Siempre fue su marioneta, incluso muerta. Obligándola a reír cuando le pegaba – “¡Solo fue una vez!”, “Muchas veces me sacas de quicio”, “¡Es que tienes un comportamiento!”, “Es tu culpa, tú me vuelves agresivo”- Obligándola a fingir mientras la violaba– “El sexo es la base de toda pareja”, “Siempre con el cuento de que te duele la cabeza”, “Venga, que tú también lo vas a disfrutar”, “¡Cierra la boca y abre las piernas” – Obligándole a escuchar sus mofas frente a sus amistades – “¿Os he contado lo que hizo el otro día?”, “Es que es tonta y no llega a más”, “Cariño, estás segura de comerte eso. Ya sabes que te sobran un par de quilos”, “¿Volver a estudiar? ¿Para qué? ¿Quién te va a contratar a ti?”- Obligándola a educar sola a sus hijos, a hacer las tareas del hogar, a cuidar a sus suegros, dejar su empleo, a operarse por él, reduciendo su autoestima, a quedarse sin amistades, aislándola, quedándose sola – “Mentira, me tiene a mí… y eso es lo que importa”- convencida por las palabras d...
Mi abuela era una mujer muy reservada para todo lo que había vivido en su vida. Y no fue hasta su muerte hasta que la conocí correctamente. Heredé sus diarios y para mi sorpresa, todos estaban llenos de aventuras, idilios y noches de tinta sobre la piel. Recuerdo la última vez que pasé algo de tiempo con ella. Pelábamos patatas para la cena. Mientras, mi abuelo dormía en el sofá y los perros correteaban por la casa. Mi abuela se mostraba serena en su quehacer y yo pensé, que vida tan aburrida ha tenido mi iaia. Que equivocaba que estaba. A primera vista mi abuela parecía una mujer de lo más corriente, pero la realidad es que no lo era. Según sus diarios, tenía siete tatuajes en su cuerpo y creo que nadie de la familia los vio nunca. Se los maquillaba y cuando hacía el amor con mi abuelo lo hacían con la luz apagada y ella siempre se quedaba semivestida. Tenía tatuada una sirena en el tobillo, una herradura en la nuca, una rosa entre los pechos, un anillo en el dedo anula...
- Cuando me dijiste que se te daban mejor los exámenes orales, no me imaginaba lo realmente sincera que estabas siendo conmigo. Creo que mmm... ohhh ohhh... - no puedo terminar la frase, pues me corro en su boca, en un infinito orgasmo, inundando su estrecha garganta. - Gracias - me dice mientras se limpia los restos de semen de sus carnosos labios - Ahora ya tengo matrícula, ¿verdad? - Me dice con ojos tiernos, pero lascivos a la vez. No sabe lo que me pone que me mire con esa cara de inocentona. - Si, pero aun tendremos que aclarar un par de asuntos más. ¿Entiendes, Marlene? - Ella me asiente con la cabeza. Lo que sea por una matricula, ¿verdad zorrilla?. ¿Con cuantos viejos verdes como yo se habrá acostado esta chica?. La levanto del suelo y le bajo las bragas blancas de algodón. Tiene un coño precioso, da ganas de hincarle el diente como un salvaje, hundiéndome en su rebelde bello púbico. Pero me controlo, quiero observarla bien. ¡Woh! que culo que...
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