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10.10.09

La tristeza griega

El teatro estaba a rebosar. Los espectadores iban entrando a la gran sala, ocupando sus cómodos asientos, de espuma rojos, y poniéndose las máscaras, que eran obligatorias para el espectáculo. Máscaras y antifaces más simples, de materiales plásticos, lisas, de un solo color, y más complejas, lujosas y de todos los estilos. Con brillos, purpurinas, plumas, adhesivos, piedras preciosas, de cuero, arcilla, con gravados, telas, colores llamativos, etc.




Gustave saco de su mochila el folleto explicativo de la obra, y mientras tomaba asiento, se puso sus gafas metálicas, azules cobalto, sobre su antifaz blanco, en el que había dibujadas diminutas lágrimas ensangrentadas, y en la frente una cruz negra, que parecía haber sido echa con carbón. En la portada del folleto, estaba la imagen de una máscara de cristal en pedazos, sobre la que ponía el título de la obra. Curioso, de nuevo, hojeo el contenido del folleto, más afondo. Leyó “La Tristeza Griega, una obra del jovencísimo Altaír Zorbas. Estrenada por primera vez en España y con un éxito rotundo por toda Europa, y sobretodo, en su país natal (Grecia), Altaír quiere embrujar a los espectadores con esta obra cargada de misterio, amor, traición, ideales, crímenes y nostalgia en las viejas calles griegas. Para el desarrollo de la obra, el público tendrá que llevar máscaras o antifaces, de cualquier tipo, cubriendo sus rostros en todo momento. Con excelentes actores, participación del público, cambios de ritmo intensos, etc. Su disfrute esta garantizado, quedara cautivado por el lenguaje de sus personajes y atrapado por su ritmo gradual e hipnótico”.




Gustave sonrío de oreja a oreja. ¡Por fin asisto a una obra de Altaír Zorbas! – pensó. Miro a su alrededor, y vio como ya no quedaba ningún asiento vacío ni en los palcos privados, ni en la platea. Un mar de rostros ocultos, de su verdadera naturaleza.




Las máscaras y antifaces brillaban bajo los focos de luz de la sala.



El telón se abrió. La gente estaba expectativa. Un sonoro aplauso zumbo por todo el teatro.




En el escenario habían unos hombres, con pasamontañas negros cubriendo sus rostros, saqueando un comercio. Todo estaba destrozado. Los hombres actuaban con rapidez, sabían lo que tenían que hacer. Un anciano, malherido, lloraba desconsolado en el suelo. Cogieron el dinero y salieron corriendo. El anciano llamo a su hija por teléfono – Ellen… ¡hija mía!... me han robado. Me lo han quitado todo – suspiro – Ell… ven rápido, no puedo respirar. Me ahogo. Me muero… - dijo - ¡Papa!, tranquilo. No vas a morir. Voy para allá – colgó el teléfono.




Gustave estaba impresionado. Era extraño no poder ver la expresión de los espectadores. Solo podía ver sus ojos fijos en la escena, algunos llorosos, otros indiferentes. Pero todos tenían un brillo especial en sus pupilas. El ambiente era calido.




Llego la hija al comercio. Entro por la puerta y vio a su padre, ya sin pulso, en el suelo, rodeado de un amplio charco de sangre y esputo. Esta se acerco a el y grito – ¡Dios bendito! ¡Papa! ¿estas bien?... Todo va a ir bien, venga, ¡respira! – sollozo, mientras presionaba con la mano una honda herida que tenía este en el costado – Por favor, respira. He dicho que ¡RESPIRES!... no, por favor, no… - golpeo furiosa con los puños el cuerpo inerte de su padre y cayó rendida sobre él.




