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23.10.14

Magia

El mago estaba hundido en una terrible depresión. Nunca, nunca recibía ningún aplauso tras sus representaciones. Ningún espectáculo tuvo su merecida ovación. Él no podía llegar a entenderlo. La gente le admiraba, le adoraban, incluso algunos lo comparaban con Dios. Entonces ¿por qué? ¿Por qué no bañaban sus oídos con el sonido de sus palmas? Eso debía de acabar. El mago tenía un último truco preparado. Iba a desaparecer. Pero no esa vieja patraña de esconderse y luego volver a mostrarse. No. Él iba a desvanecerse de verdad. Y así fue, delante de los ojos inquietos de millares de espectadores el mago se esfumó. Volatilizándose en cientos de partículas que danzaron en el aire durante minutos. El público enloqueció, y aplaudieron como nunca lo habían hecho. Aclamaron por su regreso, festejaron el truco jamás visto, elogiaron al gran mago… pero este jamás volvió. No apareció frente a ellos, que incrédulos, marcharon de la sala sonrientes, alabándolo, palmoteando sin césar. 

1 comentario:

  1. Que triste!! porque le haces eso al pobre mago?! Y que ignorante la gente...

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