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25.8.13

La epopeya de los otros

Yo he visto el rostro de la muerte de cerca. Primero fueron mis padres en ese terrible accidente de tráfico hace apenas unos meses y ahora mi abuela, que tras dos largos años de lucha, no ha conseguido derrotar al temible cáncer que contaminaba su cuerpo. Pero aunque ella no esta presente aquí, sabemos que jamás desaparecerá de nuestras mentes y corazones, pues ha hecho tanto, que su paso no podrá ser borrado por nada ni nadie, aunque lo intenten, fue única, una pionera en muchos aspectos. Ella fue grande, una guerrera, que desde siempre lucho contra todos aquellos que le hacían callar por ser mujer, aquellos que le hacía llorar hasta sangrar, aquellos que la despreciaban, la insultaban, la anulaban, la acosaban… tantos y sin motivo alguno. Como sabéis todas, mi abuela se exilió para huir de un matrimonio concertado con un hombre al que odiaba y de un padre que abusaba de ella. Durante su huida empezó a vestir de hombre y a hacerse llamar Teemu. Simplemente lo hizo porque le resultaba más fácil viajar como hombre que como mujer. Vivió unos años siendo un hombre, sintiendo el poder de cerca, el poder otorgado por un injusto rol de género. Tuvo numerosas amantes, las cuales nunca descubrieron su verdadera identidad. Pero un día, se sintió corrompida, una fuerte oleada de culpa le golpeo, y así, sin más, se quito la benda que oprimía sus pechos, el bulto que llevaba en la entrepierna y todos aquellos absurdos adornos que le daban ventaja frente a ella misma. Y así volvió a ser Sanna, una mujer, una inigualable luchadora, volvió a ser Ella, con su sonrisa, sus gritos, su belleza, su testarudez, sus llantos, sus razonamientos… y para los hombres volvió a convertirse en algo, un objeto, un cuerpo, una mente vacía… de nuevo, el otro. Así que volvió a la batalla, al día a día, a las replicas, las acusaciones, los abusos… pero eso no la freno nunca, pues ella nació para ello, y murió, porqué así lo decidió la sucia muerte, pero seguirá luchando desde la tumba, removiendo conciencias con sus palabras, sus emociones y sus gritos de valquiria.



<La mujer no es nada más que lo que el hombre decide que sea; así, se le llama "el sexo" queriendo decir con ello que aparece esencialmente ante el hombre como un ser sexuado: para él, ella es sexo, y lo es de un modo absoluto. Se determina y se diferencia en relación al hombre y no en relación a lo que ella misma es; ella es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el sujeto, el absoluto: ella es "lo otro"> Simone de Beauvoir.