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2.10.09

Palabras en el cristal

Música. Presentaciones. Alcohol. Cigarrillos. Sonrisas. Diversión. Bailes. Juegos. Palabras. Risas. Más copas. Besos. Carcajadas. Sexo. Explosión de sentidos.




A la mañana siguiente Wyatt se despertó al lado de un impresionante ángel desnudo, de cabellos ondulados y rubios. No pudo controlar el impulso de oler su pelo, que desprendía un aroma dulce y embriagador, como el vino. Bethany respiraba sosegadamente. Su rostro estaba lleno de diminutas gotas de sudor, que le recordaba al rocío, que cubre todo, en las noches húmedas. Wyatt acario, con la yema de sus dedos, su abdomen, liso y terso, y ella se estremeció, poniéndose toda su piel de gallina, y soltando un pequeño gemido. Este, con una amplía sonrisa, se fue al baño, a darse una ducha refrescante.




Bethany llevaba despierta un rato. Estaba esperando a que Wyatt se fuera de la habitación en algún momento, para irse, sin darle ninguna explicación. Tan solo había sido un polvo de una noche, no buscaba un compromiso de ningún tipo con nadie. Recogió rápidamente la ropa del suelo, se vistió como pudo. Y ya en la puerta, con el vestido semi abrochado, dejándose ver su sujetador negro de encaje, y apunto de realizar su veloz huida, escucho como el agua de la ducha corría fuertemente y a Wyatt canturreando canciones de Clint Mansell. No pudo evitar imaginárselo desnudo, con el agua chorreando por todo su esbelto y músculo cuerpo de Dios. Se sonrojo.




Rebusco en su bolso impaciente, intentando encontrar algún bolígrafo donde anotarle su teléfono, pero no llevaba ninguno encima. Cogio su barra de carmín rojo sangriento, se pinto los labios y se dirigió a una de las grandes ventanas del dormitorio. Le escribió allí su teléfono y después beso el cristal de la ventana cálidamente y se marcho.




Y así quedaron, noche tras noche, conociéndose mejor, dejando claro que solo era sexo esporádico y diversión. Cenaban juntos, en restaurantes lujosos, a la luz de las velas, iban a locales de copas a beber, al teatro, al cine, reían sin parar, y lo pasaban en grande. Finalmente, siempre acababan en casa de Wyatt, donde el fuego de la pasión consumía sus almas.




Tenían un juego en el que se marcaban todo el cuerpo con el carmín rojo de Bethany. Se hacían marcas, símbolos, palabras y signos que solo entendían ellos. También seguían dejándose notas en las ventanas y espejos.








Pasaban horas desnudos, bajo la luz de la luna, que entraba poderosa por los grandes ventanales del dormitorio. Yacían tranquilos en la cama, tomando champán. Sus siluetas se fundían con las sombras de la noche. Sus cuerpos, chocaban, se estremecían, colisionaban violentamente, y luego, se hundían en un letargo de placer.




Pero al final, las cosas comenzaron a cambiar. Wyatt actuaba de forma posesiva y celosa. Cuando salían, el se comportaba como un estúpido. Se ponía furioso si cualquier hombre la miraba. Un día, golpeo a un chico, que tan solo le pidió la hora. Cada día estaba más violento y Bethany le tenía miedo. El se disculpaba, le decía que no sabía que había pasado, y que no tenía ningún derecho de hacer lo que hacía, pues ni siquiera eran pareja. Hasta el juego del carmín había cambiado. Cuando dibujaba sobre su piel, sus gestos ya no eran tiernos y pasionales, si no que lo hacía con fuerza, como si clavara un cuchillo, destrozando la barra de labios.




Las risas habían terminado y Wyatt enseñaba su verdadera cara, que se escondía tras una mascara de bondad. Fue ese día cuando Bethany decidió dejarlo. Dejar esa situación, que estaba comenzado a ser enfermiza.




Habían quedado en un hotel de cinco estrellas. Wyatt mando un taxi para que la recogieran y la llevaran allí. El hotel era fabuloso. El servicio la acompaño hasta su cuarto. Entro curiosa y observo el dormitorio. La cama estaba llena de pétalos de rosas, había champán y cava enfriándose en una cubitera, en la mesa había una suculenta cena, velas en cada rincón de la sala y una nota en el cristal. Bethany se sintió mal por lo que había ido hacer allí, viéndose rodeada de tanto lujo y detalles por parte de el.




