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26.2.14

Lord knows, it would be the first time

Y empieza el ritual. Enciendo una vela. Me recojo el pelo, pero unas greñas danzan sobre mi frente cansada y llena de preocupaciones. Me desvisto y apago las luces. Me encuentro turbada en una oscuridad forzada. No veo con claridad, tengo las gafas manchadas. Bebo, bebo de esa fría lata llena de cerveza. Mi cara se queda iluminada por la pantalla del ordenador. Una luz blanca, pero no traslucida. Miro el word desnudo frente a mí, y pienso, ¿qué es lo que debo escribir? ¿Qué es lo que busca Sonia con esto?

“El objetivo del ejercicio es que te encuentres. Que te evadas. Recrea, dibuja, escribe, siente la música, bebe…” Cojo la lata de nuevo. Deslizo mis dedos por sus redondeces. Está fría y suave. Bebo otro trago. Largo, sin respirar. Me atraganto y escupo. Un reguero de saliva y birra caen sobre mi suéter azul marino. El terciopelo se humedece. “Imagínate que estás en otro país. El que tú desees. Crea a sus habitantes. Puedes basarte en gente que ya conoces, gente que te rodea. Pero solo tienes una regla, lo más importante, escribe en presente. El momento actual, eso es preciso. Llévate a esas personas a tu mundo. Habla de ellas, pero no con ellas” Me duelen las sienes de nuevo. Clavo mis uñas en mi frente. Siento la piel grasa, sucia. Mis dedos serpentean por mis cejas, mis ojos, mi nariz, mi barbilla, mis labios, mis orejas… cubro con las palmas de mi mano toda mi cara. Respiro hondo, como Sonia me ha enseñado. Y sueño. “Cuando estés en ese país, ese país que solo conoces tú… observa a esas personas que te rodean, que te aman. Empieza por el principio. ¿Qué es lo que verdaderamente te angustia? ¡Escríbelo! ¿Qué es lo que tienes tanto miedo de decir? ¡Plásmalo! Todo, todo aquello que quieras decir, aunque te cuesten lágrimas, gritos, desesperaciones. ¡Dilo! Solo lo escucharas tú. Serás la narradora de tu historia. Tú le pones el principio y el final, pero sé sincera. No busques lógica. Expresa tus sentimientos, modela tus palabras, perfila tus sensaciones, estampa tus razonamientos, y sobretodo, no te juzgues. No tengas miedo en ahondar en lo prohibido, en lo que desconoces. Yo siempre estaré para sacarte de ese pozo de…”

¿Cuál es el principio de todo esto? Simple: Cristina. ¿Y cómo lo puedo decir? Te quiero. Parece fácil, pero no puedo. Te quiero. ¿Será verdad? Sí, lo es, y duele tanto. Antes no lo sabía, pero te quiero. Fantaseo con el momento en que te lo diga y olvides tu vida y te marches conmigo. Juntas, sin un céntimo en el bolsillo. Pero con todo lo que necesitamos. Esa es mi loca y absurda idea. Me siento como una quinceañera estúpida. Solo me doy cuenta que estoy viviendo una mentira. Yo ya no estoy enamorada de Ella, no quiero escribir su nombre. Hemos vivido tanto, pero ya no la quiero. Puede ser la costumbre, puede ser la rutina… quien sabe. Yo lo único que sé, es que pienso día y noche en ti Cristina. En tus abrazos, en tus palabras… cuento las horas hasta que nos veamos. El tiempo no pasa, se hace eterno, y es verte y se vuelve ligero, tranquilo y lleno de absurda paz. Ella lo sospecha. No hace falta que me pregunte nada. La conozco. Me mira mal, lo noto. Una mirada fría, distante y a veces, cruel. Yo no sé cómo llevar está situación. Siento que vivo una doble vida. Y a ojos del resto “No estás centrada” me dice mi madre, “Cuando dejarás de andar con mujeres y te casarás y tendrás hijos” dice Paola, mi hermana, “Te amo” dice Ella. ¿Qué significa eso? Yo escribo que te quiero Cristina, pero, ¿realmente se lo que es el amor? No, no lo se. Nadie lo sabe. All you need is love decían The Beatles, ¿porqué? Tampoco ellos lo sabían. Mucha maría y crack. ¡Felices 60 amigxs míos!. 

