente va como loca.

- Como quieras – le digo abrochándome mi roñoso delantal. Esta algo roído por los azotes de la lejía.

Después de cuatro horas rodeada de forofos babosos me marcho a mi añorada casa. Llevo unos cuantos días sin pasar por ahí. Tampoco es que tenga a alguien esperándome en ella, pero me gusta su compañía. Mi casa y yo. Ella me respeta y yo a ella. Así que es la mejor compañera de piso que he tenido en mi vida. Si yo la puteo con la música a tope, ella me jode con una gotera. Somos así de espléndidas.

Cuando llego me voy directa a mi cama. Me tumbo boca abajo y me quedo frita en un segundo. Demasiadas cosas en un día. Solo necesito dormir… unas pocas horas, solo unas pocas. Prometo que mañana llegaré a tiempo. 

                                                                        Fuente: Jeremy Geddes

19.11.11

Encuentros inesperados


- Cuéntemelo todo. Desde el principio por favor - le dijo el teniente encendiendo la grabadora y la dejó en una esquina del escritorio, repleto de carpetas (toda llenas de casos a medio concluir o incluso a empezar). Se recostó en su silla, de un tamaño enorme, y se quedó callado, a la espera de que la joven comenzará su testimonio. Colocó sus manos peludas sobre su panza redonda y dejó caer el peso de su espalda sobre el respaldo. Parecía tremendamente agotado y reflejaba tener graves problemas a la hora de respirar. Julia no podía parar de mirarlo con desconcierto y en su cabeza, una batalla de palabras luchaba por salir ordenadas y contar los hechos con mayor detalle. El teniente cogió un caramelo de tofee, de una bombonera de cristal que tenía sobre la mesa, y comenzó a rechupetearlo poco a poco, después empezó a morderlo, y una masa pegajosa se formó en su dentadura postiza. Solo se escuchaba el sonido de su respiración agitada y el viscoso movimiento del dulce en su boca.

