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15.10.12

La verdadera historia de como pude sobrevivir a un rayo‏

      Reunión primera de Adam:


No se que hago metido en esta habitación con semejante panda de locos. Esto es absurdo. Yo no tengo ningún problema. Estoy bien. Solo tengo un poco de ansiedad, nada más. No soy como ese, ni como esa y menos como esa tipa de ahí. Pufff... es ridículo. ¿Por que le hice caso a Débora?. Ella tendría que estar aquí, no yo. 

- Hola, soy Roberto y padezco dextrofobia. Me aterran los objetos situados a la parte derecha de mi cuerpo - dice un hombre de unos cincuenta años de edad. Le falta el brazo derecho. A su derecha no hay nada. 

- Yo soy Nicola y tengo xanthofobia. Tengo fobia al color amarillo - dice una mujer que lleva gafas de sol muy oscuras, tan opacas que no se como puede ver en la sala. Viste completamente de negro.

- Buenas tardes, yo soy Rosa y padezco anatidaefobia. Tengo pánico a que un pato me este observando en cualquier momento - dice una chica pelirroja de piel pálida y veinte pocos años - Ya no puedo ir a los parques, cada vez que veo un estanque salgo corriendo - se cubre la cara con las manos y oculta sus lágrimas.

- Yo soy Valerie y tengo lupolipafobia. Este es el miedo a ser perseguida por un hombre-lobo alrededor de una mesa de cocina mientras ando en calcetines y el suelo está recién encerado. Me he deshecho de todas las mesas de mi casa por si a caso y me han despedido de mi trabajo en Ikea por mi absurdo comportamiento, según me dijo mi gerente.

Y así prosiguen las presentaciones de diez personas más, cada caso más raro que el anterior. La habitación esta perfectamente equipada para que cada persona pueda expresarse sin problemas. Sus miedos se encuentran lejos de ellas/os. No hay patos, ni objetos amarillos, las sillas de plástico tienen escritas el nombre de cada una/o para que se respecte el orden de asiento según las/os psicólogas/os, no hay objetos tecnológicos, ni mesas, ni pizarras, ni alfombras, ni persianas. Solo hay doce sillas y cuatro paredes blancas. No esta permitido vestir con estampados, llevar fotografías, no se puede llevar cordones en los zapatos ni tampoco usar cinturones (como en la cárcel), tampoco se puede comer en la sala productos de color verde, ni frutos secos (prohibidísimos los cacahuetes) y menos, beber agua embotellada. La lista es larga y las prohibiciones extrañas para cualquiera.

- Adam - dice el psicólogo levantado la cabeza - ¿Quieres contarnos tu historia? - coge su libreta y se prepara para anotar todo lo que diga. Parece un hombre afable, pero aún así no me fío.

- Bueno... supongo que sí. Aunque realmente no quiero hablar de esto.

- ¿Por qué estas aquí Adam?, ¿que es lo que buscas en este grupo?.

Me quedo mirando a la gente y siento que incluso me entran ganas de llorar. Tengo un sentimiento de perplejidad que no me deja respirar. No encuentro las respuestas a lo que me ocurre y esto me asusta, pues siempre he tenido respuestas para todo. Creo que voy a sufrir otro ataque de histeria. Respiro. Respiro. Respiro. Siento que me ahogo.

- Por Débora, mi hermana pequeña. Ella fue la que me dijo que viniera. Que buscará ayuda - digo sofocado. Comienzo a sudar.

- ¿Y tú crees que necesitas ayuda?, ¿crees que te podemos ayudar entre todos nosotros?.

- Sí... supongo que sí - miento. Esto no tiene solución. Mi problema no se puede controlar.

- Cuéntanos, ¿que es lo que te ocurre?. Por lo que he leído en tu informe realizado por la Doctora Verdugo padeces brontofobia. ¿Sabes cual es el origen a tu temor extremo a los rayos?.

- No - digo. Me quedo mudo. Transcurren unos minutos hasta que vuelvo a hablar - Llevo más de dos años con ansiedad y ataques de pánico por los rayos. Creo que si salgo a la calle cuando llueve o hay tormenta, un rayo caerá sobre mí. He leído mil estudios sobre ello y he acudido a centenares de expertos meteorólogos, y se que las probabilidades de que me ocurra esto son mínimas, de 1 entre 3.000.000, pero es que yo siento que va a pasarme a mí. Es como un pálpito que no me deja vivir. Se que tarde o temprano me ocurrirá. Antes de que vaya a llover yo ya presiento una tormenta, incluso aunque el día sea brillante y luzca un bonito sol... No veo nunca las predicciones del tiempo pues me aterran. Cuando llueve no salgo de casa. Me encierro en el sótano a oscuras y rezo, y no soy creyente. Falto al trabajo cada vez más, mi vida social se está viendo afectada, tengo trastorno del sueño... a veces siento que nadie me entiende, ni mi hermana. Me proponen un viaje y lo tengo que rechazar. En el último viaje al que fui, sufrí cinco ataques de ansiedad y el viaje solo duraba un día - digo de carrerilla. Veo las miradas inquietas de mis compañeros y compañeras. Se que estoy empapado de sudor. No tendría que haber venido. Esto no va a funcionar - Yo no soy tan raro como ellos - digo señalando a la gente de la sala - Lo mío debe de tener una explicación lógica, lo suyo... pues locura, no queda otra.