Se acerco a la ventana y leyó en el cristal, “LO SIENTO”. Miro el mensaje confusa. Oyó un ruido tras su espalda, se giro y Wyatt le golpeo con una silla, dejándola inconsciente en el suelo. Cuando recupero la consciencia de nuevo, estaba atada en una silla de pies y manos, la misma con la que este le había golpeado. Notaba que de su frente caía un hilo de sangre, que estaba empezando a cubrirle un ojo. No grito, no pidió ayuda, ni le pregunto por que hacía aquello. Este estaba enfrente de ella, sirviendo dos copas de cava.




Wyatt exclamo -¡Oh Bethany! Ya estas despierta. ¿Cómo estas?, hacía semanas que no cogías mi teléfono y cuando al fin aceptastes esta cita me hiciste el hombre más feliz de este mundo – dijo – Tenía miedo a que te quisieras marchar. Tenía miedo de que me quisieras dejar. Bethany… no sabes lo mucho que te quiero – sonrío. ¿Y así lo demuestras cerdo? – grito furiosa ella - ¡Ah! Perdón. Supongo que estas molesta por que la sangre ya empapa tu cara y esta comenzando a manchar tu precioso vestido. Tranquila, que yo esto lo arreglo en un momento – dijo mientras se acercaba a ella, le arranco el vestido de cuajo, quedándose ella solamente en ropa interior y los tacones, y después con un pañuelo de seda, que saco de su camisa, le limpio delicadamente la frente, mientras le susurraba al oído palabras de amor. Se acerco a sus labios, y la beso. Ella no respondió al beso. Se fue y cogío las copas de cava y dijo – Este se merece un brindis. ¿No te parece cariño? – Bethany le escupió, cuando este le intento darle el cava. Comenzó a gritar, ahogándose en sus sollozos. Wyatt le golpeo, con el dorso de la mano. Cruzando su cara con ímpetu. Esta le mordió la mano, con tanta fuerza, que le arranco un trozo de piel. Wyatt comenzó a gritar, maldiciéndola como un loco. La tiro a la cama. Ella se quedo inmóvil, paralizada por el miedo. Puso una venda en su boca. Y ato el pañuelo, con el que había limpiado su frente, a su mano, que escupía sangre sin parar.




La tumbo bocabajo, apretando sus nudillos en su columna vertebral. Ella gimoteaba de dolor. Comencemos nuestro juego, amor – dijo furioso, mientras deslizaba un cuchillo por su espalda, sus nalgas, sus muslos y sus piernas. El cuchillo se deslizaba cada vez con más fuerza, hasta que empezó a clavárselo. Cortes más profundos, que llenaba con sal, para que luego quedaran huecos en su piel. Por el rostro de Bethany caían lagrimones, se retorcía de dolor en la cama.




Si no eres mía no serás de nadie, ¿lo entiendes? – dijo Wyatt, con las manos llenas de sangre – Esto lo hago por tu bien. Estas marcas simbolizan un compromiso. Un amor irrompible. Que no conoce el fin – dijo mientras la giraba, para comenzar a cortarle el pecho – Te voy a soltar, se que vas a ser buena. Que entiendes mi propósito. Es una unión. – Primero desato sus manos, las cuales lamió con lujuria, y luego sus pies. Esta le atizo una coz en la garganta, clavándole los finos tacones de aguja que llevaba. Wyatt cayo, golpeándose la cabeza con una mesita de noche, cayéndole encima la botella de champán que se enfriaba en la cubitera, haciéndose añicos en el suelo.




Se despertó atado en una silla. En el baño, enfrente de un espejo en el que ponía “YO NO LO SIENTO”. Bethany apareció por detrás, le dio un dulce beso en la mejilla y clavo el cuchillo, en la herida que la le había provocado al golpearle con los zapatos. Las palabras del cristal se empaparon de sangre.

2 comentarios:

  1. Em... xD venga... xD siempre matando a tus personajes jeje.... prefiero opinar vía teléfonica esta vez jejeje.
    Un besito. Muaks

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