- Todo empezó de la forma más natural posible - dijo Julia queriendo romper esos sonidos que le daban arcadas. El teniente ni se inmuto, estaba cayendo en un espiral de sueño, con parte del caramelo pegada en su frondoso y negruzco bigote - Nuestros primeros encuentros fueron fortuitos, frutos del destino, como mucha gente suele decir. Nos conocimos en un bar de tapas del centro. Era viernes, y yo, como todos los viernes, esperaba a mi novio, para almorzar juntos en el bar. Yo estaba esperando a Roberto, y él, Ramiro se llama, estaba solo, bebiéndose una cerveza y leyendo el periódico. A primera vista observé a un hombre de lo más normal, de cara simpática e interesante. Él se acercó a la barra, donde estaba yo esperando, y comenzó a hablar conmigo, muy fluido todo. Yo no suelo hablar con la gente así por que sí, pero Ramiro me transmitía buenas vibraciones. ¿Sabe a lo que me refiero? - le preguntó al teniente, el cual luchaba con aparentar estar despierto. Julia gruño molesta y siguió narrando lo ocurrido, al menos la grabadora estaba atenta a sus palabras, y hacía tiempo que nadie la escuchaba con tanto interés - Ramiro fue muy amable conmigo y nos reímos muchísimo. Hablamos pocos minutos, pero el escaso tiempo que estuvimos juntos fue de lo más agradable, e hizo la espera de mi ex, sí, actualmente Roberto y yo ya nos somos pareja, ahora le cuento bien el porqué… pero eso, que hizo la espera muy llevadera, por que si en algo destacaba Roberto, era en llegar tarde, siempre - quiso recalcar - Parecía que nos conocíamos de toda la vida Ramiro y yo. No se, enseguida me comenzó a atraer mucho, y jamás me había pasado eso con otros hombres, aunque pasaba por un mal momento con Roberto, seguía luchando por el bien de nuestra relación. Cuando llegó Roberto, Ramiro se marchó en un abrir y cerrar de ojos, y yo, ingenua, pensaba que jamás lo iba a volver a ver y una suave tristeza se apoderó de mí. Aún no sabía como se iban a torcer las cosas en mi vida con él. Entonces fue cuando comencé a encontrarme a Ramiro de forma frecuente. En el supermercado cercano a mi casa, en la peluquería de mi barrio, en la biblioteca del centro, en el videoclub de mi hermana, en el veterinario, etc. ¿Casualidades?. No había día que no me lo encontrará, y a mi, ciertamente, me tenía ilusionada saber que al día siguiente la fortuna me iba a regalar unos minutos con ese hombre tan cercano y a la vez tan ajeno a mí, no se, me sentía como una adolescente, con esas mariposillas, que te llevan de cabeza, rondado todo el día en el estómago. Al final, un día, decidimos quedar y que no fuera el azar el que nos hiciera encontrarnos. Ese día mentí a Roberto, por primera vez en nuestros seis años de relación, le dije que me iba a cenar con mi hermana, y no me sentí para nada culpable, notaba la adrenalina fuerte, por todo mi cuerpo y en esos momentos creía que era capaz de hacer cualquier cosa. Pase una noche estupenda con Ramiro. ¡Me hizo sentir tan viva!. Hacía tanto tiempo que me encontraba anquilosada en una relación rutinaria que no me aportaba nada y Ramiro fue como una salida rápida que me traía nuevas emociones. Le conté mis inquietudes y sueños, mis metas y logros , finalmente, mis problemas con Roberto y él me aconsejó que lo dejara y que comenzara una nueva vida junto a él, y yo, ciega por un sentimiento extraño y travieso, le hice rotundo caso a cada una de esas palabras que salían de su pequeña boca, sin pensarlo ni una sola vez, sin plantearme nada, sin valorar si quiera el tiempo pasado con Roberto. Cuando regresé a casa, en plena madrugada, desperté a Roberto y le dije lo que pensaba, así, en caliente. Tuvimos una pelea enorme, la cual jamás podré olvidar, y él se marchó de casa, hecho un mar de lágrimas. Al principio me sentí como si me hubiera extirpado una pesada carga de mí, pero en el fondo me mentía a mi misma, para poder llevar la situación de la mejor forma posible. Todo el mundo se quedó desconcertado, nadie comprendió por que había dejado a Roberto y yo, no quise dar ningún tipo de explicación. Comencé a quedar con Ramiro todos los días y sin darme cuenta, me dejé enganchar por su magnetismo y su falsa palabrería, que estaba dirigida a dejarme sola y alejarme de todos, para tenerme enteramente a su lado. Primero fue Roberto, el rival más fuerte, al ser mi pareja, pero aprovechó mis dudas y problemas con él para que fuera yo la que se deshiciera de él y no me diera cuenta de la verdadera influencia que había sido en mi decisión, luego arremetió contra mi familia, con el pretexto de que me utilizaban cuando querían y luego me dejaban tirada, como una sucia colilla, después mis amigas, la gente del trabajo, incluso simples conocidos del día a día, el carnicero, la frutera, la cartera, vecinos… todos. Me quedé completamente sola con él, y me acabé sintiendo acorralada, como cuando un niño pequeño juega con un bichito, y ese bicho soy yo, un puñetero conejito de indias que ha seguido sus órdenes a su antojo. Bien. Ya se que es ridículo que me haya planteado denunciarle, pero es que no estoy segura con él, cada día tengo más miedo. Supo como conquistarme, supo como alejarme de mis seres queridos, y yo no rechiste, cualquiera diría que yo lo hice por que me daba la gana, pero al final he sido consciente, ha sido él, me ha metido falsas palabras en la mente, basura ponzoñosa que me he tragado sin reparo alguno y me tiene donde él quiere. Yo no quiero estar con él, quiero volver a mi vida normal. Se que necesito ayuda, necesito protección, necesito vigilancia – Julia se queda callada, a la espera de preguntas o respuestas por parte del teniente, pero solo recibió los leves ronquidos que emanan de su boca pastosa.

Se marcha molesta, pegando un portazo ruidoso que ni siquiera hace inmutar a ese gordinflón que es la ley. Se encierra en el baño y rompe a llorar, sabiendo lo que le espera al salir de esas cuatro paredes. Ramiro en todas partes, persiguiéndola, acaparándola, sin dejarle un segundo para respirar. Se siente con la cuerda al cuello y cada vez le cuesta más querer seguir hacía delante.

 Al salir de la comisaría Ramiro esta en la puerta, con un enorme ramo de flores de todos los colores. Julia tiembla con miedo, pero intenta disimularlo como puede, con una risa forzada, que le parte el alma.

- ¡Cariño! – dice Ramiro con una sonrisa postiza - ¿Qué hacías en la comisaría?.

- Nada… había ido a denunciar el robo de mi bicicleta – miente descarada y Ramiro lo sabe – No me encuentro bien Ramiro. Esta noche me gustaría estar sola y dormir pronto. Creo que estoy incubando algún virus y no quiero contagiarte. No me encuentro bien últimamente.

- No importa preciosa, está bien. Ahora descansa y nos vemos mañana – A Julia se le escapan las lágrimas de los ojos y Ramiro sonríe feliz al ver su reacción– Yo te encontraré tesoro y te cuidaré como solo yo puedo hacerlo, ya sabes, nadie más quiere estar contigo, solo yo amor, solo yo.

