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20.1.11

Luzbel

- Lucifer o Luzbel era el portador de la luz en la mitología romana. Su nombre en latín era lux que significa luz y, fero que es llevar. El equivalente en griego es fósforo o eósforo, donde él era el portador de la Aurora, procedente de la antigua dama oscura, Luciferina – dice Enrique mirando a todos los asistentes de la conferencia, la gran mayoría de ellos, universitarios - Luzbel fue un ángel muy hermoso, el más bello de todo el cielo, que un día, por orgullo, se rebeló contra Dios, queriendo ser como él de poderoso. Dios no tolero semejante acción, así que, finalmente, como castigo, lo desterró a la tierra. Una vez expulsado, Luzbel adquirió el nombre de Satán, significando este nuevo apelativo, adversario de Dios. La primera vez que se citó el nombre de Lucifer fue en un texto del profeta Isaías, en la Vulgata de San Jerónimo, y dice así – bebe un largo trago de agua, de una botella que le han dejado en el atril y se pone las pesadas gafas de vista. Coge la biblia, que tiene en el bolsillo interior de su chaqueta gris, y comienza a leer – ¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora!. ¡Has sido abatido a la tierra, dominador de naciones! Tú, que dijiste en tú corazón; Al cielo subiré, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de Reunión en el extremo norte. Subiré sobre las alturas de las nubes, y seré como el Altísimo. Evangelio de Isaías, capítulo 14, versículos del 12 al 14 – la sala esta en completo silencio. Los alumnos apuntan todos los datos relevantes que aporta el apuesto catedrático – Otra concepción, del misterioso Lucifer, la encontramos en la tradición veterotestamentaria, donde era reconocido como una estrella caída, es decir, un ángel. En el Antiguo Testamento, Satanás ya estaba confinado al ámbito terrestre, pero, aún podía retornar al cielo, desposeyendo la naturaleza de serafín, y así lo relato Job en su libro, en el que decía “Y dijo el Señor a Satán: ¿De dónde vienes tú?; Y respondió Satán: He dado la vuelta por la tierra” – se oyen pequeñas risas al fondo de la sala. Enrique alza la mirada, por encima de sus gafas, descubriendo el foco infecto de carcajadas. Las risotadas cesan al instante bajo la presión de sus luceros carmesí. Prosigue con su discurso – La única forma de que Satán se quedara encarcelado en el orbe y, cumpliera su penitencia, era que Cristo muriera. Con la sangre del Agnus Dei o cordero de Dios, se decreto que él expulsado no tuviera más cabida en el cielo - dice mientras se vuelve a guardar la Biblia junto al corazón.


La sala se hunde en una sonora ovación. Enrique mantiene la figura y el rostro serio. Los estudiantes y otros interesados en la disertación, comienzan a recoger sus cosas y en un abrir y cerrar de ojos, la amplía estancia se queda vacía, y solo queda Enrique, releyendo su apreciada Biblia, una y otra vez. Sus sosegados murmullos se clavetean en su lengua.

A la salida de la facultad, las farolas le ciegan y este rezonga, arisco, ante la iluminación madrileña. Enrique odia todo aquello que es artificial. Desde que su mujer se operó el pecho, aumentándoselo dos tallas más, hasta obtener unas protuberancias de la talla 110, no ha vuelto a practicar el coito con ella. Le produce angustia la simple visión de esas monstruosas ubres desnudas, de tacto siliconado. Enrique se pone el abrigo y se enrolla la bufanda al cuello, tejida por su madre, ya enterrada hace años. Son las seis de la tarde. Como cada vez que viaja a Madrid, Enrique se dirige, decidido, a dar un largo paseo por El Retiro, ya que, solo ante la estatua del Ángel caído, siente una extasiadora paz.

Una vez dentro de ese verdadero pulmón natural, en la rebosante ciudad, Enrique camina, sin prisa alguna, hasta detenerse ante el magnífico querubín apresado por una serpiente, de manos a pies, y con ese grito enmudecido, que le encoge el alma, por el bronce de la real estatua.

