body {background:transparent url(url_de_la_imagen_de_fondo);}

19.11.11

Encuentros inesperados


- Cuéntemelo todo. Desde el principio por favor - le dijo el teniente encendiendo la grabadora y la dejó en una esquina del escritorio, repleto de carpetas (toda llenas de casos a medio concluir o incluso a empezar). Se recostó en su silla, de un tamaño enorme, y se quedó callado, a la espera de que la joven comenzará su testimonio. Colocó sus manos peludas sobre su panza redonda y dejó caer el peso de su espalda sobre el respaldo. Parecía tremendamente agotado y reflejaba tener graves problemas a la hora de respirar. Julia no podía parar de mirarlo con desconcierto y en su cabeza, una batalla de palabras luchaba por salir ordenadas y contar los hechos con mayor detalle. El teniente cogió un caramelo de tofee, de una bombonera de cristal que tenía sobre la mesa, y comenzó a rechupetearlo poco a poco, después empezó a morderlo, y una masa pegajosa se formó en su dentadura postiza. Solo se escuchaba el sonido de su respiración agitada y el viscoso movimiento del dulce en su boca.

- Todo empezó de la forma más natural posible - dijo Julia queriendo romper esos sonidos que le daban arcadas. El teniente ni se inmuto, estaba cayendo en un espiral de sueño, con parte del caramelo pegada en su frondoso y negruzco bigote - Nuestros primeros encuentros fueron fortuitos, frutos del destino, como mucha gente suele decir. Nos conocimos en un bar de tapas del centro. Era viernes, y yo, como todos los viernes, esperaba a mi novio, para almorzar juntos en el bar. Yo estaba esperando a Roberto, y él, Ramiro se llama, estaba solo, bebiéndose una cerveza y leyendo el periódico. A primera vista observé a un hombre de lo más normal, de cara simpática e interesante. Él se acercó a la barra, donde estaba yo esperando, y comenzó a hablar conmigo, muy fluido todo. Yo no suelo hablar con la gente así por que sí, pero Ramiro me transmitía buenas vibraciones. ¿Sabe a lo que me refiero? - le preguntó al teniente, el cual luchaba con aparentar estar despierto. Julia gruño molesta y siguió narrando lo ocurrido, al menos la grabadora estaba atenta a sus palabras, y hacía tiempo que nadie la escuchaba con tanto interés - Ramiro fue muy amable conmigo y nos reímos muchísimo. Hablamos pocos minutos, pero el escaso tiempo que estuvimos juntos fue de lo más agradable, e hizo la espera de mi ex, sí, actualmente Roberto y yo ya nos somos pareja, ahora le cuento bien el porqué… pero eso, que hizo la espera muy llevadera, por que si en algo destacaba Roberto, era en llegar tarde, siempre - quiso recalcar - Parecía que nos conocíamos de toda la vida Ramiro y yo. No se, enseguida me comenzó a atraer mucho, y jamás me había pasado eso con otros hombres, aunque pasaba por un mal momento con Roberto, seguía luchando por el bien de nuestra relación. Cuando llegó Roberto, Ramiro se marchó en un abrir y cerrar de ojos, y yo, ingenua, pensaba que jamás lo iba a volver a ver y una suave tristeza se apoderó de mí. Aún no sabía como se iban a torcer las cosas en mi vida con él. Entonces fue cuando comencé a encontrarme a Ramiro de forma frecuente. En el supermercado cercano a mi casa, en la peluquería de mi barrio, en la biblioteca del centro, en el videoclub de mi hermana, en el veterinario, etc. ¿Casualidades?. No había día que no me lo encontrará, y a mi, ciertamente, me tenía ilusionada saber que al día siguiente la fortuna me iba a regalar unos minutos con ese hombre tan cercano y a la vez tan ajeno a mí, no se, me sentía como una adolescente, con esas mariposillas, que te llevan de cabeza, rondado todo el día en el estómago. Al final, un día, decidimos quedar y que no fuera el azar el que nos hiciera encontrarnos. Ese día mentí a Roberto, por primera vez en nuestros seis años de relación, le dije que me iba a cenar con mi hermana, y no me sentí para nada culpable, notaba la adrenalina fuerte, por todo mi cuerpo y en esos momentos creía que era capaz de hacer cualquier cosa. Pase una noche estupenda con Ramiro. ¡Me hizo sentir tan viva!. Hacía tanto tiempo que me encontraba anquilosada en una relación rutinaria que no me aportaba nada y Ramiro fue como una salida rápida que me traía nuevas emociones. Le conté mis inquietudes y sueños, mis metas y logros , finalmente, mis problemas con Roberto y él me aconsejó que lo dejara y que comenzara una nueva vida junto a él, y yo, ciega por un sentimiento extraño y travieso, le hice rotundo caso a cada una de esas palabras que salían de su pequeña boca, sin pensarlo ni una sola vez, sin plantearme nada, sin valorar si quiera el tiempo pasado con Roberto. Cuando regresé a casa, en plena madrugada, desperté a Roberto y le dije lo que pensaba, así, en caliente. Tuvimos una pelea enorme, la cual jamás podré olvidar, y él se marchó de casa, hecho un mar de lágrimas. Al principio me sentí como si me hubiera extirpado una pesada carga de mí, pero en el fondo me mentía a mi misma, para poder llevar la situación de la mejor forma posible. Todo el mundo se quedó desconcertado, nadie comprendió por que había dejado a Roberto y yo, no quise dar ningún tipo de explicación. Comencé a quedar con Ramiro todos los días y sin darme cuenta, me dejé enganchar por su magnetismo y su falsa palabrería, que estaba dirigida a dejarme sola y alejarme de todos, para tenerme enteramente a su lado. Primero fue Roberto, el rival más fuerte, al ser mi pareja, pero aprovechó mis dudas y problemas con él para que fuera yo la que se deshiciera de él y no me diera cuenta de la verdadera influencia que había sido en mi decisión, luego arremetió contra mi familia, con el pretexto de que me utilizaban cuando querían y luego me dejaban tirada, como una sucia colilla, después mis amigas, la gente del trabajo, incluso simples conocidos del día a día, el carnicero, la frutera, la cartera, vecinos… todos. Me quedé completamente sola con él, y me acabé sintiendo acorralada, como cuando un niño pequeño juega con un bichito, y ese bicho soy yo, un puñetero conejito de indias que ha seguido sus órdenes a su antojo. Bien. Ya se que es ridículo que me haya planteado denunciarle, pero es que no estoy segura con él, cada día tengo más miedo. Supo como conquistarme, supo como alejarme de mis seres queridos, y yo no rechiste, cualquiera diría que yo lo hice por que me daba la gana, pero al final he sido consciente, ha sido él, me ha metido falsas palabras en la mente, basura ponzoñosa que me he tragado sin reparo alguno y me tiene donde él quiere. Yo no quiero estar con él, quiero volver a mi vida normal. Se que necesito ayuda, necesito protección, necesito vigilancia – Julia se queda callada, a la espera de preguntas o respuestas por parte del teniente, pero solo recibió los leves ronquidos que emanan de su boca pastosa.