Julia llega a su casa abatida. Cierra ventanas y puertas con cerrojo y se tumba en la cama, hecha un ovillo mojado. El sueño no se apodera de ella, ni con todas las pastillas que se ha tomado. Enciende la radio, para no sentirse sola. Escucha, entre sollozos, las canciones de todas las cadenas. Pone la emisora favorita de Roberto, la que escuchaban juntos cuando trasnochaban. Decide llamar al teléfono de atención de la emisora.

- Buenas noches oyentes, son las 4.30 de la madrugada y eso era Wrong de Depeche Mode. Ahora pasamos al consultorio de llamadas. La primera llamada que nos entra en la centralita viene desde Valencia. ¡Buenas noches Julia! - dice la reportera con un énfasis desgarrador.

- Buenas noches - se escucha una voz muda. Se respira absoluta tristeza en el aire.

- ¿Qué es lo que nos quieres relatar Julia?. Ya sabes que el programa de hoy trata de encontrar el perdón de un ser querido y que contamos con la colaboración de Yolanda Ruiz, psicóloga de la emisora. ¿Cuál es tú historia? - dice la reportera, Silvia Domínguez.

- Me siento realmente confusa y lo que necesitaba ahora era hablar con alguien. No se por que se me ha ocurrido llamar aquí. Soy estúpida por pensar que aquí hallaría alguna solución. Nadie esta por la labor. Yo la fastidie y ahora estoy completamente jodida.

- Has llamado al lugar correcto. Aquí te podremos ayudar a solucionar tus dudas y problemas. Ánimo Julia, por favor, confía en nosotras y cuéntanos, ¿que es lo que te ocurre?.

- Solo quiero decirle a Roberto que todo fue un error y que le amo. Que ojalá algún día quiera verme y que escuche mis palabras. Tengo mucho que explicarle. Que lo siento y que jamás en mi vida lo había necesitado tanto como ahora mismo. Que es ridículo darme cuenta ahora, que esta todo negro, lo que él ha significado para mí. Pero que sepa que siempre le querré, pues ha sido lo mejor que he tenido en mi vida.

- ¡Ohhh Julia!. Eso es realmente tierno. Seguro que Roberto se da cuenta de que ya estas completamente arrepentida por lo que fuera que hicieses o pasara entre vosotros dos. Gracias por llamar y esperamos que te hayamos servido de ayuda, transmitiendo tú mensaje en esta noche, ahora no tenemos más tiempo contigo, debemos responder las restantes llamadas – dice la reportera cortando a Julia de golpe con la mitad de palabras en la boca - La siguiente llamada también viene desde Valencia y es para Julia, nuestra anterior llamada.

Julia se sienta en el borde de la cama, pegando sus orejas a la radio, para oír la voz que tanto anhela. “Roberto, perdóname” – suplica en susurros.

- Julia, duerme, duerme tranquila mi amor – dice Ramiro, rompiendo todas sus esperanzas – Roberto fue estúpido por dejarte escapar de su vida, pero yo jamás te lo permitiré. Te amo y siempre estaremos juntos. Solos tú y yo tesoro, solos, siempre, tú y yo.

30.10.11

Koala

- Desde que ha regresado de Sidney Marcus sufre sonambulismo todas las noches - le digo a Ivonne quitándome las bragas. Me siento en esa silla que me hace sentir terriblemente patosa y me preparo para la ecografía - Llevo tres días sin dormir y no paro de sufrir calambres en las piernas - me quejo molesta.

- Baja un poco más el culete Álida. Un poco más... más... ¡Listo! - me dice Ivonne colocando su cabeza entre mis piernas - A parte de los calambres ¿has tenido alguna molestia más en estos días? - me pregunta mientras se coloca los guantes de látex.

- Un poco. Me han molestado los ovarios y he tenido más nauseas que de costumbre. He vomitado toda la semana al despertarme. Ahora no puedo soportar para nada el olor de la leche.

- No te preocupes, es algo normal. Ya estas en la semana número treinta y seis del embarazo, nos quedan a penas cuatro semanas para ver a esta ricura nacer - me dice sonriente. A Ivonne le encantan los bebés, pero la pobre no consigue quedarse embarazada, ya que tiene ciertos problemas en el útero. Nunca me ha dejado claro de que se tratan, pero se que algo no le funciona bien por esa zona. Ella sabrá bien, es la ginecóloga.