Enrique se sienta en uno de los bancos frente a la efigie helada. La contempla alucinado, como en un delirio que solo comprende él mismo, y se encierra en su mirada, aniquiladora del cielo. No se da cuenta ni si quiera de que ha comenzado a llover y que las temperaturas han descendido brutalmente. De repente, un argénteo relámpago divide el firmamento en dos, despeñándose contra la divinidad. La fuente donde se posa la figura del ángel es rodeada por un círculo de apasionante fuego. Luzbel comienza a liberarse de su armadura de cobre. Sus alas se abren, rompiéndola en cientos de añicos y se levanta, sobre la columna en la que estaba anclado, lanzando la serpiente a las llamas del olvido. Sus ojos, de un verde intenso, se posan sobre Enrique, que lo mira con admiración y vehemencia. Luzbel desciende hasta situarse frente él y lo agarra por los brazos, levantándolo del banco y dejándole sin tocar el suelo. Enrique abre la boca para hablar, pero Luzbel se la tapa con la mano, introduciéndole insectos en ella. Este comienza a ahogarse. Nota como los bichos descienden por su garganta y clavan, sus asquerosas patas, sobre su traquea. El vomito es inminente. Luzbel atraviesa su pecho con la mano y le agarra el corazón, lo rodea con fuerza y se lo arranca de cuajo. Enrique ve su corazón latir, en las enormes manos del fausto arcángel. Con su lengua lacerante lame el órgano, que palpita frenético, en sus zarpas y, se lo devuelve al pecho, dejando una marca negra en su torso, como si fueran gotas de tinta recorriendo un papel liso. Enrique siente como una oleada de maldad se filtra en su sangre, envolviendo a su nuevo corazón. Luzbel le susurra un simple y único mensaje al oído “debes acabar con la oscuridad de las personas, portando la luz que habita en tú corazón”. Enrique desfallece finalmente sobre el banco. Luzbel sobrevuela el cielo, infiltrándose en el paraíso, para dar guerra a Dios y recuperar lo que un día soñó con que sería suyo.

- Señor – dice el guardia del parque – señor, despierte, el parque va a cerrar - Enrique se despierta, con los insistentes golpecitos del guardia con su porra. Está empapado por la lluvia y tiene el cuerpo completamente agarrotado – faltan diez minutos para que cerremos las puertas –dice este mirándole confuso.

- ¡Oh! perdone… se me ha pasado el tiempo volando – dice desperezándose sobre el banco.

El guardia se aleja mirando hacia atrás cada dos por tres. Enrique le ha parecido un hombre muy extraño con unos ojos, jaspes, enloquecedores.

Enrique no puede creerse que todo lo que había vivido fuera un sueño. Él ángel caído sigue inamovible en su sitio, bajo fuertes y duras capas de cobre y esposado por la serpiente, que le proporciona la condición del señor de la tinieblas. De golpe, siente algo en su garganta, y metiéndose la mano a la boca, saca un escarabajo pelotero, recubierto de saliva. Las arcadas le vuelven de nuevo y al fin vomita todo lo que tiene dentro. El suelo está cubierto de bichejos y sangre. Enrique se lleva las manos a la cabeza, mira a Luzbel, que se mantiene inerte y grita, embaucado de alegría. Era cierto, todo era cierto. Luzbel había hablado con él, piensa Enrique absorto de la realidad que le rodea. Se mira los brazos, llenos de morados, por las fuertes opresiones del ángel en ellos y su pecho, con una mancha negra, interna. Sus ojos se llenan de luz, como faros, en un acantilado con una costa brava y siente, como se eleva, se eleva tan alto que vuela, ligero como una pluma, retenida en una suave corriente de aire.

Enrique comienza a caminar, dirigiéndose al hotel donde le espera su esposa para cenar. Cada farola por la que él pasa cercano, se rompe, cubriendo el suelo de finos vidrios, o se consume la bombilla al momento, como una vela marchita. Caminando a oscuras, simplemente guiado por su luz interior, recorre las calles madrileñas Enrique, sintiendo sus pisadas livianas.

Una vez entra en la habitación del hotel, Enrique mira en silencio a su mujer, sentada en una silla de madera, leyendo una novela. Enrique puede ver su alma. Y está es negra, como un pozo sin fondo. Está carcomida por la envidia, insegura del destino, ensuciada por las mentiras, llena de rabia, dolor, tristeza, estrés y amargura.

- Hola Enrique – dice ella, al darse cuenta de que este la estaba mirando. Aparta el libro y se levanta de la silla. Enrique se acerca a ella y la abraza. Se besan - Cariño, tus ojos han cambiado – dice su esposa admirando sus pupilas – Son verdes, tan verdes como el césped que brota en un prado elíseo creado por Dios.

- No sabes cuanta razón tienes querida – sonríe Enrique alzando a su mujer en brazos y lanzándola por la ventana, desde un séptimo piso.