Se marcha molesta, pegando un portazo ruidoso que ni siquiera hace inmutar a ese gordinflón que es la ley. Se encierra en el baño y rompe a llorar, sabiendo lo que le espera al salir de esas cuatro paredes. Ramiro en todas partes, persiguiéndola, acaparándola, sin dejarle un segundo para respirar. Se siente con la cuerda al cuello y cada vez le cuesta más querer seguir hacía delante.

 Al salir de la comisaría Ramiro esta en la puerta, con un enorme ramo de flores de todos los colores. Julia tiembla con miedo, pero intenta disimularlo como puede, con una risa forzada, que le parte el alma.

- ¡Cariño! – dice Ramiro con una sonrisa postiza - ¿Qué hacías en la comisaría?.

- Nada… había ido a denunciar el robo de mi bicicleta – miente descarada y Ramiro lo sabe – No me encuentro bien Ramiro. Esta noche me gustaría estar sola y dormir pronto. Creo que estoy incubando algún virus y no quiero contagiarte. No me encuentro bien últimamente.

- No importa preciosa, está bien. Ahora descansa y nos vemos mañana – A Julia se le escapan las lágrimas de los ojos y Ramiro sonríe feliz al ver su reacción– Yo te encontraré tesoro y te cuidaré como solo yo puedo hacerlo, ya sabes, nadie más quiere estar contigo, solo yo amor, solo yo.

