body {background:transparent url(url_de_la_imagen_de_fondo);}

30.3.10

Gotas secas bajo tú sombra






Se enciende un foco de luz. La sala aún está en penumbra y solo se puede ver la silueta oscura y llena de brillo de Isabella, en el pequeño escenario del café Des Sourires Perdus. Comienza a escucharse las primeras notas de música de la vieja arpa, acompañada de los suaves tonos de la guitarra clásica y del grito estridente del saxofón. La luz comienza a encenderse de forma gradual en la sala, mientras se eleva la voz de Isabella, retumbando en todos los oídos de los espectadores. La música vibra en su interior, dejando acariciar cada palabra, que sale de sus voluptuosos labios maravillosos, con sus cuerdas bucales. En el escenario se encuentra Isabella, cantando dulces melodías para hombres solitarios, que hunden sus penas en alcohol. Isabella jamás pensó que esa misma noche, después de la actuación, iba a morir, aunque lo deseara con todas sus fuerzas.


Anthony, uno de los habituales indeseables del local, mira a Isabella como si fuera una salvaje presa que le gustaría atrapar. La ve como una bella posesión a la que se debe de domar. Está canta la vie en rose, fundiéndose con las taciturnas notas del piano. Isabella lleva un fabuloso vestido rojo, que se desliza por su cuerpo como una pluma perdida.


Las canciones prosiguen como todas las noches. A veces hay aplausos, vitoreos y comentarios degenerados. Isabella hace caso omiso a todo lo que le rodea en el café. Se limita a sentir la música y a cantar como cantaba cuando tenía esperanzas. La música la transporta a donde ella quiere estar, aunque no sea real, solo una vaga ilusión que su subconsciente puede facilitarle por unos pequeños momentos. Ella sigue cantando y contoneando su cuerpo al son de la música, pero su mente se transporta a sus recuerdos, que son lo único que alimenta su voz. Puede verlo de nuevo.


- ¡Maldita sea Jean, me has vuelto a asustar! – dijo Isabella a su marido, mientras se cogía el corazón con ambas manos alterada, dejando de tocar el piano – ¿No te han dicho nunca que no puedes interrumpir a los artistas en plena inspiración? – le dijo con una amplia sonrisa acusica.

 Jean volvió a cubrir su cuello de besos, mientras ella volvía a tocar delicadas notas del piano. La luz entraba, a raudales por los ventanales de la sala. Era un fantástico día de verano. Hicieron el amor durante horas, dejándose extasiar por esos bellos momentos.


Las luces se apagan, y de nuevo el gran foco alumbra a Isabella, en medio del escenario, más bella que nunca. Su rostro, inmaculado, parece resplandecer. Está abre los ojos, se despide del público, por última vez, y baja rápidamente, sintiéndose que se va a desplomar allí en medio, en cualquier momento. Frederick, uno de los camareros del café, que está locamente enamorado de ella, la ayuda a llegar a su camerino a trompicones.




Una vez en su camerino, se quita el vestido y comienza a desmaquillarse. Mira sus ojos llorosos y contiene las lágrimas una vez más. Suelta su pelo ocre, del trenzado moño, y comienza a peinarse. Isabella vuelve a cerrar los ojos, mientras cepilla su cabello y se vuelve a sumir en los dolorosos recuerdos.


- ¿Jade a que esto es divertido?- le preguntaba Isabella a su pequeña hija, mientras jugaban a llenarse los cabellos con flores de su jardín.

 - Sí mama – sonrío la niña, y la miro con esos tiernos ojos que tanto quería. Llevaba un delicado vestido blanco de tirantes, con diminutas flores azules pintadas – ¡Mira mama! – exclamaba Jade, mientras señalaba unos tulipanes morados que crecían cerca de la verja de la casa – Voy a cogerlos todos y a regalarle a papa un gran ramo.

 - Es una magnifica idea Jade. Yo voy a avisarle. No tardo nada. Le diré que tienes una sorpresa para él – beso fuertemente la frente de su hija y la sostuvo por unos instantes entre sus brazos. Después se marcho a por Jean.

 Cuando salieron de la casa la pequeña e indefensa Jade ya no estaba. Había desaparecido. No la volvieron a ver nunca más. Pocos días después Jean murió por la perdida de su hija.




