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1.5.12

Manos invisibles


- Saleh ¡lo he hecho!. Estoy en el aeropuerto de Saná y pienso coger el primer avión que salga a Londres. Me voy a vivir con Amina ahora mismo – le digo temblando. Es una mezcla de adrenalina junto a un pavor que cala terrible en mis huesos. Si algún conocido de nuestros padres me ve por aquí la llevo clara, y él también, pues es mi Wali y mi padre acabaría con él, sería capaz de matarlo. Mi hermano, mi pobre hermano. Solo 16 años y encargado de todas las mujeres de la casa, incluso de mi propia madre. Es vergonzoso que mi madre, una mujer adulta, no pueda tomar sus propias decisiones sola, que tenga que ser acompañada a cada sitio donde va, que no tenga ni pizca de intimidad. Siempre con su hijo. Gracias a Mahoma que él nos da cuerda floja para todos nuestros asuntos, es sensato y sabe que no somos unas niñas. 

- Intisar, ¡vas hacer que nos maten!. ¿Por qué no has salido desde Adén? – me pregunta preocupado. Sé que aprueba mi decisión, pero no el método escogido para ello.

- Por que tarde o temprano se enterará y prefiero que se enteré así, que escabulléndome de esa forma. No es mi estilo – lo sabe - Quiero que sienta vergüenza, si lo que le preocupa es lo que piense la gente y no lo que piensa él mismo de mi o lo que yo quiero para mi futuro, la lleva clara. Ya he aguantado demasiado, durante demasiado tiempo. El honor no depende de mi comportamiento, de lo que haga o deje de hacer, si no lo que la gente pueda murmurar. ¡Pues que murmuren! – grito enfadada. Un par de azafatas me miran inquietas. Me colocó  bien el niqab y respiro – Es injusto Saleh, soy tratada como una niña y ya tengo 23 años. No he hecho nada con mi vida durante 5 años, solo ayudar a madre con las labores de casa y poco más. Me siento encerrada en una cárcel construida por mi propio padre. Una cárcel de costumbres patriarcales, una cárcel de lágrimas y de pesar, donde los sentimientos yacen invisibles en un corazón henchido de dolor. No quiero seguir viviendo así, ya a penas me reconozco. Nunca tuve alas que me hicieran volar tan alto como tú. Mi condición de mujer me invisibilizó para unas cosas y me condenó para otras. Mis alas fueron cortadas de raíz al ver que nací hembra, fueron torturadas durante años, doblegadas sin compasión y después de todo ello, cuando pensaba que no podían ir más lejos con sus actos, las incineraron, escupieron sobre ellas, incluso acabaron orinándolas, borrando cualquier resquicio de libertad que quedaba en mi ser y cualquier migaja de amor en ellos por mí se desvaneció, como el humo de un cigarrillo apagado.

- Lo se Intisar, lo sé. Es injusto el papel que te ha tocado vivir.

- No, no me avergüenzo de ser mujer, no quisiera otra cosa. Soy mujer, y feliz por ello. Pero solo quiero que se me acepte como soy y que pueda gozar de las mismas libertades que los varones. Y viviendo en Yemen jamás lo podré conseguir. En Londres Amina es libre, siempre esta sonriendo. Ella es feliz. Sabes, yo también quiero correr por la calle como hace ella. Ser respetada – digo lloriqueando – Pero sabes que Saleh, incluso tengo miedo de ser feliz. No se si se me dará bien después de todo esto.

- “Dale a un muerto de hambre un mendrugo de pan y verás lágrimas de felicidad en sus ojos” – me dice con ternura - Se tú misma Intisar y recupera esas alas que siempre te pertenecieron pero que unas manos invisibles te robaron. Vuela, vuela a donde quieras.

- Te quiero Saleh. Siempre te querré.

(Inspirado en la novela gráfica “El coche de Intisar. Retrato de una mujer moderna en Yemen”. De Pedro Riera & Nacho Casanova).

2 comentarios:

  1. Hola!
    Veo que esta vez te has decidido por el tema que más te gusta, la igualdad de la mujer.
    Me ha parecido muy cortito la verdad pero interesante.

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  2. Bueno, coincido con lo que se ha dicho arriba, es un tema muy comun cuando se habla del tema de la desigualdad de genero.
    Y yo pregunto, cuando ella se esta explicando, de verdad hay gente que suelta todo eso?? Que si la carce, las alas, la libertad...??
    Y que buen hermano tiene :)

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