No sé que es lo que escribo, no sé porqué lo hago. Confío en Sonia, sí, en sus procedimientos, tal vez. Los cumplo, eso intento.

Miro a la vela, casi consumida, y siento su poder, su fuerza y su brillante pasión. Todxs deberíamos ser fuego y bailar en juegos de sombras. Nada de mentiras, solo ilusiones. Chispas en la vida infladas por locuras. Cristina, te quiero. 

15.2.14

Por un asesinato y seis piñas

Tú, si tú. Tú que me estás leyendo. Quiero que sepas que soy el hijo puta más grande de todos. ¿Capto tu atención? Si la respuesta es no, aparta tus apestosas manos de mi diario, y por favor… ¡no me violes! Si es que sí, me alegro, vas a ser participe de la historia, mí historia, la cual está escrita con sangre. Yo soy el carnicero más bestial de todos los tiempos. He acabado con gente, solo por hacerme una simple macedonia de frutas.

Yo nunca quise matar a nadie, pero le cogí el gustito. Primero fue ese vulgar y soez dependiente de la frutería. ¡Él muy cabrón me quiso robar! ¡Me pedía tres euros por piña! ¿Dónde se ha visto eso? ¡Ni que estuviéramos fuera de temporada! Así que, zas zas y garganta rajada. Fue muy fácil. ¿A quién pretendo engañar? ¿a mi mismo o a quien lea esto? Yo no lo hice… lo hizo un tipo que entró a robar el dinero de la caja. Y como cómplice que fui, pues no tuve intención de detenerle (me cagué en los pantalones, literalmente), recibí parte del botín. Las piñas, dulces y doradas piñas. Con fuertes tallos verdes. Piñas de jugos claros, de olor suave y de sabor… no lo sé, no tuve tiempo para degustarlas.

¡Dios! las piñas, las ansiadas piñas para la cena de mi mujer. Tenía más miedo a la reacción de mi mujer que al asesino, que de oreja a oreja me sonreía, con su sonrisa desdentada, y acercándose a mí, me ofrecía no una, si no seis piñas, ordenadas en una caja de cartón y salpicadas de sangre. Fue un momento curioso, la verdad… ese frutero merecía morir. Vender mierda a precio de oro, no, eso está mal.

Bueno, cuando llego la policía, yo ya me había marchado de la frutería. Interrumpieron el cóctel de mi mujer, jamás me lo perdonará, me puso tal cara de asco cuando se me llevaban esposado. Hurto y premeditación al homicidio, de eso me acusaron. ¿Yo? Yo que no había matado a nadie y que tampoco obligué a ese hombre a hacerlo.

Yo soy inocente, nunca he matado a nadie. Bueno sí, una vez… a un pez. Lo sobrealimenté. Fue un error, mi madre ya le había dado de comer. Lloré tanto por la muerte de glotón. ¡Oh mi pez!… mi pequeño pez.

Esto es injusto, el verdadero asesino está libre… y yo, aquí, encerrado en esta cloaca, llena de barriobajeros barbudos, apestosos y mal nacidos.

Acusado y encarcelado. Todo sin ningún sentido, “yo no he sido, esto es un mal entendido”, eso le dije al policía. Él se rió en mi cara y me puso las esposas. Su compañero robo un par de aperitivos, ¿y alguien hizo algo? ¡No! Esta ley es así de injusta.

Ya en el coche, los policías se reían del caso y después en la comisaría, más risas todavía. Nunca me he sentido tan insultado. La verdad, me ha dolido. Un miembro respetable como yo… o más bien, un miembro que siempre ha pasado desapercibido, que paga sus impuestos, que no se salta los semáforos, que recicla… y que un día, en un incidente X, bueno, pongámosle nombre, en un asesinato, es el primero en salir salpicado de sangre… al menos me alegro de estar vivo, pero creo, que en este estercolero, no duraré mucho.

-         Pringao, ¿qué coño haces? ¿Escribir una carta a tu mamasita?


Extiendo la mano y le paso mi diario. Palidezco, no voy a salir de esta con vida.