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La caracola

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Él pensó que así la despertaría del largo letargo. Pero ni así, con su preferido sonido, consiguió que su enamorara se alzará de la maligna quimera que los separaba durante años. Ella estaba sucumbida en sueños de olas frías y corrientes asesinas. Relato inspirado por una fotografía dada por Valencia Escribe

Caminos

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A pesar de los años y los días transcurridos, sus sombras se enredaban cada vez que se encontraban. ¡Todo un espectáculo! Lástima que jamás lo vieran, siempre caminaban en direcciones contrarias.  Fotografía dada por Valencia Escribe - https://www.facebook.com/pages/Valencia-Escribe/134450789952020

Musicalidad

DO Donde dices digo dicen dolor  RE Recuerda rezar rodeado. Ruge, ríe, recuerda MI Miserable mientras mascas maíz milagrosamente FA Fabulosa fábula finalmente fatal SOL Soleada solana sosa, siempre sana, sola, simplemente sola LA Lacra lamentable lactancia labial SI Silogismo simiente siseando signos silvanos

Percepción

El alcohol me nubla la vista, pero sé que solo soy una carcasa con un bello interior. Me miro y me reconozco, me miro y veo algo extraño. Es confuso ver como la percepción varia. Soy yo, siempre lo sé, pero a veces cuesta de creer.

La hora del paseo

Trasto, ¿ves a ese hombre? - dice Inés escondida junto a José, su hermano pequeño, desde su portal - Ese es Rodrigo. Hoy cumple sesenta y tres años. Rocío, su mujer, murió el año pasado en un accidente de coche, y este se ha quedado solo y destrozado. ¡Llevaban casi medio siglo juntos! - exclama Inés con demente admiración de enamorada - Cada día, a las cuatro de la tarde, sale a pasear, solo, por la vieja calle del Sol. Dicen que allí es donde conoció a Rocío, y que sus ojos dorados, lo atraparon como un fulgente rayo de sol, abrasándole el alma y volviéndolo loco de atar - Inés suspira con el corazón encogido. Se levanta de un salto, de las frías escaleras, y corre hasta alcanzar a Rodrigo. Comienza a pasear junto a él, perdiéndose por la angosta calle del Sol. Microrelato para el concurso Calle de sol

Comida para dos

Creo que cada día lo odio más - piensa Sofía, mientras amputa las patas del delicioso cangrejo, que había preparado para Alejandro - No se como se atreve a llegar tarde de nuevo. Cada vez que tengo una sorpresa para él, no hace más que disgustarme - Se quita la toalla, que recoge su pelo mojado, y se sirve una copa, hasta arriba, de ese champagne tan caro, que había robado en el trabajo para esa comida especial. Moja sus labios, en el dulce espumoso, y deja que el alcohol se deslice por su garganta, filtrándose rápidamente en su conciencia. Llaman a la puerta, y Sofía, enojada, la abre con ímpetu. Ahí está Alejandro, con una sonrisa de oreja a oreja, iluminando el rellano con su figura de Dios griego. Finalmente, acaban desnudos, junto a los cangrejos, disfrutando de una picante comida para dos. Microrelato para el concurso Calle de sol

Camisa negra

La camisa negra de Abel está colgada en la ventana. Tiene un trabajo entre manos. Cuando Abel trabaja, en casa ajena, tiene la costumbre de quitarse su camisa negra y colgarla a la vista de todos, como su bandera. Además, de que es muy escrupuloso y no le gusta mancharse la ropa de sangre, solo las manos. - Vamos a jugar a un juego que seguro que ya conoces. La ruleta rusa, te suena, ¿verdad Fred? – le pregunta mientras coloca una bala, de cinco, en el revólver. Fred está amordazado a una silla de estructura metálica. No para de sudar y se ha orinado encima -  Aunque mi fama ya me precede, no soy tan mal tipo como habrás oído por ahí, solo son rumores que trae consigo este humilde oficio – sonríe abiertamente - Tampoco he arrancado un corazón de cuajo, con mis manos desnudas, usé un bisturí para ello y no me lo comí, esas cosas no me van. Eso, es más del estilo de Charly – aclara apuntando a la cabeza de Fred con el arma. A ojos de Fred, esa enorme pistola la sostiene el diabl...