- Adam, aquí estamos para ayudarnos. Nadie juzga a nadie - me dice el psicólogo - Cada fobia que padecéis cada uno de vosotros no es mejor ni peor, ni más rara ni menos aceptada, ni más racional o irracional. Es lo que es, y aquí estamos ayudándoos a que la superéis y si no es el caso, a que podáis convivir con ella con normalidad. Lo que queremos es que lo que os ocurre no afecte a vuestra salud, ni a vuestro trabajo, ni a vuestra vida social. Lo más importante es que todos estáis aquí, hablando de vuestros problemas, aceptando que algo no va bien en vuestras vidas. Ahora necesitamos saber cual es el origen de estos miedos, arreglar la situación y subsanar los problemas que os acarrean - dice seriamente - Pero ya habéis dado todos un gran paso, aceptación. ¿Tú que piensas Adam?.

La primera toma de conciencia no ha ido tan mal. Todos y todas han hablado de sus problemas y al final no me he sentido tan raro. Es que en esa sala había una de locos que el más normal al final era yo. Pero bueno, como ha dicho el psicólogo, lo importante es aceptarlo (y ellos lo hacen, yo de momento voy asimilándolo), el segundo paso es el control. 

Reunión sexta de Adam:

- Rosa ha muerto - dice Roberto a gritos, entrando corriendo en la sala (la cual cosa también esta prohibida) y con un periódico en su mano izquierda. Se queda de pie, agitado y comienza a leer – “Como si de una broma de mal gusto fuera o de una película surrealista la escena hubiera sido sacada, así ha sucedido la muerte de esta joven valenciana de veintitrés años de edad. Rosa S. J. ha sido asesinada por cincuenta patos silvestres. El cadáver de la joven se encontró en el domicilio familiar, en concreto en su habitación. Fue su mujer la que llamó a la policía alarmada al no saber de ella varios días. Esther M. M,, su mujer, declaró a la prensa “Rosa ha sufrido una muerte atroz y quien este detrás de esto la conocía, pues ella padecía anatidaefobia, un miedo brutal a los patos”. Aunque la joven  recibió el total de veinte picotazos por parte de los patos, esa no fue la causa de la muerte. Murió de un paro cardíaco causado por el susto que se llevo” - termina de leer Roberto.

Un silencio sepulcral baña la estancia. Nadie puede articular palabra. La sesión de ese día se anula. Quedan todos en ir al entierro de Rosa, el cual se celebra al cabo de unos días. Cuando ven a su mujer todos le dan el pésame, ella llora desconsolada.

Reunión decimotercera de Adam:

Tras la muerte de Rosa todos y todas se encuentran agitados. Algunos dejan de asistir a las reuniones pero Esteban, nuestro psicólogo, insiste que es lo menos adecuado para nosotros. Yo no dejo de asistir, tengo más miedo solo que con ellos. No creo que lo que le ha ocurrido a Rosa nos pueda pasar a los demás. 

Reunión vigésima de Adam:

Ha muerto Nicola. Alguien entro en su casa y la pinto entera de amarillo (paredes, techo, suelo...). Todo en su casa estaba embadurnado de ese color (la cama, todos los electrodomésticos, la ducha, incluso el contenido de su nevera fue remplazado por alimentos de color amarillos: piña, maíz, limones, etc.).

La policía ha venido hoy a interrogarnos. Ha sido extraño. Nos han hecho preguntas sobre Rosa y Nicola. Sobretodo respecto a sus fobias. Querían saber que sabíamos de ellas, que pensábamos, si solíamos vernos después de las reuniones...Yo he sido sincero y les he dicho que Nicola y yo salimos varios días a tomar un par de cervezas (negras) al salir de las reuniones. Lo pasábamos bien charlando. Era una mujer muy interesante. Siempre tan discreta con sus gafas opacas. 

Reunión vigésima tercera de Adam:

Están cayendo como moscas en la mierda. Primero fue Rosa, después Nicola, luego Joaquim (que padecía araquibutirofobia, miedo a la cáscara de los cacahuetes y a que la mantequilla de cacahuete se pegue en el paladar) y ahora Yolanda (la cual tenía vicafobia, es decir, miedo a las brujas y a la brujería). Ya solo quedamos ocho y parece que Esteban ya no sabe como lidiar con esta situación.

