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2.5.10

El sabroso aroma de mi azufre

- Me llamo Alexander. Tengo 42 años. Actualmente trabajo repartiendo publicidad en una floristería. Publicidad de los descuentos y regalos que hacen para bodas, bautizos, comuniones, cumpleaños, funerales, etc – saca de una bolsa de papel blanca, un taco de tarjetitas, color pastel con letras doradas, de la floristería, y comienza a repartirlas a todos sus compañeros de la terapia de grupo. Se queda en medio del corro, donde están sentados y dice en voz alta: Floristería la dulzura. Lo dice tan fuerte que hasta le retumban los oídos – Mi uniforme es un disfraz de oso travestido. Soy un oso blanco, con alas de mariposa, tutu morado y corona de oro, y ¡ojo! no faltan las piedrecillas brillantes de plástico. Es muy estresante que tú intentes hacer tú trabajo bien y que los niños pequeños te peguen y que los adultos te insulten. ¡Han llegado a apalearme! – grita histérico - Este año ya he tenido dos conmociones cerebrales. Odio mi trabajo. Y os odio a todos – dice Alexander, con los ojos llenos de rabia.

- Tranquilícese Alexander – dice el psicólogo – Prosiga, pero cálmese, tiene que compartir con el resto del grupo sus sentimientos y emociones, ya sabe que el fin de esta terapia es conseguir que usted pueda abandonar estas formas de actuar tan autodestructivas, que tiene consigo mismo y con todos aquellos que le rodean.

- “¿Mis emociones?” – dice Alexander con cierto retintín – Bien, si lo que quieren saber son “mis emociones”, sigo con la bella historia de mi vida. Yo soy guionista. Bueno… un guionista fracasado. Mi pasión es escribir y se me da realmente bien. Tengo imaginación y una asombrosa técnica narrativa – aclara Alexander - Yo no soy como los demás. Yo tengo talento. No soy un guionista corriente que cuenta historias banales y aburridas. Yo le hago el amor a las palabras, le inyecto sangre a mi historia y cobra vida, retorciéndose en el papel, como un bichejo herido, al que una serpiente acaba de inocular su veneno – dice orgulloso - El hecho es, que he intentado hasta la saciedad, que alguno de mis guiones fueran aceptados en el catastrófico mundo del cine. Y nada. ¡Una puta mierda me he tragado yo todos estos años! – grita. El psicólogo le mira pidiéndole que se contenga. Alexander está al rojo vivo – Bien, bien. Ya me calmo – dice dirigiéndose al él, con una mirada fría - Pues así ha sido todo. Un artista como yo, rebajado a repartir publicidad, vestido de oso de sexo incierto, rodeado de flores gigantes de papel mache, de todos los colores, al que le toca escribir por la noche, con su botella de tequila y sus antidepresivos, para poder seguir haciendo lo que más ama: Escribir. Vivo en una mierda de ático, que me hunde aún más. Llego a casa, de mi verdadero “trabajo”, y es como si un látigo invisible fustigara mi alma y me hiciera caer al entrar en tal pocilga. Además, ya no está ella conmigo. Me engañó y se fue con un director de cine. ¿Os lo podéis creer? – dice mirando desesperadamente a los demás pacientes de la sala - Mi fracaso parece estar escrito por las infames parcas griegas. Se pasan el día manejando los hilos de mi vida a su antojo, y en el momento más preciso, lo cortan, lo vuelven ha anudar, lo retuercen, lo queman, le hacen infinidad de cosas, haciendo que caiga en un constante caos de locura del que no puedo despertar.



 
- No tiene por que rendirse – dice el psicólogo, mientras hace anotaciones en su libreta – La vida es dura y con dificultades, y eso lo sabemos todos. El hombre debe de luchar por lo que quiere, mantener la constancia, y no confiarle a la suerte su destino. Su fracaso en el mundo de laz artes cinematográficas, se debe, no a su falta de destreza e ingenio, si no, a la ruindad de una esfera privada, llena de dichosas trabas, que intentan hundir a pequeños genios, y robarles la esperanza. Lo que no puede hacer es revivir los malos momentos de su vida, y revolcarse en las cenizas de sus infiernos personales constantemente.

- ¡Usted no tiene ni puta idea de lo que dice! – se levanta furioso de la silla – Solo está aquí para sacar millonadas, a costa de nuestros problemas. Usted se hace de oro, y no soluciona nada. No sabe lo que uno sufre, al ver como fracasados sin estudios, consiguen publicar y dirigir verdaderas bazofias, que a cualquiera le darían ganas de amputarse todos sus sentidos, por tal de no volver a tener que tragarse semejante mierda – brama enloquecido – Está consulta del diablo no sirve de nada. No se como me he dignado a venir aquí. Quizás fui un ingenio, y pensaba que existían personas que entenderían por lo que estoy pasando y compartirían la visión de mi arte perfecto. Yo no vuelvo a perder el tiempo en la consulta de un psicólogo inepto, rodeado de patanes con problemas triviales – sale de la sala dando un fuerte portazo y dejando a todo el mundo sin habla.