La chica se levanto, limpio las lágrimas de su cara con la manga de la blusa manchada de sangre y llamo por teléfono - ¿Boby? – dice - ¡Estas muerto! Os habéis cargado a mi padre. Ese no era el plan, solo había que asustarle un poco… y sacar la pasta – dice enfadada – Perdona guapa… tu te lo buscaste. Además el viejo se puso chulo con que iba a llamar a la poli y había que actuar rápido – dice mientras le da una calada a un cigarro - ¡Quiero mi parte del trato! Cerdo, más que cerdo – ordeno – Lo tienes claro. Ahora déjame en paz que estoy ocupado. Llórale un poco a tu difunto padre – rió – Tu te las buscado – colgó el teléfono.




Se sentó de nuevo al lado de su padre, le cerró los parpados y le dio dos suaves besos a sus ojos.




Cambio de escena. Aparece Boby sentado en el borde de una cama y a sus pies una prostituta haciéndole una felación. Este la agarra del pelo con fuerza, clavándole sus dedos en el cráneo.


Termina. Se viste, coge su dinero y se va. Este se tumba en la cama y respira hondamente. Se levanta, se sirve una fría cerveza, y se sienta en el butacón de cuero marrón, tapándose con una toalla mugrienta.




De repente, se levanto el hombre sentado al lado de Gustave y saco un revolver. Salto al escenario, y apunto a la cabeza del actor con su arma. Este se quedo sin habla. La gente miro sorprendida la entrada del nuevo actor.




¡HIJO DE LA GRANDISIMA PUTA! – exclamó – Eres un cabrón. ¿Cómo te has podido quedar con toda la pasta? – dijo apretando la punta del revolver contra la garganta de este. – También es mi herencia, ¿sabes? – dijo acusadoramente – Ben – susurro el actor - ¿Qué haces? Estoy trabajando. Este no es el lugar… tío vete de aquí, ya habrán llamado a la policía, te meterán otra vez en la cárcel por esto – susurro tan bajo para que nadie les escuchara – Ya esta todo echo. Eres hombre muerto. Te has quedado también con mi dinero. Eres tan ambicioso. Primero me robas a mi mujer, os quedáis con mis hijos, y cuando creo que voy a tener algo para cambiar, una oportunidad, con el puto dinero de mi madre muerta, te lo quedas todo tú – bramo con fuerza. – Hermano, has destrozado mi vida – puso el dedo sobre el gatillo – Ben- susurro de nuevo – piensa lo que estas haciendo. Hay más de un centenar de personas en esta sala, todos serán testigos de tus actos. Te caerá una gran condena o quizás pena de muerte. No dejes a tu hija sin un padre – dice – Estoy harto de escuchar tu asquerosa voz. Tu simple presencia me irrita. Además, ¿mi hija? Aquella a la que no puedo ver, mi esposa, aquella que se acuesta contigo día y noche. Se me revuelven las tripas solo de pensarlo – apretó la pistola a las sienes - No, Ben… no lo hag… - y apretó. Los sesos del actor se esparcieron por todo el escenario




Se oyeron gritos de terror desde el público, otros se quedaron sin habla. Había sido tan real. Todo el mundo estaba demasiado desorientado.




Y el asesino dijo, mirando al público - Es espantosa la naturaleza humana, que escondéis vuestros sentimientos bajo una máscara. ¡Culpables sois todos de este acto, por que me habéis visto matarlo y nadie me ha detenido! – exclamó. La gente aplaudió confusa. Entro la policía a la sala y se lo llevaron. Gustave quedo horrorizado. Los sesos de ese actor, aún calientes, reposaban en sus piernas.



2 comentarios:

  1. ^^
    Aiiiii... me ha gustado mucho, sí señora ^^
    Tía... si eso sácale más... osea podrías extenderte algo más en este relato xq sé que llevas dentro mucho más con lo que deleitarnos... no sé la idea es tan atractiva q creo... quiero saber más!
    En fin ^^ esperaré al siguiente :)
    Un besito amoret!

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  2. no esta mal, es de las mejores que has publicado de momento, sigue asi picarona, almacenando comentarios ;)
    te quiero

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