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20.1.16

Vacío

Antes Lía paseaba bajo la lluvia cuando estaba triste. Le encantaba caminar sin rumbo alguno, dejando que las gotas de agua lamieran su cara y limpiaran el rastro de sus finas lágrimas saladas. Era todo un ritual para ella dejar que el aguacero se llevara sus penas. "El agua lo cura todo" decía su padre siempre. Su mantra era el sonido de sus pies contra el asfalto mojado, los charcos pozos donde lanzaba su dolor. Lo que más le gustaba, tras la lluvia, era seguir los caminos plateados de los caracoles de la zona; serpentear por las calzadas, siguiendo esas viscosa balas brillantes. Ahora Lía no puede llorar, aunque lo intente, no consigue que ni una mísera gota salga de sus ojos secos. Y ese vacío que la carcome por dentro lo llena con comida. Todo tipo de comida. Desde un pollo asado con verduras a una hamburguesa de atún, pasando por una amplia variedad de bocadillos, hasta llegar a los dulces que la embriagan. Comer la calma, y le hace no pensar. Lía no quiere pensar. Ya no, no más. Dicen que cada cual afronta el duele de una forma, pero ella no puede hacer otra cosa. Solo come y vuelve a comer.

- Lía, está lloviendo - le dice su hermana, secándose las lágrimas - ¿Quieres dar un paseo?

Esta no contesta y sigue comiendo con ansia. Rápidos bocados devoran un plato de arroz.

- ¡Comer no te va a devolver a papá! Vamos Lía. No te hagas esto. Deja que el agua borre tu pena y bañe tu alma. 

Pero Lía no está preparada, no puede creerlo, no quiere creerlo. Así que sigue comiendo, intentando llenar ese vacío que la consume.


Relato publicado en el libro Buffet Libre de Valencia Escribe - Capítulo: 1eros platos.


18.1.16

Encadenado

Pegado frente al ordenador sin que ocurra nada. Dejando que mi mente vague a través de la vasta red, impulsada por la velocidad de mis manos. Me hablan, no escucho. La vida ocurre tras la pantalla del ordenador, pero yo prefiero seguir alimentando mi ego y el de los demás.

15.1.16

Extracorporal

Mi cuerpo actúa por su cuenta desde hace meses. Al principio era una sensación extraña, pero ahora lo consigo llevar bien. Se marcha todas las noches y me abandona en la cama, como si yo no fuera nada importante. Siempre me quedo pensativo, enredado entre las sábanas. ¿Qué es lo que habrá ido hacer esta noche? ¿Por qué nunca me hace partícipe de sus decisiones? Cuando regresa noto mil sensaciones. Es vivir lo que ha vivido sin mí, pero desde un prisma totalmente distinto. Me rindo ante su experiencia y mi ser sufre todo tipo de cambios. Noto el sabor del cuerpo de una extraña, la excitación corriendo por mi médula, el olor a la lluvia mojando el asfalto cálido, la rabia y el dolor de una pelea, mi boca llena de sangre, mis nudillos destrozados, el cosquilleo de una aguja tatuando versos sobre mi piel. Me estremezco asustado, y lloro en silencio para no despertarle, temo a que también me prive de estos cálidos sentimientos.


Micro publicado en la Revista de Valencia Escribe - Número de Enero 2016. Página 26.

12.1.16

Sociedad justa

Soy una mujer encarcelada en el cuerpo de una niña. Padezco una de esas raras enfermedades en las cuales el gobierno no quiere intervenir. Nadie ayuda, nadie tiene soluciones. Pero si amplias opiniones en las que me tratan como si fuera una cría. La sociedad me juzga. Me tienden trampas ocultas bajo numerosa medicación y falsos tratamientos. No tengo poder de decisión. ¿Y dicen que la humanidad es justa? Yo lo pongo en duda. Mientras unos se realizan cientos de operaciones extravagantes, a mí no me dejan ejercer mi derecho a vivir como me place. Feliz y autorealizándome.


Andrés Galindo - Niña