- Como te estaba diciendo, Marcus me esta volviendo loca. No me deja dormir ni una sola noche. Además, lo paso realmente mal, pues pienso que puede acabar haciéndose daño, andando de un lado a otro de la casa, a oscuras - le digo mientras me coloca ese gel frío y pringoso sobre mi barriga. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo.

- Bueno, no te preocupes, que vaya al médico y se lo comente. Seguro que es por el cambio de horario y demás. Le estará costando acostumbrarse a las horas de sueño y necesitará gastar más energía por la noche - me dice apretándome la barriga y palpando la zona - Yo tengo un amigo que comenzó a tener episodios de sonambulismo por el estrés en el trabajo y una paciente que pillo a su marido en la cama con otra y más de lo mismo. Así que vaya al médico pronto, y por su bien y el tuyo, que solucione ese problema cuanto antes. Que dentro de poco comenzareis a dormir menos - me dice guiñándome un ojo - Esta todo en orden preciosa. Vamos a hacerte una cito también.

Comienzo a llorar sin control alguno. Ivonne levanta la cabeza y me mira.

- ¿Pero que te ocurre guapa?. Todo va bien, no te preocupes - me dice intentando reconfortarme.

- No Ivonne. El problema es que Marcus cuando esta sonámbulo cree que es... que es un... - trago saliva - ¡Oh Dios!, me da vergüenza hasta decirlo en voz alta. No quiero creérmelo.

- ¿Un que Álida? - me dice incorporándose y cogiéndome de la mano.

- Un koala - le digo en un llanto interminable. La pobre no contiene la risa y una carcajada sana y profunda retumba en la habitación.

- Lo siento - me dice arrepentida - ¿Cómo sabes que actúa como un koala?.

- Pues por que esta durmiendo más de quince horas al día, se ha comido todas las plantas de casa, incluso el tronco de las mismas, y salta de sofá en sofá y de lámpara a lámpara, que ya se ha cargado todas las del comedor, y se queda enganchado ahí, sonriendo, como si fuera un koala - dejo de llorar e intento calmarme - Y se que es un koala por que Marcus ha estado seis meses fuera estudiándolos y de tanto estudiarlos se ha quedado tonto - sollozo.

- No se Álida. Quizás no sea nada. Tú lo que tienes que hacer ahora es tranquilizarte e ir cuando antes con él a un médico.

- Pero el problema es que él no lo sabe. En las horas que esta despierto, que son pocas, actúa con tanta normalidad que me sabe mal asustarlo con esto. No se, no quiero que se preocupe. En nada va a nacer Roberta y lo que menos quiero es que recaiga en un estado peor que en el que se encuentra.

- Vamos a ver. ¿Él no se ha dado cuenta de nada? - me dice quitándose los guantes.

- Pues si. Se nota más cansado de lo normal, pero lo asocia a que no lleva casi nada de tiempo en casa y ya esta. Ni siquiera se dio cuenta de que faltan las dos lámparas grandes del comedor y que las plantas que teníamos en nuestro cuarto han desaparecido.

Ivonne me ayuda a levantarme de esa puñetera silla y me visto en un momento.

- Bueno, pásate dentro de un par de días y terminamos con la revisión. Ahora estas demasiado alterada para seguir.

- Vale. Te llamo en un par de días y concretamos - le digo con una sonrisa rota. 

Salgo de la consulta cabizbaja, muerta de la vergüenza. Cuando llego a casa, Marcus está dormido en el sofá, desnudo. Esta abrazado a un peluche de un koala, uno que me regalo mi madre para la niña. Intento quitárselo realmente enfadada y este me gruñe, como un animal.

- Hija mía, este es tú padre - digo en voz alta acariciándome la barriga. Marcus me mira y agarra con más fuerza a su nueva "pareja".

California Dreaming: Orangután penoso y sin escrúpulos.

  - ¿Piensas espiarme toda la mañana bajo las sábanas reina? - me dice la muy capulla frotándose las tetas con crema delante mía, sentada en una silla de tela negra. La muy cerda me esta dando el espectáculo del siglo y yo aquí más caliente que ninguna.

- Si chiquilla. Es que no hay nada mejor que hacer por las mañanas. Pero en seguida termino de acecharte como un ruin voyeur - le digo con una sonrisa lasciva que ella no puede ver.