- Sigamos con la terapia. No hagan caso de sus fútiles disertaciones – dice el psicólogo, y señala a la siguiente paciente del corro, para que se levante y prosigan.


Alexander está sentado en su viejo escritorio. Tiene el portátil delante de él, con una hoja de Word en blanco, preparada para escribir. La luz cegadora del ordenador ilumina la figura de Alexander. Este sostiene con fuerza su cabeza, con sus delgadas manos, y acaricia, sus anchas patillas canosas, con la yema de los pulgares. Furioso, lanza el portátil contra la pared, haciéndose añicos en un solo golpe. Se deja caer sobre el mohoso colchón que tiene en el suelo, coge una botella de whisky que tiene a medias, y de un solo trago acaba el contenido de la botella. Se levanta del suelo y comienza a golpear todo lo que tiene a su alrededor. Saca de una polvorienta caja, una máquina de escribir y un taco de folios amarillentos, algunos de ellos pintarrajeados. Se sienta de nuevo en el escritorio, coloca un folio, y como si una extraña inspiración repentina, azotara su medula espinal, comienza a escribir durante toda la noche. Atizando con sus dedos medio muertos, las teclas de la máquina. Naufragando en el repiqueteo sonoro de sus palabras.


- Buenos días – dice el psicólogo al entrar en la sala – Veo que el señor Alexander ha vuelto a la terapia. Me agrada tenerlo de nuevo por aquí. ¿Por qué va tan cargado?, ¿se va usted de viaje? – dice, mirando por encima de sus viejas gafas verdes, las maletas que lleva consigo.

- Si. He vuelto. Y tengo la solución a todos mis problemas. Está mañana he dejado mi trabajo en la floristería y me he despedido, de una vez por todas, de ser simplemente un guionista. Concentrare todo mi esfuerzo en dar un salto en mi carrera. Voy a ser director de cine. Si soy director, ella volverá conmigo. Y volveré a ser feliz. Comenzare rodando mi primera película aquí y ahora. Y en las maletas tengo todo el material.

- ¿Cómo dice? – dice extrañado el psicólogo.

- Si. El cine es así. El arte nace en cualquier parte.


Abre una de las maletas y saca una cámara de video, el trípode y una bolsa grande de basura gris. Enciende la cámara y la apoya sobre el trípode, frente al corro de pacientes. Cierra la puerta y arrastra la librería, que está apoyada en la pared, contra la puerta, bloqueando la salida. Todos están paralizados, a la espera de que el psicólogo haga o diga algo. Este mira atento todos sus movimientos. Alexander baja las persianas de la sala, dejando solo la luz artificial de los fluorescentes. Con una navaja, que saca de su bolsillo, abre la bolsa, y comienza a lanzar cucarachas y ratas muertas, contra todos los pacientes. Todos comienzan a gritar. Rápidamente, saca una nueve milímetros y dispara a la cabeza al psicólogo. La sangre salpica a todo el mundo. Dispara al resto de pacientes, a cada uno en una parte de su cuerpo diferente. Solo se oyen gemidos agonizantes de los pacientes. Se desangran lentamente. Este, con la cámara en mano, graba la sala. Todo está lleno de insectos, ratas y personas medio muertas. Se acurruca entre todos ellos, sin dejar de grabar. Mira fijamente a la cámara y dice - Saboreo el aroma del azufre de mi propio infierno. Y es dulce. Y me encanta – dice en un profundo éxtasis, sintiendo la genialidad innovadora de la obra de su vida.

3 comentarios:

  1. bua!!! me a gustado muxo jejejeje
    ha sido interesante y el exo de q al terminar de leerlo me aya reido no dice nada bueno a mi favor jejeje
    y menudo final, como ha llegado el tio a esa conclusion?? jejeje
    y tambien me a gustado lo q dice al final muy poetico jejeje y as podido encajar bien el titulo raro q te dieron
    pos eso
    asta la proxima historia

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  2. Yo tambien os odioa todoooos!!!
    ingenio o ingenuo.....
    Esta muy chula, aunque tengo sueño mañana lo releere xk tngo la memoria de pez
    T equieroooooo

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  3. Jajajaja =)
    Esta es de trama hilarante!!!
    Alexander... ese nombre me gusta para un tio así.
    Muaks!

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