El tráfico se detiene. El cadáver de su esposa ha quedado encajado sobre el capo de un coche. Enrique observa como se desvanece la oscuridad, dejando sitio a una turbadora y fascinante claridad.

6 comentarios:

  1. vaya que extraño relato el que has creado, y menudo final jejeje, aun asi me a gustado
    y te as documentado bien para escribir el discurso del principio eh?? que profesional jejeje
    y no as tardado nada en escribirlo,
    bueno me gusta el tema que trata y ha sido interesante, aunque lo que le dice la mujer sobre sus ojos me parece tan irreal, porq la gente de verdad no dice esas cosas jejeje
    pero bien, buen trabajo
    y hasta la proxima ;)

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  2. Mmmm, una historia curiosa, de alguna forma engancha hasta al final, pero no pensaba que acabría así, pensé que se quedaría en suspense sin matar a su mujer, pero de todas formas, muy intigante.
    Te quieroooo

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  3. Hola. Que rápido has escrito el relato. Me ha encantado, la verdad es que no sabía que la palabra Luzbel tuviera una relación con la mitología griega ya que según tenía entendido el concepto de demonio, lucifer o luzbel procedía de la religión cristiana.

    Otra parte que también me ha sorprendido, extrañado y sobretodo le ha dado un toque de ambigüedad es la parte cuando Luzbel le entrega su corazón a Enrique y le susurra que acabe con la oscuridad de las personas con la luz que lleva dentro de él, después de leerlo me ha venido a la mente que no le había convertido en demonio (algo que sería propio de un personaje que personifica el mal en la Tierra), sino todo lo contrario, he imaginado que se refería a ayudar a las personas para acabar con su maldad. Cuando digo que le has dado un toque de ambigüedad es porque el final no se sabe si Enrique tocado por el domonio ha asesinado a su mujer por ser malvado o porque ella estaba corrompida por el mal (la avaricia, envidia, etc.) y solamente cumplía las órdenes de Luzbel (acabar con la oscuridad de las personas)... es decir, me ha dado la sensación que has intercambiado los papeles como Luzbel=el bueno y Dios=malvado... jaja puede que no sea así pero sería un dato curioso e interesante darle un intercambio de papel al Dios todopoderoso que todos adoran, ¿y si en verdad desterraron a la tierra al ángel equivocado? jeje.

    Bueno como siempre me ha encantado, te felicito. Un beso y suerte en los últimos exámenes, ánimo que ya falta poco.

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  4. Hola, ¿como te fue por Madrid, visitaste la estatua del angel caido? jeje.

    Mi finde ha ido normal, como has podido ver lo he dedicado a retocar un poco el blog, además de estudiar aunque tenía las neuronas un poco saturadas. Tengo ganas de que pase ya el miércoles para no tener exámenes aunque por otra parte supone que se acerca cada vez más rápido el día de comenzar mis prácticas, pero bueno...

    En cuanto a tu comentario, si que es verdad que la mayoría de maltratos a los animales es cuestión de dinero y que además como no se pueden defender los pobres, los insensatos que se creen superiores a ellos se sienten con el derecho de hacerles lo que quieren... es muy triste... yo tengo una perrita, y la quiero tanto que la considero parte de mi familia, y sería incapaz de hacerle daño ni a ella ni a ningún ser vivo, por desgracia hay gente que no ve a los animales como seres vivos que sufren y padecen igual que nosotros.

    Que te vaya todo muy bien, hasta la próxima!

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  5. Hola, ¿como estás?

    Tienes razón, la vida es un regalo que no se puede desperdiciar, aunque tengamos que pasar por malos momentos, porque de éstos aprendemos para fortalecernos y no volver a sufrir. El problema es que a veces (cuando estoy un poco pesimista) pienso que , ¿de qué sirve vivir y disfrutar la vida si después, cuando llegue la hora de nuestra muerte, todo nuestro camino no habrá servido de nada porque dejaremos de existir y por lo tanto olvidaremos lo bien que hemos vivido? Pero supongo que la vida es simplemente para vivir el momento.

    Cambiando de tema, ¿qué tal tu primer día de clase? Yo tengo solamente 3 asignaturas y un horario bastante aceptable, a pesar de que tengo por la mañana las prácticas y por la tarde clases, pero bueno, mi único día largo será el martes, que tengo dos clases y acabo a las 9.

    Bueno espero que te vaya todo muy bien y que escribas algo prontito. Un beso.

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  6. esto viene porque hay gente que no le queda claro que yo no escribo mi vida en un blog...
    te mando un mensaje en hotmail para responder a tus preguntas de este finde...

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