Termina de ponerse crema por todo ese pequeño cuerpo y se calza una bata azul marino de seda. Se cepilla el pelo y se lo recoge en un moño enmarañado, aún con el pelo mojado. Sale del cuarto y cierra la puerta tras ella. Me levanto de la cama de un salto y mi cabeza me hace trizas, pero aún más el ardor que consume mi estómago. Necesito cafeína, mucha cafeína. Pero el café me sienta como una patada en el culo, me pongo imperativa y actúo de forma agresiva. Rebusco en mi bolso como una loca perdida y cojo un piti que me meto en la boca rápidamente. Lo enciendo y en bolas me lo fumo, sentada en el borde de esa cama desordenada, que aún huelo a sexo. Cuando recupero la calma, busco mi ropa por el cuarto, pero no la encuentro en ninguna parte. Cojo una camiseta de manga corta, ancha y larga, que esta sobre el escritorio y me la pongo, no pretendo salir desnuda en busca de respuestas, aunque no lleve bragas. Respiro tranquila y me preparo para dar la cara ante los padres de la chiquilla. Abro las ventanas de la habitación para ventilar un poco la humareda que se ha formado por el cigarro y me dirijo, desorientada, hasta el olor del rico café mañanero.

- Hola - digo muda al ver a la cría sentada en una silla de la cocina, dándole un potito a un bebé. Tiene un hermano de anuncio.

- Por fin te has levantado. Pensaba que jamás moverías tú culo de mi cama. ¿Quieres café? - me dice levantándose y dirigiéndose a la cafetera, que esta haciendo ese ruido tan molesto, que quiere decir que ya esta listo para pasar por mi gaznate. Ese desgarrador chillido me deja sorda por unos momentos, e incluso me siento más perturbada que al despertar.

- Vale, gracias. ¿Tienes galletas o algo del estilo?. Tengo tanta hambre que me comería hasta un caballo o quizás un buey, y eso que soy vegetariana.

- Claro - me dice pasándome unas galletas de cereales sin azúcar y una bolsa con magdalenas industriales. Me zampo seis galletas de golpe y cojo un par de magdalenas. Le doy un sorbo diminuto al café y resoplo cansada - Están buenas las dichosas - le digo señalándole las galletas. Ella me sonríe - Bueno... ¿me aclaras un par de cosillas? - le digo mirando fijamente a ese bebe que solo hace que babear sonriente.

- ¿Cómo qué? - me dice cogiendo a su hermano y poniéndoselo sobre las rodillas.

- ¿Que edad tienes ricura? - le digo poniéndole unos ojos melosos.

- 26, ¿por que lo preguntas? - me dice confusa.

- ¿En serio?. No me lo puedo creer. No sabes el peso que me has quitado de encima. Pensaba que me había tirado a una chavalita de 14 años - digo riendo a carcajadas.

- No ha pasado nada entre nosotras. Yo no soy lesbiana - dice mirándome incrédula.

- ¡Ey tranqui, que yo tampoco!. He tenido un par de affaires con algunas tías, pero nada más serio, me van más los tíos, que se le va a hacer. Me parecen más sencillos a la hora de tomar el pelo, pues ven dos tetas, aunque yo tenga pocas, y se vuelven locos. Pero no se, lo he supuesto automáticamente. Yo desnuda y en tú cama, pues blanco y en botella, ¿no? - se queda callada incómodamente y yo sigo desayunando con tranquilidad. Que se le va a hacer, es una simple confusión inocente. Pero aún así, ¿por que estoy en su casa y quien es ella?.

Golpean la puerta, con aire de destrucción. La chavala, ya no tan chavala, pues es mayor que yo, agarra al crío con fuerza. La máquina de babas comienza a berrear de lo lindo.

- Abre la puerta zorra. ¡Se que estas ahí! - grita el sinvergüenza que rompe la calma de mi desayuno. Esta corre a la habitación y deja al niño en ella. Su llanto queda amortiguado tras las paredes. Ya en la cocina coge un cuchillo enorme y respira, apoyándose sobre la encimera. Deja caer su cabeza entre sus hombros y parece que se vaya a derrumbar en cualquier momento.

- ¿Pero que coño haces? - le digo susurrando. Se gira hacía mí, hecha un mar de lágrimas - ¿Que cojones pasa aquí? - le pregunto alterada.

- Es Billy, mi exmarido - me dice agarrándose a la camiseta que llevo puesta. Billy sigue aporreando la puerta con violencia y soltando improperios desde la A a la Z.

- Tranquila. Suelta ese cuchillo antes de que te hagas daño. Venga, respira reina - le digo calmándola. Ella deja caer el cuchillo al suelo y rompe a llorar con más fuerza. La sostengo sobre mis brazos durante un momento, hasta que consigue enderezarse y deja de llorar.

- No puedo más Adara, si sigue así no se que voy a hacer. No me deja en paz nunca. Me persigue cuando salgo del trabajo o cuando voy a por mi nene a la guardería. Esta en todas partes acosándome. Incluso lo he visto rondando cerca de la casa de mis padres. No puedo seguir viendo así. Tengo miedo. Le tengo mucho miedo.