Ya no me siento tan seguro rodeado de esta gente. Es como si nos hubieran gafado, y cada vez creo más en las supersticiones. Débora insiste en que siga yendo a las reuniones, pues mis ataques de ansiedad sorprendente se han reducido. E insiste en que es imposible que yo muera de mi fobia, ya que el asesino que anda suelto no puedo lanzarme un rayo. Yo no lo veo tan claro y cada vez veo más posible que sea Zeus quien desee mi muerte.


Hoy veo en la televisión el rostro de la asesina. Es Jenny, la chica que padecía necrofobia, es decir, miedo a las cosas muertas. La policía la ha arrestado esta noche, estaba en su casa esperándolos. Se ve que llamo a Esteban para contarle que había conseguido superar su fobia y le narró, con sumo detalle, la muerte de cada uno de sus compañeros. Esteban llamo a la policía esa mima noche y le dijo a Jenny que debía de esperarles. Ahora Jenny se encuentra en un sanatorio mental a la espera de que se celebré el juicio que condene sus actos, pero dicho juicio tardará en celebrarse, dado que las causas de las muertes son extremadamente atípicas. Jenny insiste en que ya esta curada, pues después de haber visto seis cadáveres, no tiene miedo a nada. 



Cada vez estoy peor. La histeria me vuelve loco. Llevo días sin dormir. Esteban ha cogido una baja por depresión. Su psicóloga (sí, el psicólogo tiene una psicóloga) le ha dicho que se encontraba en un entorno hostil y dañino para él. Normal... ver que tus métodos de trabajo inducen a matar a una de tus pacientes a seis personas debe de ser un trago difícil de digerir. Puede que deje de ejercer su profesión. Yo me siento solo y confuso, necesito hablar con alguien. Aunque ya han encerrado a Jenny y estoy a salvo de que me lance un rayo, no me siento seguro.



Llueve. Una fuerte tormenta azota mi vecindario. Ya no se que hacer para controlar mi pánico. En un acto de desesperación meto un par de sartenes de acero inoxidable en los bolsillos de mi parca, cojo un par de tenazas y las coloco enganchadas a la capucha. Me pongo un colador metálico en la cabeza, a modo de gorro y, agarro el único paraguas que tengo (el cual no ha sido usado nunca). Esteban dijo que debemos de enfrentarnos a nuestros miedos y es lo que yo pienso hacer (sin matar a nadie o eso espero). Bajo temblando por las escaleras. La luz del edificio se ha ido, así que el ascensor no funciona. La calle esta vacía, llueve de forma extrema. Me siento en un banco cercano a mi piso, bajo un árbol enorme. Gritó al cielo como un energúmeno, pero no pasa nada. Caen rayos por doquier. Tiemblo. Siento que muero, pero a su vez una extraña adrenalina me llena de valor. Paso la noche entera en ese banco. Me despierto empapado, con un catarro enorme, pero vivo tras la tormenta más violenta que he visto en mi vida. Perplejo, lloro en el banco como un niño.

- Señor, ¿se encuentra bien? – me dice una señora mayor que pasea lentamente con su tacataca. Me mira extrañada al verme con un colador en la cabeza y varias sartenes asomando en mi chaqueta.

- Sí, nunca había estado mejor – digo dando un salto – ¡Estoy vivo!.

4 comentarios:

  1. Muy buena la historia, pobre hombre que mal lo pasaba con los rayos, aunque los demas estaban peor, siempre es interesante aprender la clase de fobias raras que tiene la gente, y una pregunta, todas la fobias que has nombrado existen de verdad?? porque la del hombre lobo...no se, no suena muy ralista.
    A ver si al final el hombre se va a morir de neumonia en vez de golpeado por un rayo jejeje
    Y una ultima cosa, menuda forma de matar a Rosa, has matado a tu esposa con una bandada de patos Esther M.M. jejejeje
    Buen trabajo, el titulo que pusiste era bastante rarito juju

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  2. Hasta que no he leído el comentario de tu amiga Sara no me he dado cuenta que has introducido a tu esposa Rosa y a ti misma en este relato. Pobre tu amiga cuando se de cuenta que para una vez que creas un personaje con su nombre, sale asesinada a picotazos de unos patos jeje.

    Yo también te hago la misma pregunta que Sara, ¿la fobia del hombre lobo es verdad? Las otras parecen tener un poco de realismo pero estoy convencida que esa es un invento tuyo ¿a que sí?

    Me ha gustado mucho el relato, sobretodo porque le has metido un poco de intriga con lo de los asesinatos tan extraños. Un besete!

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  3. Encontre la fobia esa en cuanta razón, con el nombre clínico y todo. No se cuantas cosas son ciertas en esa página, pero me encantó ^^

    Me alegra que os haya gustado :)

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  4. Sin duda, una gran historia. Es, en algún sentido, graciosa :D, no se como explicarlo, pero me parecía gracioso.
    Hay fobias bastante raras, espero no tener ninguna :D.
    Sigue escribiendo ^^

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