Llaman a la puerta. Isabella vuelve a la realidad de golpe. Se siente terriblemente vacía y sola. No lo puede evitar, rompe a llorar frente al espejo, golpeándolo furiosa. Hunde su cabeza en sus brazos y desea ahogarse en su propio llanto. Insisten de nuevo en la puerta. Se levanta, aún tambaleándose por la conmoción que le han causado sus recuerdos, y coge un camisón de seda granate que tiene sobre un sofá. Cuando abre la puerta, solo ve un espectacular ramo de tulipanes morados, que tapan a Anthony. De nuevo, le da un vuelco el corazón. Las flores quedan en el suelo del camerino y Anthony entra atropellando a Isabella y sentándola frente a él.


- ¡Oh Isabella!. Has estado espectacular está noche. Cada una de tus palabras me volvían loco. Tienes la voz de los ángeles y el cuerpo del demonio – dice Anthony sin ningún reparo, limpiándose la baba, con la manga de la chaqueta, cada vez que habla.

- Gracias Anthony… pero podrías dejarme a solas… estoy cansada y mañana tengo que actuar de nuevo. Debo de acostarme pronto.

- ¿No podemos divertirnos un poquito Isabella de mi alma? – dice Anthony mirándole el escote y jugueteando con sus manos en sus muslos desnudos.

- ¡Anthony márchate! – grita Isabella.


En ese mismo momento entra el joven y apuesto Frederick y se lleva a patadas al borracho Anthony. Las flores quedan pisoteadas por ambos, frente a su puerta.


Isabella se marcha del café. Enciende un cigarro largo e inspira fuertemente, dejando que se llenen sus pulmones hasta el fondo de ese asqueroso humo. La luna está llena y se oyen a las gatas, de la ciudad de Paris, maullar desesperadas. Los altos edificios le hacen sentir pequeña. Isabella nota una presencia extraña a sus espaldas. Comienza a caminar más rápida e intranquila, se gira en todo momento hacía atrás. Oye fuertes pisadas tras de sí. Se resbala con un charco, que hay en la acera, y cae sobre su propia sombra. Se clava unos cristales, de una botella de vino, en las palmas de las manos. Cuando se gira ve a una joven, de unos trece años, con ropas harapientas llenas de suciedad. Isabella se levanta poco a poco y suspira al ver que solo es una joven y no el incansable Anthony como ella se temía. La joven saca una navaja, y se la clava en el vientre a Isabella, sin dudar un solo instante. Isabella reconoce en los ojos de esa joven la inocencia de los ojos que ella tanto quería. No lo puede creer, es su hija. Isabella se desploma como una mariposa a la que sus alas ya no pueden responderle. Se sujeta a los pies de su hija, que la mira sin compasión. Jade roba las pertenencias de Isabella y sale corriendo sin mirar atrás. En ningún momento puede decirle nada. Las gotas de sangre colorean la sombra de la noche.

4 comentarios:

  1. Aunque no te comente mucho (que ya sabes porque es) me gusta lo que escribes.
    Sigue escribiendo mucho que lo haces muy bien.
    Parecía que estaba dentro de la historia :D

    Te quierooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

    GDG

    ResponderEliminar
  2. waa por fin!!!! jejeje
    esta historia es muy tuya pero esta muy bien
    aunque no entiendo q tiene q ver con el titulo raro q te dio adri
    pero bueno eres la mejor jejeje
    asta el proximo relaro
    kisses

    ResponderEliminar
  3. "Pocos días después Jane murió por la perdida de su hija"

    QUIEN ES JANE¿?¿?¿ *Jean?

    Madre mia ^^ me ha gustado mucho =) supongo... nadie imaginaba que Isabella moriría a manos de otro que no fuera Anthony... pero vaya vuelco!

    Gracias ^^

    TQM Adry!

    ResponderEliminar
  4. vaya!! esta esta muy bien!! pero porque la mata? me he quedado con la intriga!!
    no lo entiendo.. no le hizo nada mas que querela si por ello tenemos que morir moririamos todos...
    eso tendras que explicarmelo.. que es lo que pasó realmente?
    estoy intrigada ^^

    ResponderEliminar