La suelto y me voy encarada hacía la puerta, que parece que va a caer en cualquier momento de tanto absurdo leñazo.

- ¿Que diablos quieres cabronazo? - le digo al jodido Billy. El tipo es un cuarentón, canoso y bajito, que no tiene ni media ostia.

- ¿Tú quien eres? - me dice agresivo.

- Soy la actual pareja de tú ex.

- ¿Pe... pe-pero? - me dice tartamudeando mosqueado.

- ¿Pe - pe- pero? - me burlo de él - Pues lo que has oído inútil. Tú ex es mi chocho ahora, así que ya puedes irte por donde has venido, pues no pintas nada en esta escena. ¿Me has entendido? - le digo a grito pelao'.

- Cristine, sal fuera y explícame esto. Cristine, ¿me has oído?. ¡Sal inmediatamente! - le ordena.

Cristine, que así se llama la tipa, sale cabizbaja de la cocina y se pone a mi lado, callada.

- ¿Pero que circo es este? - le pregunta levantándole la mano.

- ¡Cabronazo! - suelto yo - Ni se te ocurra levantarle la mano a mi chica.

- No pasa nada Adara, déjame un momento a solas con él. Debemos de hablar - me mira con una tristeza que me turba completamente.

- Vale cielo, pero estoy aquí mismo si me necesitas - le digo con una sonrisa mustia.

- Eso tía, vete de una vez por todas. Que tu eres la que no pinta nada en este asunto.

Escucho a ese cabronazo gritarle como un poseso. Le esta diciendo de todo y no le deja soltar palabra a ella. Que si cosas del crío, cosas sobre la casa, sobre mí, etc. Me pongo nerviosa. Esto es inaceptable. Vuelvo a la puerta y le arreo un morreo a Cristine, delante de las narices del agilipollado exmarido pedante. Disfruto de este beso rebelde, hundiéndole mi lengua en su garganta.

- ¿Pero quien te crees que eres?. Deja a mi mujer - me dice golpeándome un brazo. Me pongo delante de Cristine, cubriéndola, y le atizo una patada en los huevos al subnormal este. Al momento, cae al suelo, como una cucaracha, y comienza a gemir de dolor.

- Dos mujeres no pueden criar a una niño. ¡Saldrá maricón Cristine! - brama dolorido en el suelo. Lo que faltaba, como si ese tipo pudiera educar a alguien. Puto engreído.

- Anda, vete con tus prejuicios a otra parte. ¡Cacho orangután! – le espeto en su fea cara, le atizo otra patada, ya con ventaja, y cierro la puerta pegando un fuerte golpe.

Cristine se queda inmóvil detrás mía. Llora en silencio. La pobre esta rota.  

- Tranquila guapa. En esta vida he tratado con más de un indeseable como este, ahora berreará un rato más, se cansará y se pirará, pues sabe que no tiene nada que hacer por aquí.

- Pero volverá... y ahora que le has hecho creer que eres mi novia estará más cabreado que nunca, y volverá con el bate de béisbol dispuesto a machacarte los sesos - dice cayéndose al suelo como un viejo trapo. Me agacho y la abrazo.

- Esto ya se le ha ido de las manos. Tienes que denunciarlo - le digo acariciándole la cabeza - Ahora cuando consigas calmarte salimos juntas y vamos directas a la comisaría.

Hunde su cabeza sobre mi pecho y llora. Oímos como el puto mafioso de pacotilla se pira, maldiciéndome como un niño enfadado. Ayudo a Cristine a levantarse del suelo y vamos a la habitación, donde esta el niño aún llorando. El pobre esta rojo como un tomate, de tanto lloriquear. Cristine lo coje con fuerza entre sus brazos y lo mece con delicadeza, hasta dejarlo dormido. Le da un suave beso y lo tumba de nuevo en la cuna. Se sienta en la cama en silencio y mira al chiquillo con tanto amor, que abrasa.

- ¿Cuantos años tiene el pequeño? - le digo, sentándome a su lado, en voz baja.

- Uno - me dice mirándose las manos. Esta temblando aún la pobre.

- Es un niño adorable - le digo con una sonrisa dulce y le cojo de la mano - Y este crío se merece que su madre este feliz y sea libre de su penoso exmarido.

- Lo sé - dice sin apartar la mirada del chiquitín - Lo sé Adara.