Julia llega a su casa abatida. Cierra ventanas y puertas con cerrojo y se tumba en la cama, hecha un ovillo mojado. El sueño no se apodera de ella, ni con todas las pastillas que se ha tomado. Enciende la radio, para no sentirse sola. Escucha, entre sollozos, las canciones de todas las cadenas. Pone la emisora favorita de Roberto, la que escuchaban juntos cuando trasnochaban. Decide llamar al teléfono de atención de la emisora.

- Buenas noches oyentes, son las 4.30 de la madrugada y eso era Wrong de Depeche Mode. Ahora pasamos al consultorio de llamadas. La primera llamada que nos entra en la centralita viene desde Valencia. ¡Buenas noches Julia! - dice la reportera con un énfasis desgarrador.

- Buenas noches - se escucha una voz muda. Se respira absoluta tristeza en el aire.

- ¿Qué es lo que nos quieres relatar Julia?. Ya sabes que el programa de hoy trata de encontrar el perdón de un ser querido y que contamos con la colaboración de Yolanda Ruiz, psicóloga de la emisora. ¿Cuál es tú historia? - dice la reportera, Silvia Domínguez.

- Me siento realmente confusa y lo que necesitaba ahora era hablar con alguien. No se por que se me ha ocurrido llamar aquí. Soy estúpida por pensar que aquí hallaría alguna solución. Nadie esta por la labor. Yo la fastidie y ahora estoy completamente jodida.

- Has llamado al lugar correcto. Aquí te podremos ayudar a solucionar tus dudas y problemas. Ánimo Julia, por favor, confía en nosotras y cuéntanos, ¿que es lo que te ocurre?.

- Solo quiero decirle a Roberto que todo fue un error y que le amo. Que ojalá algún día quiera verme y que escuche mis palabras. Tengo mucho que explicarle. Que lo siento y que jamás en mi vida lo había necesitado tanto como ahora mismo. Que es ridículo darme cuenta ahora, que esta todo negro, lo que él ha significado para mí. Pero que sepa que siempre le querré, pues ha sido lo mejor que he tenido en mi vida.

- ¡Ohhh Julia!. Eso es realmente tierno. Seguro que Roberto se da cuenta de que ya estas completamente arrepentida por lo que fuera que hicieses o pasara entre vosotros dos. Gracias por llamar y esperamos que te hayamos servido de ayuda, transmitiendo tú mensaje en esta noche, ahora no tenemos más tiempo contigo, debemos responder las restantes llamadas – dice la reportera cortando a Julia de golpe con la mitad de palabras en la boca - La siguiente llamada también viene desde Valencia y es para Julia, nuestra anterior llamada.

Julia se sienta en el borde de la cama, pegando sus orejas a la radio, para oír la voz que tanto anhela. “Roberto, perdóname” – suplica en susurros.

- Julia, duerme, duerme tranquila mi amor – dice Ramiro, rompiendo todas sus esperanzas – Roberto fue estúpido por dejarte escapar de su vida, pero yo jamás te lo permitiré. Te amo y siempre estaremos juntos. Solos tú y yo tesoro, solos, siempre, tú y yo.

3 comentarios:

  1. Hola!
    Cuanto tiempo sin ver nada nuevo por aquí. Veo que te has decidido por escribir sobre la violencia de género, aunque esta es más psicológica que física pero igualmente es horrible.
    Ha sido interesante y realista, además creo que es el primer relato ambientado aquí en Valencia ¿verdad?

    Un besito!!

    ResponderEliminar
  2. Hola, que tal?? es una pregunta retórica no hace falta que la contestes eh?? ;)
    Bueno dejemos de bromas te parece??
    Esta historia me ha puesto los pelos de punta, que miedo de hombre, no quiero ni imaginar una situación como esa, ademas la mujer ha sido muy estúpida por hacerle caso, mira como acaba, pero eso de puede denunciar?? si el no te ha hecho daño?? si ha pasado todo eso por culpa de ella no??
    Y al policia ya le vale, eso no es nada profesional ¬¬
    Ah y una cosa, por ahí en medio dice que esta anquilosada, pero no es enquilosada?? es que con a me suena valenciano
    Bueno y eso es todo, hasta la proxima :)

    ResponderEliminar
  3. Es con a, anquilosada, con e no existe :) pero tienes razón, suena a valenciano ^.^ (cuando me lo has dicho me lo que comenzado a replantear).

    Pd. estoy bien, cansada de estar de pie ^^

    ResponderEliminar