20.10.11

El peso de la historia (sobre las espaldas más débiles)


- Woof, woof, woof… ¿Pero que te ocurre?. ¿A caso me escuchas cuando te hablo?.  Woof, woof, woof. Estoy harta de ser invisible cuando tú lo deseas y luego ser utilizada cuando se te antoja. ¿Es que solo sirvo para traerte las zapatillas cuando vuelves del trabajo cansado?, ¿o para darte cariño cuando te sientes triste y confuso?. Ya me he dado cuenta de que solo soy un trofeo para ti, que te gusta pasear de vez en cuando por la calle y presumir delante de tus amigos. Pero luego las tornas cambian al llegar a casa, y solo soy sometida a burla y desprecio. ¿Pero qué te crees que soy?.

- Deja de ladrarme, ¿quieres?. ¡Me estas volviendo loco con tus sandeces!.

                                                                      Fuente: Catherine Collart.


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                                                                  Fuente: Carina Gisermann.

Señoras, cubran sus vergüenzas con sus largos y bellos cabellos. Formen la cárcel en la que desarrollaran sus vidas. Ustedes no pueden salir como se les guste a las calles, corren un peligro tremendo. ¿Es que no se dan cuenta?. Son presa fácil de las miradas de los hombres. Ustedes deben de cubrirse por una simple razón: su cuerpo no les pertenece, les pertenece a ellos. Así que hagan el favor de ser discretas, educadas y pueriles. Esta sociedad sabe lo que quiere, y cuando quiere perras educa perras, cuando quiere madres educa madres, también niñas, suegras, hermanas, primas, tías, amigas, ancianas, en fin, todo tipo de mujeres. No reaccionen ante ello, sean moldeadas por el bien común. No decidan como actuar, sentir o ser. Su comportamiento estará condicionado desde su nacimiento. Sigan su rol de género impuesto. Señoras, sean como digan ellos y por favor, sin objeciones. ¡Así que hagan el favor de cubrirse ya!... por favor.

                                                             Fuente: Carina Gisermann.

12.10.11

El día que nunca llego


- ¿Quien es esa mujer? - le digo a Rocío señalando a una mujer vestida de verde pistacho que se toma una ginebra a las diez de la mañana, y mira con cierta desesperación hacía la entrada de la cafetería. Me quedo con los ojos clavados en su pequeña espalda y siento, que mi mirada es tan fuerte, que le puedo hacer daño de lo débil que me parece la mujer.

- Es Teresa. Es una cliente muy fiel del establecimiento - me dice abriendo el lavavajillas. Me pasa la pila de platos blancos limpios y yo comienzo a secarlos, uno a uno, y a organizarlos en los armarios que tenemos detrás de la barra plateada.

- ¿Por que tiene esa mirada?, ¿le ocurre algo a la señora? - la miro con preocupación. Me parece que esta llorando.

- Es una larga historia. Hace seis años Teresa conoció a un hombre en esa misma mesa. Un hombre que la dejo completamente prendada. Sonia, la pitonisa que tiene su puesto en el parque Alegre, le predijo que iba a conocer al hombre de sus sueños en la cafetería "Villa Rica", justo con la primera nevada del año.
 
- ¿Cual parque? - le digo con cara de desorientación. Jamás reconozco los sitios que me cuentan, aunque haya estado en ellos.

- Ya sabes cual... el de tan mala reputación. Donde encuentras a la mitad de maridos de las mujeres de este pueblo - me dice con una cara de desaprobación – Eso a mi jamás me pasará – me dice confiada.

- ¡Ah!. Vale, vale... perdona, sigue - le digo sin saber de cual me habla aún. Termino de ordenar todos los platos y pongo a limpiar ahora las tazas. Ella ha comenzado a cortar jamón serrano y esta preparando los bocadillos de los almuerzos. 

- Vale. Pues cuando calló esa primera nevada, que fue asombrosa, pues nunca había caído tanta cantidad en tan poco tiempo, y no estábamos preparados para ello... acabaron cortándose casi todas las calles y fue imposible abrir la mayoría de comercios de la zona. Pero yo estaba aquí. Ya sabes, llueva, truene o nieve, siempre abro y, ese día le pude dar cobijo a todos aquellos que les había pillado esa furiosa nieve. Bueno... ¿por donde iba?.

- Por que esa señora - le digo señalándola - tenía que venir justo aquí cuando cayera la primera nevada - me mira con mala cara. Odia que le corten cuando habla, incluso cuando se pierde en sus historias, que le pasa muy a menudo, y te mira como pidiéndote ayuda o te pregunta directamente. 

- Si - dice refunfuñando entre dientes - pues Teresa vino corriendo hasta la cafetería, se había puesto sus mejores ropas y se había maquillado como una famosa del cine, estaba guapísima, si la hubieras visto, brillaba hermosa. Y vino tan alterada a contarme lo que le había predicho la pitonisa hacía un par de semanas, que acabo despeinándose toda entera. Sonia le dijo que conocería al hombre que compartiría el resto de su vida junto a ella, él que le daría los hijos que ella tanto deseaba, aunque parecía imposible, pues Teresa había sufrido hacía años dos abortos, y junto al que envejecería y sería feliz. Ella se sentó nerviosa, se bebió un vaso de agua y espero y espero durante horas. La nieve cada vez caía más fuerte y parecía que no tenía ningún fin. Entraron los habituales a la cafetería. Y Teresa comenzó a sentirse estafada hasta que de repente entro un forastero en la cafetería. Un hombre de unos cuarenta años, con el pelo corto y castaño. Unas primeras canas comenzaban a aflorar en su pelo, pero salvo por eso, se mantenía con una apariencia muy jovial. Tenía una barba rasa y oscura. Vestía normal, con vaqueros y un buen abrigo. Se dirigió a la barra y habló conmigo, me dijo que se le había averiado el coche, justo unos kilómetros atrás y que necesitaba hacer una llamada. Después de hablar unos minutos por teléfono se pidió una buena comida y la devoró en silencio. Luego le serví el café y se levantó de la barra, dirigiéndose directamente a la mesa de Teresa. Te lo digo yo, parecía como si una fuerza superior los hubiera predestinado a estar juntos y él fue como una abeja a una bonita flor. Oí la conversación con mínimo detalle. Él se sentó frente a ella y se presentó, su nombre era Steve, era americano, y le dijo que no le gustaba tomar el café solo y si no le importaba que se sentará junto a ella. Ella acepto feliz y su cara se iluminó por completo. Se dio cuenta al instante que ese era el hombre, en especial, su hombre. Hablaron poco, pues su nivel de castellano era muy básico, pero consiguió robarle el corazón con simples palabras. Cuando dejo de nevar él se marcho, se despidió de ella con un suave beso en la mejilla y una encantadora sonrisa y le dijo donde pasaría la noche. Justo en la pensión de Roberta, la que estaba enfrente de mí cafetería. Teresa vino corriendo a hablar conmigo, no sabía que hacer y yo fui toda orejas y la ayude, como buena amiga. Al final ella se armo de valor y fue a verlo a la pensión. Pero se ve que cuando llego él ya se había marchado. Una mujer había venido a por él, según Roberta era su esposa quien lo había recogido. Se dijeron muchas cosas sobre lo ocurrido pero nunca se volvió a saber de él. Ya han pasado seis años desde que se conocieron y Teresa sigue sentándose en esa mesa a esperar a que regrese con ella.

- ¡Dios mío es horrible!. ¿Por que nadie le dice la verdad y que haga su vida la pobre señora?. No existen probabilidades de que vuelva a este pueblo perdido ese hombre.

- Tú que sabes chiquilla. Como tú viniste hasta aquí él también puede venir. No le robes la ilusión de vivir a Teresa y no la molestes - me dice regañándome. Vieja harpía, a ti te viene de maravilla que venga a beber todos los días a tú estúpida cafetería. Molesta me quedó en la barra, sin hacer nada. Justo Teresa levanta la mano y me llama. Me acerco hasta ella sintiéndome culpable, por saber que estábamos hablando de ella tras sus espaldas.

- Bueno días, ¿que desea? - le pregunto con una voz triste.

- Quería otra copa. Y dile a tú jefa que no gorronee con la ginebra, que ya llevo dos copas y sabían demasiado a agua.

- Claro. Yo misma se la preparó - le digo recogiendo su vaso vacío. De repente, me agarra con fuerza y me clava la mirada fría.

- Oye, tú eres nueva por aquí, ¿verdad?.

- Si, llevo dos semanas trabajando en la cafetería y un mes viviendo en el pueblo - le digo intentando soltarme del nudo que ha formado con sus manos y mi muñeca.

- ¿Y conoces a Steve? - me mira con lágrimas en los ojos. Parece que nieve en su mirada.

- No, lo siento – le digo bajando la cabeza.

- Sabes, pronto volverá. Debe de estar en un viaje de negocios o algo. Pero pronto regresará - me mira como suplicándole que le mienta, que le siga esa enorme farsa.

- Tienes razón Teresa. Algún día llegará. Seguro que pronto - siento como vomito esas mentiras con un dolor que me desgarra viva. Teresa me sonríe y de golpe se queda mirando la puerta de la cafetería, sin perder ni un solo detalle de lo que podría llegar o jamás lo hará.